"La poesía es una dimensión de la vida, literatura sólo en términos secundarios"

  • El premio Cervantes 2006 prefiere recitar más que contar para proponer en el aula José Cadalso de San Roque su lírica de "condición desolada" y descubrir su concepto sobre la creación poética

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Hay algo que apabulla en Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931). Es la admirable dignidad con la que enfrenta el dolor que su voz grave descubre en sus versos. Para Gamoneda la poesía "nunca es ficción", sino "una dimensión de la vida". Y él escribió que "todo es pesar". Tiene ese porte señorial de los poetas viejos con mente lúcida. Ayer lo paseó por el aula de literatura José Cadalso de San Roque. En el Palacio de los Gobernadores el premio Cervantes 2006 recitó cármenes de "condición desolada" y, a última hora, unos pocos sin negrura. Poca palabra sin cadencia. "No soy amigo de comentar la poesía ni darle explicaciones que no necesita", dijo.

Gamoneda aprendió a leer con poemas y rehúsa el calificativo de maestro, pero merece tal condición quien sale al paso cuando se le agota la pila del audífono con esta sentencia: "Como poeta me considero mediano, pero como sordo soy perfecto". Vate sabio, pese a que asocia la lírica con la literatura sólo "en términos secundarios", ofreció una lección de letras en un San Roque en el que se ha sentido "deslumbrado por su luz".

"Podría decir que la poesía es un arte de la memoria y eso no es decir nada. Es más fácil decir lo que la poesía no es. No es nunca ficción. Es una emanación de la vida, no simple verosimilitud", expuso quien rechaza el concepto de generación del 50 al tiempo que deserta de una posible militancia en ella. "A veces he dicho que la poesía no es literatura por esto mismo. Quizá mejor decir que la poesía es literatura en términos secundarios. En términos originarios y necesarios es una dimensión de la vida", precisó.

Con semejante declaración, pues, un recorrido por la obra de Gamoneda es volar la ribera para asomarse a su vida. Y en sus poemarios se revela padecimiento, "personal e histórico". Pero "la poesía debe convertir el sufrimiento en otra cosa, que se derive en una forma de placer", argumentó antes de aludir como ejemplo a las Coplas por la muerte de su padre de Jorge Manrique. No parece Gamoneda de los que se traen a sí mismos a colación y no será él quien diga que sus versos suenan a tormento de una forma terriblemente bella.

Gamoneda recitó en un silencio cuya perfección no pudo resistir en Descripción de la mentira (1977), una de sus obras claves. Cantó que "el dolor es parte de la serenidad", que "la única sabiduría es el olvido" y que "la cobardía le ha puesto nombre a todas las cosas". Dibujó "ciudades avergonzadas" y recordó "olvidos llenos de sangre".

Leonés desde los tres años, poeta provinciano, faltó a su palabra al interrumpirse y detallar cómo en Cecilia (2004) encuentra "algo que se parece a una reconciliación con la existencia". Se refirió a un poemario en el que su nieta es asunto y protagonista. "Yo sé que vivo porque te oigo llorar", cuenta.

En ese instante Gamoneda abre una válvula de escape para todos quienes, al contrario que él, no soportan el dolor, ni con dignidad ni sin ella. "Acerqué mis labios a tus manos y tu piel tenía la suavidad de los sueños. Algo semejante a la eternidad rozó un instante mis labios", recitó. "La contradicción es también fuente de poesía", justificó sin motivo.

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