El equilibrio entre teclas y cañas

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Aficionado, estudiante y, ahora, empresario. La Informática está muy presente en la vida de Juan Redondo (Huelva, 1985) hasta el punto de ser uno de sus motores. Quizá, el que más le mueve y más tiempo consume cada día.

Este joven cartayero, reservado y tímido, se mueve con comodidad entre pantallas y teclas. Le gusta lo que hace, lo que estudia, aunque sabe poner sus límites.

Juan no alimenta la imagen del joven informático retraído, absorto ante un monitor durante horas, sin relacionarse con nadie. Para él, sus amigos son buena parte de su vida, con los que pasa también muchas horas de conversación, aprovechando sus labores de camarero en el Piano Bar, lugar de tertulia y juegos.

De hecho, la afición por los ordenadores es cosa de un amigo, que hace años le introdujo en un mundillo en el que ha terminado como estudiante, aún pendiente de obtener el título.

También sus amistades le han examinado en el particular máster que supone atender consultas y resolver extraños comportamientos informáticos a cualquier hora. Asegura, sin vacilar, que es como más se aprende. A él le ha servido de mucho.

Por eso hace unos meses comenzó una aventura, arriesgada y difícil, con otro amigo, al crear Innomática, una firma de Cartaya que se dedica a la creación de páginas web, instalación y supervisión de redes, servidores... No les va mal. Como no podía ser menos, los amigos también han tenido parte importante, dándoles publicidad y llevándoles muchos clientes, que cuentan ya en número cada vez más elevado.

Pero tanto trabajo diario y estudios generan una ansiedad liberada a golpe de mando de videoconsola y de caña de pescar.

Para Juan Redondo, madridista y recreativista, músico de conservatorio y banda municipal, es un entusiasta del heavy y las guitarras de Metallica. Pero una de sus grandes aficiones es la pesca deportiva, que practica cada fin de semana en barco con su padre. Róbalos y corvinas suelen caer en su cesta, y ahora busca atunes con su caña nueva. Aunque lo que colmaría sus deseos es capturar un marlín, con el que ansía batirse en duelo.

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