"El traje de flamenca debe inspirar elegancia"

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Sevilla respira mestizaje. A recuerdos. Su historia tradicional se funde con culturas llegadas desde lejanas civilizaciones. Y lo impregna todo, dejándose ver entre las telas y volantes que Aurora Gaviño materializa directamente desde su alma.

-Su nombre se hace cada vez más esperado en el Simof. ¿Cuesta mantener el listón tras 6 años de carrera?

-Mi familia siempre se dedicó a este trabajo, así que lo llevo en las venas. Disfruto enormemente cuando me pongo a diseñar. Cada colección que hago debe traducirse como una prolongación de lo que yo me pondría. Y la gente reconoce ese sello propio, sólo con ver el traje, sin tener que mirar la etiqueta del interior.

-La reciente colección se titula Alma: azahar y lis. ¿Qué innovaciones introduce a los clásicos volantes y lunares?

-Parecen trajes sacados de baúles antiguos, en tonos malvas, rojizos, verdes esmeralda... En el desfile, se verá una mezcla impactante entre las culturas de Oriente y Occidente. Esa Sevilla rancia, profunda... Y, entre medias, destellos de antiguas civilizaciones. Un sincretismo entre lo profano y lo religioso. Este contraste lo saco de mi propia alma. Es mi forma de actuar, de pensar y de vivir.

-Hay todo un surtido de formas y colores para complementar los vestidos flamencos. ¿Opina que un traje debe decirlo todo por sí solo?

-Ciertamente, el complemento es lo que da fuerza al traje de flamenca. En esta colección, aporto formas tradicionales, piezas de nácar, símbolos de Estambul, monedas al más puro estilo marroquí... Añaden espectacularidad. La flor también adquiere su protagonismo. Para esta ocasión, he elegido jazmines, claveles y azahares.

-El vestuario para la última gala de Rocío Jurado y la serie Capote de paseo se han convertido en clásicos. A la hora de plantear sus creaciones, ¿piensa antes el nombre que llevará el conjunto?

-Lo hago casi siempre al final. Capote de paseo surgió a partir de un capote que dibujé tras ver una corrida de toros. Y de ahí, ideé los trajes. Rocío Jurado me dio como base unas batas de cola y, luego, pensé en una canción que fácilmente se identificase con la tonadillera. Bauticé la serie con el título Como una ola.

-Muchas sevillanas cojen ideas de la pasarela y encargan una confección a su costurera de confianza. ¿Cómo se siente al ver en el ferial algunos de sus diseños, en versión reducida de precio?

-Me siento muy orgullosa. Recuerdo que el año pasado vi uno blanco y me acerqué para hablar con la chica y felicitarla. Aunque tengo trajes desde 250 euros hasta 3.000 euros, su precio resume todo el trabajo invertido, que lleva mucho de artesanía.

-Un traje de flamenca acentúa la feminidad del cuerpo de la mujer. ¿Sentirse andaluza es una cuestión sólo de actitud?

-No hace falta ser andaluza para lucir este traje regional. La prenda debe inspirar estilo y glamour. Reniego de aquellos que lo ven como "el típico disfraz". Es todo un honor que se fijen en los diseños flamencos a nivel internacional. Ayuda a continuar con la tradición.

-A la hora de vestir, ¿prefiere un traje cómodo que le permita bailar durante horas o un modelo entallado?

-Intento conjugar ambas cosas. Además, hay que conseguir que el traje de flamenca no parezca un vestido de fiesta. Al entrar en las casetas, te encuentras a todo tipo de público, de niños a mayores, y tiene que resultar elegante para todos.

-¿Recuerda cómo era su primer vestido para ir a las casetas del Real?

-Sí. Era blanco, con tiras bordadas y lunares rojos. Mi madre me puso la flor con una tirita, porque apenas tenía pelo... (risas).

-¿Se atrevería diseñar moda urbana o alta costura?

-Ya lo hago. En la tienda, pueden verse vestidos de cóctel, chalecos y blusas que gustan bastante a mis clientas. Incluso tengo una línea de vaqueros que espero lanzarla en breve.

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