We Love Flamenco 2018

Cantera de originalidad textil

  • Riesgo y giro de patronaje en la última jornada de We Love Flamenco. Las firmas más atrevidas ponen el broche de oro a cinco días de propuestas de moda flamenca

Diseños de Juan Boleco. Diseños de Juan Boleco.

Diseños de Juan Boleco. / Belén Vargas

Como en todo gran evento el final tiene que estar a la altura. La clausura de la pasarela We Love Flamenco ha cubierto todas las expectativas. Las propuestas que se pudieron disfrutar durante el día de ayer en el Hotel Alfonso XIII, dejaron desfiles en los que los vestidos y la puesta en escena dejaron claro la cantidad de talento que destila el diseño andaluz. El primer desfile, el de Mercedes Dobenal dejó creaciones de inspiración clásica. Vestidos flamencos con mezclas de estampados de lunares y flores, finales con doble volante y cortes geométricos con detalles entre costuras. Tras él, Viviana Iorio y Nieves San Gregorio asentaron aún más su estilo. Con chalequillos superpuestos sobre las piezas de flamenca, -una de las insignias de la marca- presentaron propuestas que iban desde el clásico rojo a el uso de volantes en degradación cromática.

El desfile de Ventura fue como un huracán. Un tributo a la sevillanía más rancia, vista desde la admiración, hizo que sus flamencas pasearan con la lectura de algunos de los pregones de Semana Santa más conocidos. Vestidos con finales en vuelo, telas como la lycra sobre enaguas de tul rígido y cinturas muy marcadas con cinturones anchos de hebillas cuadradas. Además, vestidos a medio camino entre las túnicas de nazarenos y el vestido de flamenca. Morados y negros que crearon una sincronía perfecta entre esas dos Sevillas de abril. Tras él el relevo fue cogido por Juan Boleco. El onubense ha presentado en la pasarela de We Love Flamenco una de sus mejores colecciones. Estilismos con mecla de estampados y colores, dispuestos con tremenda maestría. Hacer posible lo imposible; con dos piezas marcadas por cinturones de lunares o terciopelo.

Mónica Méndez puso el punto más clásico al domingo. Batas que subían por encima de los tobillos con telas salpicadas de lunares negros. Detalles de encaje negro que silueteaban a la flamenca, escotes asimétricos con volantes muy repujados en una sola manga. En Belulah, escotes desestructurados y con efecto corsé. Vestidos complementados con mantoncillos para la superposición de cinturones. El último turno fue para las firmas más rompedoras.

Javier Mojarro presentó vestidos confeccionados en telas muy atrevidas, con finales en corte sirena y un solo volante sobre rígidas enaguas. Los hermanos Pedroche, mostraron en 15, vestidos de brocados, tejidos estampados y dos piezas en las que los protagonistas fueron los bodys repletos de encajes y esmerados bordados. En los complementos, pendientes florales y joyas en la cabeza (llamativas coronas con incrustaciones corales), invirtiendo así la tónica habitual de la flamenca. Como colofón, un estilismo con miriñaque repleto de rosas rojas, la flor que se repitió en casi todas sus creaciones, un guiño a su propio nombre.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios