josé rueda. director de 'quiero ser monja'

"Éste es un espacio fresco, moderno, no es nada 'monjil"

  • Cuatro estrena esta noche el 'reality' sobre cinco jóvenes con vocación religiosa que ponen a prueba su fe y su compromiso social El formato, "totalmente respetuoso", arranca en Granada

Cinco jóvenes lo dejan todo durante varias semanas para ponerse a prueba en un programa de televisión. La premisa no se diferencia de muchos otros realities, pero en esta ocasión la realidad se entrelaza con la espiritualidad y el compromiso social. Quiero ser monja, que llega hoy a Cuatro, a las 21.30, no es la típica estabulación de varios concursantes o el desafío ante situaciones que dan pie a la burla, sino la experiencia como novicias de unas jóvenes con vocación religiosa. El formato que produce Warner (lo que fue Eyeworks) procede de una modesta cadena estadounidense. José Rueda, director de este programa, ya formaba parte de Pesadilla en la cocina o Los reyes del empeño. Las novicias comienzan hoy en Granada.

-Hay cierta preocupación sobre su 'reality', por si no trata con sensibilidad la labor de las religiosas y la fe católica.

-A todos los que se han escandalizado o han mostrado sus recelos yo les digo siempre que antes vean el programa y después que lo juzguen. Hemos tratado todo con mucho respeto. No hay pretensión de burla ni de broma, aunque haya momentos desenfadados porque las monjas suelen tener muy buen humor.

-¿Cómo será la experiencia de estas cinco jóvenes?

-Es una experiencia que como novicias en la vida real no lo podrían vivir ellas y nosotros tampoco podríamos conocer de esta forma. El programa recorre seis semanas, por tres congregaciones distintas y la convivencia con cinco comunidades de monjas. Estaremos con las misioneras del Santísimo Sacramento. Primero, este domingo, en Granada, después en un colegio de Madrid y también nos desplazaremos a una comunidad que está en Bolivia, escolarizando, con cuidados sanitarios. Las novicias también estarán en una casa-cuna de El Escorial, de las hermanas de Santa María del Leuca; y en un convento de clausura de las hermanas justinianas en la localidad alicantina de Onil.

-¿Cómo fue vivir durante una semana en un convento de clausura para el equipo de un programa?

-La comunidad nos pidió que en el equipo hubiera sobre todo mujeres. Las justinianas fueron muy generosas. Pudimos entrar varios hombres y todos estuvimos cómodos entre todo ese despliegue insólito dentro de un convento.

-¿Cuál sería la definición de su programa?

-Es difícil de etiquetar. Es reality, es documental. Las participantes son unas chicas con vocación marcada y que van a vivir una experiencia impactante. Tal vez pueden tener una idea previsible en un convento en España, pero no lo que les puede esperar en una misión en el Amazonas. La intención es tanto conocer quiénes son las jóvenes que participan como las personas que habitan en esos conventos.

-¿Y a usted también le ha impactado?

-A todos nos va a sorprender. No te imaginas de qué manera llegan a implicarse estas comunidades. En el mundo en que vivimos son un gran ejemplo. Lo importante, como hicimos nosotros, es dejar al lado ideas y prejuicios. Al empezar la grabación empezábamos con tabla rasa, dejándonos llevar.

-¿Qué impresión se lleva de las religiosas?

-Cuando las conoces de cerca entiendes por qué tienen esa vocación, qué les mueve para trabajar. Con Quiero ser monja queremos dar una imagen normalizada de lo que son los conventos actuales. Más allá incluso de la espiritualidad, cuando conoces a estas monjas comprendes por qué ayudan a los demás.

-Tras la experiencia ¿habrá participantes que se queden en un convento?

-Lo que puedo adelantar es que en el último capítulo se tomarán decisiones importantes...

-¿Cómo fueron elegidas estas cinco participantes?

-En este caso, por supuesto, no hubo un casting multitudinario. Era una selección difícil. Debíamos contar con chicas que hubieran sentido la llamada de la vocación, que no hubieran dado un paso en firme y que también quisieran contarlo ante el público. No hay un casting intencionado. Son chicas con puntos en común, pero con ideas diferentes.

-¿Qué opinan las familias, los novios?

-Una de ellas tiene novio. En el programa de esta noche lo contará. Ese novio, que lo pasa fatal, las familias y los entornos de cada una de ellas lo toman de distinta manera, pero todos temen perderlas. Entrar como novicia en estos tiempos es una decisión muy madura.

-¿Harán 'uso' de las familias, como pasa en los 'realities'?

-Las familias aparecen en momentos puntuales. Las chicas también lo pasan mal, se derrumban. No hubo ninguna que quisiera abandonar, a fin de cuentas están luchando por un sueño que tienen muy presente.

-Su trabajo es convertir esta experiencia en un programa de televisión interesante.

-Lo intentamos manteniendo un ritmo simpático, pero nunca irreverente. Las cinco participantes son unos 'personajes'. Tienen personalidad y mucho de inocencia auténtica. Este no es un formato rígido. Quiero ser monja visualmente es fresco, moderno, atrevido. No es nada monjil. Esto es una historia coral entretenida. Queremos que la gente se ría, llore y se emocione.

-¿Su programa podría fomentar las vocaciones religiosas?

-Creo que va a haber más vocaciones religiosas y que se liberen prejuicios sobre las monjas y los conventos de nuestro tiempos. Creo que hay muchas chicas que quieren ser religiosas y no pueden contarlo. Es una opción. Como nuestras participantes, han vivido las fiestas, las comodidades y encuentran su realización en una comunidad.

-¿Se podría haber hecho este programa en otro momento?

-Me temo que no. Este programa se ha hecho gracias a ese mensaje del Papa Francisco de comunicar, de que la Iglesia se abra, que se vea lo que se hace y se cuente. Hace unos años hubiera sido difícil grabarlo.

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