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Mucho más cerca del gran Sevilla

  • Rampa de lanzamiento El conjunto de Jiménez supera al Espanyol, un rival directo, gracias a su tremenda pegada arriba Letales Los sevillistas, como en los últimos ejercicios, ya tenían un 0-2 a su favor en el minuto 11 del partido

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El Sevilla ha vuelto en el momento más oportuno. Con el retorno a la Liga de Campeones asomando en Turquía, el conjunto de Manolo Jiménez dio un golpe fuerte sobre la mesa en pos de esos objetivos tan ambiciosos que se le marcan desde el propio club. Dos a cuatro sobre un rival directo, sobre un Espanyol que parece vivir en un camino inverso a los nervionenses, y no sólo son tres puntos importantísimos, igual de trascendente es que el average particular ya le pertenecerá hasta el final del campeonato liguero a los sevillistas. Sin duda, restan algunas pinceladas, muchas incluso, pero este Sevilla está mucho más cerca de aquel que fuera considerado durante mucho tiempo como el mejor equipo del mundo.

El balance de resultados no engaña al respecto. El Sevilla ha sumado 10 de los 12 puntos que ha disputado desde que la eliminación en el Camp Nou lo dejara fuera de la Copa del Rey. Desde entonces, con un solo partido a la semana, los blancos contabilizan tres triunfos y un empate, y los suyos hasta se enojaron, con cierta razón, por haberle cedido esa igualada al Barcelona en el estadio Sánchez-Pizjuán. Ha bastado con que Jiménez pueda contar con casi todos sus elementos para que la curva se haya disparado hacia arriba.

Lejos de la globalización, sin embargo, conviene centrar el análisis en el partido disputado ayer en el estadio olímpico de Montjuïc. Allí fue trascendental algo que ya echaban de menos los sevillistas, ese arranque que es capaz de fulminar al adversario. Como sucediera el curso anterior en citas tan fundamentales como las visitas al Tottenham, en la UEFA, o al Deportivo, en la Copa del Rey, los blancos fueron letales en el primer cuarto de hora. Es la suerte de contar arriba con dos hombres en tan buena armonía con el gol como Luis Fabiano y Kanoute. Minuto 11 de partido y cero a dos en el marcador. Montjuïc bramaba en ese instante contra Delgado Ferreiro por estimar que ambos tantos pudieron producirse después de un fuera de juego, pero nada más lejos de la realidad. Ambos tantos habían sido absolutamente legales y nada más que eran producto de la habilidad de los dos delanteros que había puesto Jiménez en liza.

Lo curioso del caso es que el Sevilla se había salvado por muy poco en el minuto 4, momento en el que Palop le hizo un excelente paradón a Luis García y Ewerthon, posteriormente, fue incapaz de rematar un saque de esquina con todo a favor. Pero eso es el fútbol y sería muy injusto valorar las cosas por esa ocasión final. No en vano, el cuadro sevillista se había plantado sobre el césped con la intención inequívoca de tocar el balón y ahí está la jugada del primer tanto para demostrarlo. Adriano pudo mandar un despeje a la grada, pero no lo hizo, como tampoco Mosquera, aunque parezca increíble, y ahí, justo ahí, comenzó a germinar una de las jugadas combinativas de más lustres de la Liga. La pelota le llegó a Maresca, éste distribuyó a través de un carrusel de toques que concluiría con una apertura hacia Kanoute, quien vio la llegada de Luis Fabiano por el centro, fue generoso y preciso y el brasileño se encargó de ejercer como perfecto delantero centro. Cero a uno en una demostración de calidad digna de ser piropeada por todos los buenos aficionados al fútbol.

El Sevilla se sintió cómodo a partir de ese momento, espantó muchos temores y se atrevió a buscarle las espaldas a un Espanyol que tiene el depósito de combustible en reserva. La segunda prueba estuvo en la osadía de Adriano. El brasileño, sustituto ayer de Daniel, demostró su precisión con ambas piernas y le metió un balón de oro a Luis Fabiano para que éste le devolviera el favor a su compañero Kanoute. El máximo goleador amortiguó la pelota de manera perfecta y el francés se encargó del resto.

La pegada del Sevilla lo colocaba con una ventaja que debía ser definitiva. Sobre todo porque el control pasó a los pies de Maresca, quien dominaba el balón en el centro del campo. Pero quedaba mucho partido y el sufrimiento llegaría, vaya si llegaría. La teoría de la manta se cumplió y la escasa ayuda de los dos delanteros a sus centrocampistas propició que el balón lo administrara el Espanyol por el centro con comodidad después del 1-2. Pero faltaba por aparecer otro actor principal, en este caso Jesús Navas, quien empezó a darle la noche a Chica, como lo había hecho antes con Clemente.

Aunque la acción decisiva corrió a cargo de Diego Capel al buscar la segunda tarjeta amarilla para Zabaleta, el extremo de Los Palacios se encargó de destrozar a un Espanyol que había tomado excesivos riesgos atrás. Tres balones en profundidad hacia Jesús Navas concluyeron en dos goles y un tercero salvado por Valdo. Ni siquiera la inquietud provocada por el tanto de Coromina había servido para domesticar a una fiera que ya estaba despierta, el Sevilla había conseguido un triunfo de prestigio en Montjuïc en uno de esos partidos que se les presentan a los equipos buenos y éstos entienden que deben ganarlos sí o sí, como diría el presidente de la sociedad nervionense. Sin Daniel, sin Keita, pero es el fruto de gozar de una plantilla de un nivel superlativo, de un grupo de futbolistas que cuando llega al punto máximo de motivación es capaz de superar al rival que se le ponga enfrente. El gran Sevilla parece que está en camino, y en el momento justo.

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