LOS NUESTROS | Rocío Ruiz. Jugadora del Cajasol Juvasa Volei

Cuando el esfuerzo eclipsa a la edad

Rocío Ruiz. Rocío Ruiz.

Rocío Ruiz.

El Cajasol Juvasa Voley comenzó la temporada 2017-18 en la Superliga femenina rebosante de ilusión, pero también de retos. Luchar por la permanencia era el objetivo de un plantel con muchas veteranas dispuestas a dar guerra. Y una de ellas es Rocío Ruiz. "El club se la jugó. En mi caso llevaba varios años sin competir en la máxima categoría, al igual que otras compañeras. Pero apostaron por nosotras y hemos demostrado que estamos mejor que nunca", cuenta la receptora del conjunto nazareno.

Escuchando hablar a Rocío quién diría que tiene 35 años. La pasión que siente por el voleibol es innegable, al igual que la energía que desprende. Y ante eso, ante la combinación de garra y entrega, importa mucho menos la fecha de nacimiento que figure en su DNI. "No sabría decir cuáles son mis puntos fuertes como jugadora, pero a lo que sí que pocas me superan es a curranta. Me parto la cara en cada entrenamiento y creo que por eso he conseguido seguir mejorando durante todos estos años y poder estar a un buen nivel ahora", asegura.

Más de media vida de madurez. Eso ha supuesto para Rocío el voleibol. "Empecé siendo una niña y ahora soy una mujer. He crecido dentro y fuera de la pista", se sincera. Cuando se le pregunta por sus inicios, que con humor enmarca en "la prehistoria", la sevillana evoca una época complicada, pues jugaba menos de lo que le gustaría: "Tenía 15 años cuando descubrí el voleibol gracias a mi hermana. Al poco tiempo ya formaba parte del Juvasa, pero no conseguí competir con regularidad hasta mi último año como juvenil. Luego ya conseguí hacerme un hueco en el equipo, me llamó la selección andaluza y ganamos el Campeonato de Andalucía, que fue uno de los recuerdos más bonitos que tengo de mi carrera".

Pero hay una vivencia que está grabada a fuego en su memoria, tanto por lo que significó como por el varapalo que supuso no ver cumplido un sueño luchado durante meses. "Con el Compañía de María logramos el ascenso a Superliga femenina 2, y luego a Superliga. Fue maravilloso. Éramos un equipo en todos los sentidos, una piña. Y fue un palo que después, por falta de presupuesto, no pudiésemos competir en la máxima categoría", se sincera.

Rocío se repuso de aquel revés. El voleibol seguía siendo una parte fundamental en su día a día y no estaba dispuesta a renunciar a ella. Así que hizo las maletas y fue acumulando kilómetros por España: Ávila, Monforte de Lemos (Lugo), Miranda de Ebro, Haro… Hasta que en 2011 paró y volvió a casa. "Pero volví más fuerte", apunta orgullosa.

Muchas de esas aventuras las compartió junto a su hermana María José, que actualmente también forma parte del Juvasa: "Ella es mi hermana y mi amiga. Nos adoramos. Somos uña y carne. Es maravilloso poder compartir con ella la pasión por el voleibol y haber vuelto a jugar en Superliga. A las dos nos picó el mismo gusanillo. No sólo es un deporte que practicamos, es un sentimiento".

Rocío y María José, inseparables en la pista, también lo han sido en la playa: "Mucha gente se cree que el voley playa se parece mucho al voley pista, pero yo siempre digo que no tienen nada que ver. Es otro deporte, la verdad que muy divertido. Hace algunos años quedamos terceras en un campeonato de España y fue espectacular. El año pasado no estuvimos muy metidas en los torneos, pero a ver si este verano lo retomamos".

Antes, eso sí, no estaría mal descansar un poco. Finalizada una más que meritoria temporada, en la que el debutante 0 concluyó sexto, hay que recargar pilas para volver con más fuerza si cabe. Disfrutar de la familia tras muchos fines de semana compitiendo lejos de casa. "Soy una persona muy familiar y pasar tiempo alejada de los míos, más ahora que tengo una hija pequeña, no es fácil. Pero como siempre, ahí está mi hermana para apoyarme. Sin ella todos estos años de dedicación hubieran sido más complicados".

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