"Creo bastante poco en el amor"

David de María es un poeta. De la música… y de la vida. Uno de esos artistas raros que aún quedan y al que, por encima de la fama o el dinero, le interesa la esencia de su profesión. Así, con una guitarra y un pequeño escenario, el jerezano confiesa tocar con sus dedos la felicidad, tal y como ha demostrado en una larga gira por toda España que, bien sea en su formato acústico o acompañado de su banda, está a punto de terminar. Una despedida que tendrá lugar en Sevilla, el viernes 16, y, con la que cerrará el ciclo de Posdata trabajo que, durante 2011, le ha dado muchas más satisfacciones de las que, incluso él mismo, esperaba.

-¿Por qué Sevilla les produce tanta responsabilidad a los artistas?

-Pues porque, independientemente de ser capital de Andalucía, tiene mucho de mestizaje, de fusión cultural. A quien le gustas en esta ciudad, te es fiel.

-¿Subirse al escenario justifica todos los malos momentos?

-Bueno, ahí encuentro el motivo de por qué me dedico a esto. Ya puedes estar apático, desenamorado o enfermo pero es el lugar donde se revitaliza tu energía. Ese ratito supone colmar mucho esfuerzo a pesar de que, al bajar, regreso a la realidad y a inspirarme para escribir. Para mí es un regalo poderme presentar en Sevilla. ¡Por fin! Es la guinda de un pastel llamado Posdata. En el 2011 he recuperado las ganas de volver a los escenarios. Hubo demasiados cambios en mi vida y, la verdad, flaquee en las motivaciones.

-¿Qué pensaría si tuviera oportunidad de verse actuando?

-Uno tiene que ser autocrítico. Hay días en los que terminas de cantar y ya está colgado el show en Youtube y yo, a veces, prefiero no verme. Me mata la tecnología. No soy Michael Jackson, ni lo he pretendido nunca. No uso la expresión corporal pero sí analizo el sonido. Soy un popero andaluz y, con el tiempo, he aprendido, por ejemplo, a hablar con el público. Sea como sea, intentaría disfrutar de un tipo de Jerez de la Frontera que, cuando lleva tantos años en esto, por algo será.

-Lleva más dentro que fuera del circuito de la farándula, ¿no?

-Probablemente. Más de media vida sin contar carnavales, grupillos y otras formaciones del principio.

-¿Considera que ya puede saborear lo que hace ante el público?

-En esta gira sí porque no ha habido la presión de tener que mostrar doce temas nuevos. Me he divertido mucho. La responsabilidad ha bajado peldaños y ha subido el goce. En otras épocas no sucede lo mismo pero aquí todas las melodías son populares.

-Lo que sí parece es que, para dedicarse a la música, cada vez hay que hacer más extravagancias, ¿verdad?

-Para vivir del negocio, sí. Para ser músico da igual puesto que, donde menos te lo esperes, tocas una guitarra con lo "colegas" al lado de una chimenea o debajo de un puente. Yo soy un intérprete romántico y no entro en la vanguardia.

-¿Un romántico que practica con el ejemplo?

-(Sonríe) Soy muy soltero y discípulo de la soledad deseada. En cuanto al romanticismo, estoy en reserva. Creo bastante poco en el amor. Por eso hago las letras que hago.

-¿Su desengaño amoroso es sin marcha atrás?

-¡Llevo 35 años teniendo la marcha atrás! (risas). Bueno, con ese anhelo se vive pero tengo dudas de los sentimientos de unos por otros.

-¿Una canción ayuda a mitigar el dolor?

-Una canción abre ventanas de esperanza. Es un oasis de descanso del desequilibrio emocional.

-¿No se ha planteado, más allá de melodías, escribir otro tipo de cosas? ¿Libros?

-Aunque tenga mil ideas en mi cabeza para hacerlo, sería muy osado por mi parte.

-Supongamos que llega… ¿Qué tipo de texto sería?

-Una tragicomedia llena de romanticismo. Soy un Casanova en el amor que siempre ha tenido miedo al compromiso.

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