Revelaciones que suelen atragantarse

  • El Levante recuerda al Osasuna de 2006, que privó al Sevilla de la Champions.

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La frase más oída desde que el Levante está instalado en los puestos de privilegio de la Liga es que tarde o temprano caerá. Así suele suceder, pero no siempre ocurre, y el Sevilla ya sabe de revelaciones que le han privado de conseguir sus objetivos a la conclusión de la temporada.

No hay que remontarse mucho en el tiempo. Sólo hasta la temporada 2005-06, en la que otro equipo hecho para lograr la permanencia, como Osasuna, privó al equipo de Juande Ramos, por aquel entonces ya campeón de la UEFA, de jugar la máxima competición continental. Empatados a 68 puntos en la última jornada, los pamplonicas accedieron a la Liga de Campeones por haberse llevado los enfrentamientos directos con los sevillistas.

Al igual que en el Ciudad de Valencia, el Sevilla cayó derrotado por la mínima en su visita a Pamplona, con un gol de David López. Fue un partido en el que el Sevilla jugó mejor, gozó de ocasiones y el único error que tuvo lo acabó pagando con el gol osasunista. En la vuelta sucedió lo mismo, siendo el autor del gol Milosevic y dándose la circunstancia de que ambos partidos estuvieron arbitrados por un Pérez Lasa muy discutido. A tenor de lo ocurrido ayer en Valencia, no parece que los sevillistas estén muy interesados en que en Nervión repita arbitraje un Álvarez Izquierdo que pecó de un caserismo exacerbado.

La derrota ante el Levante fue novedosa en muchos aspectos. Para empezar fue la primera del equipo de Marcelino fuera de casa en lo que va de Liga. Además, Javi Varas encajó su primer gol como forasteros desde que recibiera dos tantos en El Madrigal, por lo que acumulaba 525 minutos imbatido. Para colmo, el sistema de un solo delantero sufrió su primer revés desde que Marcelino decidiera ponerlo en práctica en La Romareda.

Pero la derrota no debe alimentar debates sobre el dibujo. El Sevilla llevó el peso del partido, se sintió arropado, generó ocasiones y no mereció perder. Tras el gol levantinista, los nervios y el carrusel de cambios hicieron descomponerse a un equipo que hasta ese momento funcionó como tal.

El Sevilla no mereció volverse de vacío de Valencia, pero en el fútbol, aunque suene a excusa, juegan factores como la suerte. La mala y la buena. La de encontrar un rechazo dentro del área aprovechando un error rival o la de coincidir con molestas revelaciones a las que la ausencia de presión, lejos de proporcionarles relajación alguna, les permite meterse en una batalla que no es la suya y de la que salen vencedores. Y el Sevilla, por desgracia, ya sabe de revelaciones que se terminan indigestando. ¿Lo mejor? Al Sevilla todavía le queda tiempo para reponerse y alcanzar la miel y los ingresos de la Liga de Campeones. ¿Lo peor? Al Levante también y su suerte, lejos de agotarse, parece seguir creciendo.

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