Pretorianos a la conquista del Sahara

  • Chema Molina. Corredor de ultrafondo miembro del club de atletismo Pretorianos de Tomares

Al amanecer, cuando la ciudad comienza a despertarse y las farolas alumbran aún la oscuridad de la noche anterior, los pretorianos se ponen en marcha. No van a la conquista de ningún país, no, sino a tomar los caminos rurales o los circuitos urbanos para dar continuidad a su entrenamiento. "Hay que sacar tiempo de donde sea para que esta rutina no afecte a tu vida personal", explica Chema Molina, corredor de ultrafondo del club Pretorianos de Tomares, que recientemente corrió el Maratón del Sahara sobre la arena del desierto.

Poca agua para un hombre que trabaja en Emasesa, pero éste era uno de esos restos personales que cada uno se marca. Malagueño de nacimiento, aunque sevillano de adopción -lleva más de 20 años en la capital andaluza- su día a día está marcado por el atletismo, una de sus grandes pasiones junto a su familia. Los avatares del destino y el trabajo de su padre (del sector de la uralita) lo trajeron hasta Sevilla tras pasar por otras seis ciudades antes. Fue también su padre quien le inculcó desde pequeño su entusiasmo por el deporte, aunque lo de correr kilómetros y kilómetros sin parar es algo de cosecha propia. "Comencé con las populares, pero, poco a poco, las distancias se me iban quedando pequeñas y el cuerpo me pedía desafíos mayores", relata este auditor de 38 años , padre de dos hijos que tras su primera toma de contacto con el Sahara quiere más para el futuro: "De aquí a tres años espero hacer el Maratón des Sables, un reto de extrema dificultad que requiere mucha preparación. Para esta edición -se disputa estos días- han ido unos amigos, que serán los que me iniciarán en esta carrera".

Este economista licenciado en la Universidad de Sevilla se pasa el día entre números: los de su trabajo y los kilómetros que hace cada día para mantener la preparación. "Entre semana cada miembro del club hace la guerra por su cuenta, entrenándose como y donde puede. Son sesiones de carga, porque después el fin de semana hacemos, ya todos reunidos, otra de calidad. Elegimos una ruta y salimos durante cuatro o cinco horas", apunta este atleta, que ayer mismo corrió en Ronda el Maratón Homenaje a la Legión, previo a los 101 kilómetros de Ronda, una de las pruebas favoritas del protagonista.

El Parque de María Luisa recibe cada mañana a Chema Molina antes de que éste comience su jornada laboral. Desde allí, el club Náutico Sevilla es uno de sus destinos preferidos para comenzar una buena jornada. "El remo es otros de mis hobbies. Me ayuda a desconectar y es un entrenamiento perfecto. Me gusta, pero lo cierto es que me divierto más corriendo", asegura este vecino del Porvenir, que explica que con sus compañeros pretorianos una carrera es algo más que una prueba deportiva: "Conocí el club hace unos seis meses a través de un amigo, ya que no hay mucha gente aficionada al ultrafondo. Cada vez que salimos para alguna competición la carrera se convierte en una excursión, ya que alquilamos algún alojamiento y toda la familia nos acompaña. Es un acto de hermandad, puesto que en nuestra filosofía particular, antes de competir está el compañerismo".

Su última experiencia en el Sahara le ha marcado. Reconoce que desea volver cuanto antes, no tanto por las ampollas y la deshidratación sufrida en el desierto, sino por toda una vivencia irrepetible. "Es una carrera, sobre todo, humanitaria. Ver cómo los chavales se abalanzan sobre ti para coger cualquier cosa es duro. Cuando llegas a una escuela y observas la sonrisa de los niños con poco que les das marca mucho. Después de una carrera normalmente hablas de ella, pero en el desierto eso queda en un segundo plano y todos los participantes compartimos nuestras experiencias", indica Chema, primer pretoriano que cruzó la línea de meta (en el puesto 74), aunque "la posición es lo de menos".

Si correr es de cobardes, estos particulares romanos lo son, y mucho, "aunque ya quisieran algunos ser tan miedicas". De momento, ellos siguen haciendo caminos a la conquista de nuevos retos, pues los pretorianos no descansan en su particular guerra a los kilómetros.

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