Sevilla-Athletic de bilbao

La autoestima se eleva en la locura (2-1)

  • El Sevilla suma tres puntos indispensables ante el Athletic en un partido de ida y vuelta constante. Los blancos no aprovecharon el 1-0 inicial para controlar, pero la echan casta y calidad al final para ganar.

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Por si alguien lo dudaba, este Sevilla tiene sangre en las venas. Los hombres que ahora dirige Unai Emery sienten y padecen, como todos los demás, y son capaces de dejarse la piel en un campo de fútbol para ganar sólo una batalla, a pesar de los grandes problemas que tienen para discernir qué demanda en cada momento un partido de fútbol. Porque el cuadro blanquirrojo sumó tres puntos necesarios, indispensables si aún quiere siquiera soñar con el objetivo de meterse la próxima campaña en competiciones europeas, gracias a su capacidad para pelear hasta el último minuto por ese rédito.

Fue por esa casta y ese coraje que se pregona en el himno de la entidad nervionense, pero sería injusto quedarse sólo con esos dos aspectos que tienen más que ver con la voluntad que con la calidad. El Sevilla también ganó porque tiene un futbolista con una zurda privilegiada, capaz de meter un pase definitivo después de haberse metido entre pecho y espalda un montón de kilómetros corriendo durante 87 minutos, y también, por qué no, porque cuenta con el mejor goleador nacido en España a día de hoy.

Se trata, por supuesto, de Reyes y Negredo, los dos brazos ejecutores de ese gol que en los últimos minutos provocó que las sonrisas afloraran en los rostros de todos los sevillistas después de un partido que había llegado a convertirse en una verdadera locura, con los dos equipos mucho más preocupados de atacar que defender. Ese juego de ir y venir constantemente se convirtió al final en bendito para los anfitriones gracias al alegrón final, pero cabe preguntarse si era necesario estar tanto tiempo con la moneda en el aire después de haberse puesto por delante en el marcador a los cuatro minutos de juego, en la primera llegada.

La respuesta, lógicamente, está condicionada por el resultado que consignó el horrendo Mateu Lahoz en el acta, pero estoy completamente seguro de que muchos, Emery incluido, se preguntan ahora mismo por qué el Sevilla parece incapaz de darle al juego del fútbol lo que éste le va pidiendo en cada momento. Medel, Kondogbia y compañía se ponen en el campo, y conste que citar a los dos medios centro en este caso no es nada casual, con la idea de mirar hacia adelante, con la sana intención de meterle un ritmo intenso, casi como un caballo desbocado, a todas las acciones que se vayan produciendo... Pero no, el fútbol es algo más que eso, también pide en muchas ocasiones una pausa, un respiro, un tocar el balón hacia los costados sin arriesgarlo, un darlo hacia adelante para devolverlo atrás y buscar zonas de seguridad para la pelota. Imposible para este Sevilla salvo cuando se pone por detrás en el marcador fuera de casa y el rival se lo facilita, aunque entonces sea mucho más gilifútbol que un control de la situación.

Viene todo esto a cuento en un día en el que tal vez sería más apropiada una loa de la capacidad para dar el paso adelante. Pero es increíble que el Sevilla jamás supiera salirse de la locura que propone Bielsa con sus planteamientos después de estar delante en el marcador desde el minuto 4. El excelente cabezazo de Negredo debía conducir a ejercer la sapiencia o al menos a tratar de hacerlo. Imposible, está claro, porque el cuadro de Emery, a pesar de la desesperación de éste, que se señalaba constantemente la cabeza para pedirle a los suyos esa cualidad por encima de todas, sólo miraba para adelante y trataba de dar un pase de gol en todas las jugadas. Es cierto que a veces lo rozó, que Reyes lo tuvo en una internada por la izquierda, que Negredo se encontró con la más clara después de un excepcional pase del utrerano a Coke y que hubo muchos más uys por el camino que no llegaron a convertirse en ocasiones por ligeros errores en el último toque.

Son sensaciones contradictorias, por tanto, las que puede provocar este Sevilla, un equipo capaz de satisfacer a sus aficionados proclives al fútbol divertido de la misma manera en que provoca tirones de pelos a aquéllos que gustan más de la seguridad, del dominio de la situación. Cuestión de gustos, está claro, aunque por ahí pueden llegar algunas explicaciones sobre las decepciones que se producen cuando los blancos hacen de forasteros cada dos semanas.

Con el 1-0 en el intermedio, Emery buscó eso al colocar a Botía por el inédito Manu del Moral, pero entonces lo que halló fue un incremento mayor de la locura si cabe. Después de una falta que acabó con un balón franco de Coke al poste, el Athletic empató casi de la misma manera en que Negredo logró el primero. Y encima Fazio se marchó cojeando antes de que Fernando Navarro viera la segunda tarjeta de manera más que discutible. Pero entonces el Sevilla apeló al orgullo, fue más ordenado incluso, curiosamente con Medel de defensa central, y ya avisó antes del desenlace final. Hasta que Perotti se la dio a Reyes y éste sacó el tiralíneas para que Negredo rematara perfecto. Bien está lo que bien acaba, sobre todo si supone un subidón así de autoestima. Este Sevilla tiene calidad y amor propio, lo siguiente es saber darle a un partido de fútbol lo que éste demanda en cada momento.

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