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Aún no tiene el alta

  • Reincidente El Caja volvió a bloquearse en el tercer cuarto, en el que encajó un 27-15 Desatino Vista su nulidad en la zona, los de Comas tiraron más de tres que de dos

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Hay aspectos del juego que no se mejoran ni corriendo ni tirando más a canasta, sino que dependen de la cabeza y de la actitud de los que están en el parquet. Ellos, a fin de cuentas, son los que suman o restan. Como en los dos partidos anteriores con Comas, y como ya había sucedido también varias veces en la etapa de Magnano, el Cajasol se fue en el tercer cuarto, y ahí perdió un partido de gran valor que no supo llevar a su terreno en el segundo cuarto. Si ganar a un rival directísimo como el Alta Gestión Fuenlabrada tenía valor doble, también lo tenía la derrota, la decimocuarta, la que recuerda a los más optimistas que el camino de la salvación va a ser muy duro.

Tras un primer cuarto en el que primó la igualdad en puntos y desacierto, no cambiaría demasiado el transcurso del encuentro antes de llegar al descanso; más bien, la corriente errática a través de la cual fluía el enfrentamiento aumentaba hasta alcanzar un nivel de despropósito impropio de dos equipos de la ACB. Únicamente cabe reseñar el 22-25 en el minuto 14 , aunque lo importante era que el Caja ya se situaba en bonus.

Sin embargo, el cuarto se alocó en ese punto sin medida: los lanzamientos a canasta, cualquiera que fuera su procedencia, volvían a salirse, tanto que se sucedieron al menos una decena de ataques entre ambos contendientes sin que ninguno fuera capaz de anotar. Era el momento de romper por primera vez el equilibrio ante un Fuenlabrada que dejaba a la luz su gran carencia, el ataque, pero el Caja no mantuvo la calma cuando ésta mejor le venía -Miles no serenó a un grupo que se obsesionaba con tantos fallos-. Habida cuenta del desorden que imperaba, Comas pidió el primer tiempo muerto del partido y devolvía a la cancha a Bennett. Betts establecía el 28-28 y ponía fin a cinco minutos de sequía ofensiva en tiros de campo, mientras que poco después se llegaría al intermedio con un 31-32 que lo dejaba todo pendiente para la reanudación.

Llegaba el tercer cuarto, y con éste el miedo a volver a flaquear, como ya ocurrió en Gerona y el pasado domingo en San Pablo. Todos los ataques del Fuenlabrada tenían como destino a Wideman, que si no despegó a los locales fue porque Ellis salió al rescate de un Caja que acusó la buena defensa interior de su rival con dos triples seguidos (38-38, minuto 23). Pero estos seis puntos sólo fueron un remedio puntual, porque un 10-0 de los fuenlabreños impulsado por dos triples de Paraíso, y que metió definitivamente en el partido a su afición -¡cuánto empujan los pabellones pequeños!-, ya marcó las primeras distancias de consideración (48-38, minuto 27).

De ahí al final, el Cajasol no haría más que sufrir en su pintura, donde ningún hombre alto podía parar a Wideman. Si no renunció antes de tiempo a sus opciones fue por tres triples de Ignerski, Ellis y Miles, que maquillaban la nula aportación ofensiva de los interiores. 58-47 al alcanzar el minuto 30, tras un parcial de 27-15. Volvía a ocurrir lo mismo que en los dos últimas jornadas, con el agravante de que en esta ocasión no se había acumulado ningún colchón de puntos previo y que tocaba remontar en los diez minutos finales.

Otra cosa es que el oponente contribuya, que no fue el caso. El Fuenla, que había concienciado a sus simpatizantes de que no podía sumar su cuarta derrota consecutiva, no desaprovechó la ocasión. Pasaban las jugadas y la diferencia no aminoraba (66-56, minuto 35). Todavía peor: Bennett, lesionado en su cuádriceps izquierdo, se tenía que ir al banquillo. Una gran penetración finalizada con un mate de Radivojevic parecía ser casi definitiva (70-58), y lo fue porque el Caja, después de ponerse a 9 puntos, hizo el ataque más nefasto del partido, tan nefasto que De Miguel hizo lo que nunca debe hacer, aunque alguna vez funcione: lanzar un triple. 70-61 a falta de dos minutos y a Ellis se le resbala la pelota justo tras haberla robado. Cosas que pasan los días que salen torcidos.

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