Viste a 'Los Miserables'

Paco Delgado

Samantha Barks en el papel de Éponine, durante una escena de la película "Los Miserables ". EFE/Laurie Sparham/Universal Samantha Barks en el papel de Éponine, durante una escena de la película "Los Miserables ". EFE/Laurie Sparham/Universal

Samantha Barks en el papel de Éponine, durante una escena de la película "Los Miserables ". EFE/Laurie Sparham/Universal

"La premisa de la que partíamos era recrear un tono realista, para lo que nos valimos de las referencias naturalistas de las que está plagada la novela, pero sin renunciar a ciertos destellos de fantasía, por tratarse de un musical", explicó Delgado a Efe.

Este lanzaroteño, que ya había trabajado como diseñador de vestuario a las órdenes de Pedro Almodóvar en "La mala educación" o "La piel que habito" y de Alejandro González Iñárritu en "Biutiful", desembarcó en esta superproducción cinematográfica después de que su director, Tom Hooper, colaborara con él en Madrid en el rodaje de un anuncio.

"Me dijo que le encantaba mi trabajo y me preguntó si querría que trabajáramos juntos en el futuro. Pensé que era muy amable y que no pasaría de allí, pero unos meses después, recibí su llamada desde Los Ángeles para ver si tenía fechas libres y si podía conocer a los productores de la película", recordó.

De esta manera, Delgado llegó a Londres para ponerse al frente de un equipo de cuarenta personas encargadas de vestir a las 4.500 personas del elenco de "Los miserables", y de recrear a través del atuendo un periodo histórico que se extiende durante treinta años, de 1815 a 1845, así como todas las clases sociales parisinas reflejadas en este fresco de Víctor Hugo.

Para lograrlo, emprendieron una prolija tarea de documentación, nutriéndose de la fuente literaria original y de cuantiosas visitas al Louvre y otros museos para empaparse de la moda que se lucía en las calles de la capital francesa en esa época, a través del testimonio gráfico dejado por pintores como Eugéne Delacroix o Francisco de Goya.

Después llegó el momento de empuñar las tijeras y comenzar el proceso de confección de los trajes, que, sólo para los figurantes, ascendían a 2.200, y que fue un trabajo "que no se acabó hasta el último día de rodaje", según Delgado. Además, tras crear el vestuario, hubo que ajarlo y "machacarlo", para reproducir lo que les pasa a las prendas con el paso del tiempo y que no parecieran "recién sacadas de la percha", algo especialmente importante en una película "en la que se muestra tanta pobreza".

El paso del tiempo queda atestiguado en la evolución de una moda que empieza siendo de estilo Imperio y que se va modificando hasta introducir el miriñaque o corsés más rígidos que acentuaban la cintura femenina, un cambio que, en el caso de la indumentaria masculina, es "más sutil", según el diseñador. Además, el equipo "asumió que en París existía un mercado muy amplio de ropa de segunda mano, y que los pobres se vestían de los despojos que dejaba la burguesía, que, a su vez, había pertenecido anteriormente a la aristocracia, por lo que se tuvo la precaución de vestir a un pobre de 1823 como a un rico quince años antes".

Pero el guardarropa no sólo recoge los cambios externos, sino también la evolución psicológica de los personajes principales "como si fuera un viaje a través de las prendas", según el diseñador. En el caso del protagonista, Jean Valjean (Hugh Jackman), Delgado explicó que comienza luciendo colores "más violentos" y texturas "más rugosas", que, poco a poco, "se van refinando y haciendo más complejos", el proceso contrario al experimentado por su antagonista, el policía Javert (Russell Crowe).

"En esta historia muchos personajes trabajan como un espejo, son las dos caras de la misma moneda, es lo que pasa también con las jóvenes Cosette (Amanda Seyfried) y Eponine (Samantha Barks), que invierten su camino y encima están enamoradas del mismo hombre", subrayó Delgado , quien se rodeó de colaboradores habituales para acometer este proyecto.

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