Penúltima escala en Lérida

  • El Sevilla Atlético, con la duda de Curro, visita al Lleida de Idiakez, el segundo menos goleado de la categoría Los de Martínez podrían encontrarse a un rival mermado en defensa y ataque

Quién le iba a decir hace un año al Sevilla Atlético que iba a pasar de salvarse a última hora a disputar la tercera y definitiva ronda de ascenso a Segunda División A. Lo que entonces bien pudiera catalogarse de sueño difícil de alcanzar se ha hecho realidad en las últimas semanas a fuerza de cosechar resultados favorables e ir avanzando por un complicado y exigente camino del que aguarda una última parada. La más difícil, sí, pero también la que más motiva al equipo que dirige Diego Martínez, dispuesto a hacer su sueño realidad rumbo a la categoría de plata del fútbol español.

Para lograrlo, el primer filial sevillista tendrá que doblegar a un Lleida que se presume como el rival más complicado de cuantos ha visitado desde que comenzase su liguilla de ascenso. Y no por deméritos de los caídos, Socuéllamos y Logroñés, sino porque el plantel catalán abrirá la presente eliminatoria con el aval de haberse deshecho en las anteriores del Barakaldo y el Real Madrid Castilla, que concluyeron la temporada regular en el Grupo II de Segunda B igualados a 80 puntos, la cifra más alta de la categoría de bronce.

El Lleida, cuarto del Grupo III, se antojaba un equipo más débil en comparación con vascos y madrileños, pero se valió de su buen hacer como local para seguir avanzando por el mismo camino que ahora lo ha llevado a cruzarse con el Sevilla Atlético.

Para lograrlo se encomendó a su feudo, un Camp d'Esports de césped natural con capacidad para 12.748 espectadores que hoy colgará el cartel de no hay billetes. Y, sobre todo, a la eficacia defensiva de la que viene haciendo gala durante toda la temporada, ya sea actuando como local o lejos de sus dominios.

Crespo, erigido en guardián indiscutible de la fortaleza ilerdense, mantuvo la portería a cero en nada menos que 25 partidos. En los restantes encajó sólo 22 goles, lo que convirtió al Lleida en el segundo equipo menos goleado de los cuatro grupos de Segunda B.

La presencia del guardameta es de importancia capital para su entrenador, Imanol Idiakez, que teme que uno de sus jugadores más valiosos no pueda saltar al terreno de juego por culpa de unos inoportunos problemas musculares.

A la duda hasta última hora de Crespo se une la de Onwu, máximo goleador del equipo con 10 dianas. Así las cosas, un Lleida mermado en defensa y ataque podría tener que salir a batirse el cobre contra un Sevilla Atlético que podrá contar con el grueso de sus efectivos.

Fiel al estilo y al dibujo que lo viene caracterizando en las últimas semanas, Diego Martínez volverá a confiar en el bloque que logró el pase a la tercera ronda de la liguilla. Así pues, Carlos Fernández, pichichi del equipo con 17 goles; Borja Lasso, el arquitecto del plantel; y Diego González, figura destacada en los duelos precedentes, intentarán anular al conjunto catalán en el centro del campo, frenar las acometidas que intente protagonizar y, más si cabe, derribar el muro del que tanto presume su adversario.

Quien volverá a ver el choque desde la barrera será Cotán, que aún no se ha recuperado de las molestias que arrastra. Lo mismo ocurre con Amo y Villapalos, con lesiones largas de rodilla. Por su parte, Curro, en principio recuperado del golpe en el tobillo que recibió en el partido de ida contra el Logroñés, podría no partir de inicio en beneficio de Ivi. Dada la calidad que atesora la joven promesa nervionense, no sería de extrañar que Martínez decidiera reservarlo con vistas al choque de vuelta, pues el segundo y definitivo asalto de este combate se decidirá en el Viejo Nervión la próxima semana.

A esa cita quiere llegar vivo el Sevilla Atlético, si bien el objetivo es personarse en la misma con una ventaja en el marcador que limitarse a conservar. Todo pasa por salir victorioso de Lérida, un escenario con un voluntarioso protagonista pero con las filas mermadas, lo que se traduce en una oportunidad de oro para los nervionenses, que quieren golpear primero para sentenciar después.

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