"La poesía reclama lentitud, es un tercer tiempo de pensamiento"

  • El poeta granadino continúa con la biografía de su añorado Ángel González mientras ultima la edición de 'Vista cansada', que saldrá al mercado el próximo mes

Cuando a un poeta le abandonan las palabras cierra con llave su razón de ser. Pero cuando pierde un fiel compañero de versos, su respiración se entrecorta. Para Luis García Montero (Granada, 1958) la reciente muerte de Ángel González le obliga a detener el tiempo. "Cuando se pierde a un amigo íntimo uno no puede andar con sosiego entre sus recuerdos. Hay que esperar a que se cierre un poco la herida", afirma para referirse a la biografía que preparaba con y sobre el insigne poeta asturiano. Llenará sus páginas con los recuerdos de un niño de la guerra "que aprendió a vivir con mucho pudor y prudencia porque se le vino la victoria del franquismo encima", avanza.

-¿Qué legado le deja un poeta como Ángel González?

-Es el gran heredero de la ética y la poesía cívica de Antonio Machado. Nos ha enseñado a utilizar la ironía como recurso poético, a dignificar la sencillez y a huir de la solemnidad. Él hablaba de las cosas más graves con una sonrisa en las palabras. Deja su capacidad de indagar en la educación sentimental, de buscar la imaginación en los sentimientos. Uno aprende a escribir y a encontrar su mundo escogiendo su tradición. Machado fue uno de sus objetos de estudio y en esa tradición me identifico yo también.

-¿Cuánto de su vida había en su forma de encarar la poesía?

-Su poesía está muy relacionada con su vida, aunque eso no significa que sea notarial. Era muy consciente de que la poesía era un género de ficción y de que su personaje poético no se podía confundir con su yo biográfico. Aprendió a vivir con mucho pudor y prudencia porque se le vino la victoria del franquismo encima. Él afirmaba que había aprendido a asumir las derrotas para no darse por perdido. Esa palabra suya en voz baja tiene mucho que ver con su experiencia sentimental de niño de la guerra.

-¿En qué punto deja la biografía que preparaba sobre él?

-La tarea de acopio de material estaba ya hecho. Habíamos hablado mucho y tenía grabaciones de unos tres veranos distintos que hemos pasado juntos. Pero me era de mucha ayuda después de cada capítulo pasárselo a él para que hiciera sus anotaciones. Eso se ha perdido.

-¿Cómo congeniaba él su pudor y el hecho de desvelar su vida en un libro?

-Lo difícil era asumir el tono de biografía académica. Enseguida me vi mucho más cercano a un tono narrativo, a intentar meter al lector en sus sentimientos y recuerdos. Me basé mucho en su propia personalidad, en ese intento de evitar cualquier patetismo y recordar con una sonrisa en los labios. En ese tono él también se sentía cómodo.

-Y usted, ¿se siente cómodo cuando identifican su obra con la poesía de la experiencia?

-Cuando se empezó a hablar de ello sin conocer para nada los debates que había en torno al concepto de la experiencia, se utilizaba para decir que éramos poetas muy realistas y con poco vuelo lírico. Pero si lo que se intenta decir es que es una poesía que no crea un lenguaje extraño, sino que intenta elaborar el lenguaje de la realidad y concibe al poeta como un ciudadano (tal y como lo expresaba Machado) que no escribe para sí mismo sino para el ser humano, lo asumo .

-El próximo mes saldrá un nuevo poemario suyo, Vista cansada, ¿a qué responde?

-Es un ejercicio de memoria. Cumplo 50 años y es una buena edad para mirar hacia atrás y recordar mi historia sentimental y la de ese franquismo provinciano y clerical que evolucionó después hacia la democracia. Todo ello mezclado con mis recuerdos familiares hasta el ser de 50 años que lucha por no convertirse en un cascarrabias y comprender los nuevos códigos de la realidad.

-¿Teme cansarse de tanto mirar?

-Vista cansada también responde al hecho de tener que usar gafas y a estar cansado de ver cosas, pero tiene una apuesta optimista. Es un juego que se daba también en Ángel González. El hecho de ponerse gafas es una apuesta por no quedarse ciego y seguir mirando la realidad, seguir con los ojos abiertos.

-¿Le molesta el uso que se le está dando a la memoria histórica ?

-No se trata de un simple ejercicio de nostalgia. La victoria oficial del franquismo borró el nombre de muchos personajes que merecen la pena ser recordados porque pueden ser referentes de futuro. Me da pena cuando se identifica simplemente con desenterrar cadáveres. Quien tiene un pasado se puede proyectar hacia el futuro. Para mí, es eso la memoria histórica.

-Le gusta proclamar que la poesía es una suerte de bálsamo contra el dogmatismo...

-Es una indagación en la propia intimidad. Vivimos en una época de prisas sin tiempo casi de mirarnos a los ojos. Pero cuando lo hacemos, nuestra existencia se llena de dimensiones, de intentar ser dueño de nuestras propias opiniones y lenguaje. La comodidad del pensamiento único nos obliga a pensar en titulares. Y cuando un poeta se pasa días enteros buscando la solución en una palabra concreta, está en contra del dogmatismo. La poesía reclama lentitud, es un tercer tiempo de pensamiento.

-Regresa de compartir charla en Málaga con Miguel Ríos dentro del ciclo Vidas cruzadas, ¿dónde coinciden?

-He tenido el privilegio de preparar las letras de su disco 60mp3 y además es un amigo insustituible. A un poeta no sólo lo forman los autores que ha leído, sino las canciones que ha escuchado. En épocas en las que la poesía olía demasiado a cerrado, la entrada de la canción ha servido para abrir las ventanas y volver a respirar aire limpio.

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