Infectados por la galaxia

  • El equipo de Rijkaard muestra una cara mucho más endeble que la presentada hace sólo año y medio · La apatía de sus principales figuras, el mayor problema.

Pese a que continúa con bastantes opciones de adjudicarse el título de Liga y está clasificado para los cuartos de final de la Liga de Campeones, el Barcelona ha sufrido una transformación enorme desde que se proclamara campeón del campeonato español y de la Champions League. El colectivo que adiestra Frank Rijkaard ha perdido ese hambre de ganar que lo hizo un equipo casi invencible. Un equipo al que todo el mundo quería copiar, especialmente un Real Madrid que sufría el conocido como mal de los galácticos. Pero esas figuras que deslumbraban en el club catalán, debido a un mal que se extiende en los vestuarios llenos de cracks, han ido perdiendo esa ilusión por ser participes de la mejor etapa del Barcelona en su historia. El ejemplo más claro es el caso Ronaldinho. El brasileño es la prueba real de que la galaxia destroza los vestuarios.

Esta temporada, y después del batacazo en la última Liga, el Barça trató de concebir un nuevo proyecto donde primaran los intereses del equipo por encima de los del club. Es decir, fichajes que necesitará Rijkaard para fortalecer su plantilla de cinco estrellas. Los Milito, Toure o Abidal confirman esta tendencia, pero el siempre pretencioso Joan Laporta quiso poner la guinda contratando a un envejecido Thierry Henry. Un ejemplo más de jugador con la vitola de gran estrella que sólo crea problemas al entrenador.

Al final han tenido que ser jugadores como Bojan o Iniesta, dos canteranos, los que saquen las castañas del fuego en más de una ocasión a su equipo. Además, las lesiones durante la temporada de pilares importantes como Eto’o o ahora Messi, es cierto que han lastrado mucho al Barcelona.

Sin balón 

El sistema que utiliza Rijkaard obliga a sus jugadores de arriba, en el poco tiempo en el que el equipo azulgrana no tiene la pelota, a presionar la salida del balón y realizar un desgaste enorme. El Barcelona trata de defender en todo el campo, por lo que los rivales suelen acudir al desplazamiento en largo y saltarse la primera, e incluso la segunda, línea de presión. Una de las ventajas del Barça de este año es la fortaleza defensiva que dan hombres como Puyol y Milito en el centro, con Zambrotta y Abidal en los laterales. Toda una garantía de eficacia defensiva. Aunque el hombre más importante a la hora de recuperar es el medio centro Toure. El costamarfileño es ese jugador que tapa cualquier agujero que deje su equipo al ir al ataque.

Con balón

Con respecto al juego de ataque, lo lógico era que Rijkaard no cambiara nada de ese sistema que le hizo triunfar. Pero el 4-3-3 exige a los tres jugadores de arriba una frescura y facilidad para el desborde que en estos momentos sólo tienen Eto’o –aún al 70% después de su lesión– y Messi –lesionado actualmente–. El técnico holandés ha tirado casi siempre de los más jóvenes para rellenar estos huecos. Subir a Iniesta es una opción más que recomendable para dar mayor firmeza al equipo, aunque Rijkaard no le da mucha bola a esta posibilidad.

Pese a que continúa con bastantes opciones de adjudicarse el título de Liga y está clasificado para los cuartos de final de la Liga de Campeones, el Barcelona ha sufrido una transformación enorme desde que se proclamara campeón del campeonato español y de la Champions League. El colectivo que adiestra Frank Rijkaard ha perdido ese hambre de ganar que lo hizo un equipo casi invencible. Un equipo al que todo el mundo quería copiar, especialmente un Real Madrid que sufría el conocido como mal de los galácticos. Pero esas figuras que deslumbraban en el club catalán, debido a un mal que se extiende en los vestuarios llenos de cracks, han ido perdiendo esa ilusión por ser participes de la mejor etapa del Barcelona en su historia. El ejemplo más claro es el caso Ronaldinho. El brasileño es la prueba real de que la galaxia destroza los vestuarios.

Esta temporada, y después del batacazo en la última Liga, el Barça trató de concebir un nuevo proyecto donde primaran los intereses del equipo por encima de los del club. Es decir, fichajes que necesitará Rijkaard para fortalecer su plantilla de cinco estrellas. Los Milito, Toure o Abidal confirman esta tendencia, pero el siempre pretencioso Joan Laporta quiso poner la guinda contratando a un envejecido Thierry Henry. Un ejemplo más de jugador con la vitola de gran estrella que sólo crea problemas al entrenador.

Al final han tenido que ser jugadores como Bojan o Iniesta, dos canteranos, los que saquen las castañas del fuego en más de una ocasión a su equipo. Además, las lesiones durante la temporada de pilares importantes como Eto’o o ahora Messi, es cierto que han lastrado mucho al Barcelona.

Sin balón 

El sistema que utiliza Rijkaard obliga a sus jugadores de arriba, en el poco tiempo en el que el equipo azulgrana no tiene la pelota, a presionar la salida del balón y realizar un desgaste enorme. El Barcelona trata de defender en todo el campo, por lo que los rivales suelen acudir al desplazamiento en largo y saltarse la primera, e incluso la segunda, línea de presión. Una de las ventajas del Barça de este año es la fortaleza defensiva que dan hombres como Puyol y Milito en el centro, con Zambrotta y Abidal en los laterales. Toda una garantía de eficacia defensiva. Aunque el hombre más importante a la hora de recuperar es el medio centro Toure. El costamarfileño es ese jugador que tapa cualquier agujero que deje su equipo al ir al ataque.

Con balón

Con respecto al juego de ataque, lo lógico era que Rijkaard no cambiara nada de ese sistema que le hizo triunfar. Pero el 4-3-3 exige a los tres jugadores de arriba una frescura y facilidad para el desborde que en estos momentos sólo tienen Eto’o –aún al 70% después de su lesión– y Messi –lesionado actualmente–. El técnico holandés ha tirado casi siempre de los más jóvenes para rellenar estos huecos. Subir a Iniesta es una opción más que recomendable para dar mayor firmeza al equipo, aunque Rijkaard no le da mucha bola a esta posibilidad.


Lo mejor 

Puede ganar en una jugada.

Lo peor 

Desunión dentro del vestuario.

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