Venet, el gran amor de Givenchy

  • También diseñador, Philippe Venet dejó a un lado su carrera por su pareja, Hubert de Givenchy, al que conoció siendo aprendiz y junto al que ha vivido 60 años

Siempre se mantuvo en un discreto segundo plano pero el lunes Philippe Venet fue el encargado de anunciar la muerte de Hubert de Givenchy, el legendario diseñador francés que falleció a los 91 años de edad dejando tras de sí un legado de elegancia, buen gusto y saber estar. Pero también dejó un legado de amor, precisamente en Venet, diseñador como él -con mucha menos fama, eso sí- que fue su gran amor durante seis décadas y se ha convertido ahora en su viudo.

Givenchy era un genio que se comportaba como lo que era, un auténtico artista: educado, amabilísimo pero enormemente excéntrico, había sido uno de los gigantes de la costura parisina y por eso jamás se desprendió de sus tics de grandeza; nunca tuvo teléfono móvil, ni llevaba cartera, ni jamás se encargó de un sola gestión cotidiana. Para esas menudencias tenía al lado al que fue su gran compañero de vida en las últimas seis décadas, Philippe Venet.

"Durante los 35 años que trabajamos separados, Hubert no me permitía ver sus diseños", dijo Venet a una revista

Se conocieron cuando Venet entró a trabajar con Monsieur Givenchy en su taller y, aunque durante unos años Venet tuvo su propia firma, de 1962 a 1971, muy pronto abandonó su propia carrera en favor de la de su pareja. Puede que Givenchy bromeara en público diciendo que la amistad que tanto le unía a su musa, la actriz Audrey Hepburn, fue "una especie de matrimonio", pero el elegido para compartir su vida, de una manera discreta pero nunca oculta, es el hombre al que conoció a comienzos de los años 50 en el taller de la diseñadora Elsa Schiaparelli.

"Durante los 35 años en los que trabajamos separados, Hubert no me permitía ver sus diseños", contó Venet divertido a Vanity Fair en una entrevista concedida en el año 2014, cuando la revista publicó un reportaje sobre él y Givenchy en el manoir a las orillas del Loira en el que vivían los fines de semana. Allí tenían dos salas de trabajo completamente separadas, pero compartían la misma alucinante biblioteca donde, entre libros y coffee table books se mezclaban collages hechos por ellos mismos imitando el estilo de los grandes nombres del arte del siglo XX.

En aquel encuentro, Venet ejerció, como siempre había hecho en su día a día con su compañero, de asistente del genio: mostró a los periodistas los rincones menos accesibles de la finca, los documentó sobre los jardines diseñados por Bunny Mellon para el maestro de la costura, e incluso enseñó el cementerio de perros en el que yacían diez canes que habían sido sus mascotas. Él se encargaba del mantenimiento de aquel espléndido palacio del siglo XVI.

Venet estuvo al lado de Givenchy en sus años gloriosos, de los años 60 a los 80, cuando era el hombre más respetado de la moda parisina, y también después, cuando en la década de los 90 vendió su firma al gigante del lujo LVMH.

Para Givenchy, la experiencia de perder su propia marca (y aún así trabajar en ella como director creativo durante siete años) fue complicada y terminó con una renuncia por parte del creador. "Es muy difícil cuando no eres el jefe. En el momento en que llegué a la casa algunas personas pidieron conocerme. Pero todo el mundo creía llevar un gran diseñador dentro. Nadie me preguntaba mi opinión y entonces sentí que tenía que hacer otras cosas. Terminé mi contrato. Dije adiós, muchas gracias", comentó entonces.

Philippe Venet nunca quiso tener ningún protagonismo mediático en la vida de Givenchy, y su relación también fue siempre muy discreta. Pese a su éxito en Estados Unidos, donde pasaba largas temporadas, Venet nunca lograría la enorme proyección internacional de Givenchy. A pesar de que la costura siempre ha sido su pasión y ha trabajado junto a grandes como Elsa Schiaparelli, espigado, coqueto y muy discreto, el segundo plano siempre ha sido su especialidad. Solo en un día como el del pasado lunes pasó al primero: él fue quien anunció al mundo el fallecimiento de Le Grand.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios