Una cuadrilla sin escaqueos

  • Eficaz: El Betis sumó tres puntos de una trascendencia vital ante Osasuna gracias a una gran defensa· Compromiso: Los jugadores verdiblancos dieron una auténtica lección de disciplina y de apoyo al compañero en todo momento

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Paso adelante de incalculable valor para el Betis en el Reyno de Navarra pamplonica. Los verdiblancos respiraron hondo gracias a tres puntos que les permitieron convertir en sonrisas los malos humores de la anterior semana. Fue, además, el triunfo de la seriedad, de la disciplina espartana, de la concentración defensiva, de las carreras camino de ninguna parte, de un trabajo colectivo digno de todos los elogios. Los hombres de Paco Chaparro se plantaron sobre el césped con la lección bien aprendida y supieron resistir con hombría todos los embates que les llegaron procedentes de un Osasuna que trató de aproximarse a Casto por todos los caminos posibles, pero los verdiblancos fueron tapando todos los accesos hasta su cancerbero hasta convertirlo casi en invulnerable.

El Betis sufrió, cierto es, lo hizo desde el minuto 1 hasta el 96, pero la sonrisa con la que acabó mitiga todos los padecimientos anteriores. Fueron muchos los kilómetros que tuvieron que recorrer sus hombres para apoyar al compañero que necesitaba una ayuda y en ello se empeñaron incluso los peones que disponen de más calidad. Nadie se escaqueó jamás, todos metieron el hombro al unísono y el cuadro verdiblanco pareció más firme conforme iban transcurriendo los minutos hasta, de forma paradójica, llegar a sentirse cómodo a pesar de la constante presión de los navarros.

Porque Osasuna, dentro de sus lógicas limitaciones técnicas, pisó a fondo el acelerador desde el mismo arranque del encuentro y prácticamente no disminuyó su presión en ningún instante. Fue un ataque incesante y nadie podrá negar semejante aseveración, entre otras cosas porque se sucedieron fases muy largas en las que el Betis ni siquiera pudo pisar el terreno de juego contrario para poder tomarse un respiro. Pero la defensa también es un arte cuando se sabe ejecutar con orden y eso propició que los sustos padecidos por Casto no se correspondieran para nada en la cantidad con el número de minutos en los que la pelota estaba en posesión del equipo del Cuco Ziganda.

Al contrario, el Betis supo convivir con el peligro de sufrir algún gol en una de las aproximaciones del adversario. Hasta se podría decir que se sintió a gusto con ello por mucho que Paco Chaparro tal vez no estuviera excesivamente de acuerdo con que la línea defensiva se fijara tan cerca de Casto. Las circunstancias, sin embargo, son las que son y, a veces, obligan a cambiar los planteamientos sobre la marcha. Lo cierto es que Osasuna se apoderaba del balón por la sencilla razón de que se produjo una desconexión entre los dos centrales y la línea del centro del campo. Tanto Melli como Juanito trataban de jugar el balón por abajo, pero los rojillos se anticipaban una y otra vez a sus compañeros para volver a obligar al Betis a defenderse. La presión era constante, pero Juanito y compañía casi nunca perderían el orden para defenderse con criterio, sobre todos en los numerosos balones que les llegaban por el aire.

El Betis sólo había introducido la variante de Ilic en el lateral derecho con respecto al equipo que ya se viene haciendo un clásico en las alineaciones de Paco Chaparro. Es decir, el esquema, como suele suceder fuera de casa, se asemejaba a un 4-1-4-1, ya que Arzu estaba mucho más cerca de los dos centrales y tanto Capi como Rivera eran quienes contaban con permiso para descolgarse en ataque siempre que tuvieran opciones de hacerlo. Esto, sin embargo, no sucedió en excesivas ocasiones porque los béticos perdían la pelota con excesiva celeridad. El único tiempo de respiro coincidiría con la lesión de Delporte y su cambio por Portillo.

El Betis sí demostró entonces que era capaz de controlar el balón y de buscar la salida por las dos bandas a través de Mark González, particularmente, y de Edu. Pero esto no tuvo excesiva continuidad en el tiempo y fue más bien un paréntesis, ya que Osasuna volvió a apretar y los verdiblancos optaron por defenderse de nuevo en espera de que pudiera llegar un contragolpe, algo que sucedería poco después de la media hora. Fue una salida perfecta, que nació junto al banderín de córner propio. Capi le dio entonces salida al balón, conectó con Rivera, éste se lo pasó con rapidez a Mark González y el chileno fue quien puso de gol a Pavone, pero el disparo del argentino se topó con los pies de Ricardo. Apenas habían transcurrido unos segundos en toda la jugada, pero fue el primer aviso de los verdiblancos.

Aunque Osasuna lo siguió intentando, el Betis supo esperar agazapado hasta que Mark González acertó en un golpe franco. Apenas se llevaban consumidos ocho minutos del segundo tiempo, cero a uno y más motivos si cabe para seguir confiando plenamente en el método elegido por Chaparro. El balón le siguió perteneciendo a Osasuna, pero el Betis se sentía cada vez más cómodo defendiendo muy cerca de Casto. Aunque Ilic tenía más problemas de los debidos por su banda y Mark González no ayudaba tanto al lateral como Edu por la suya, los verdiblancos apenas sufrieron sobresaltos. El dominio de Osasuna era constante, a veces abrumador incluso, pero en el Betis colaboraban al unísono once hombres para que Casto no tuviera que recoge el balón de su portería.

En esos instantes sí cabe colocarle un pero a los béticos, pues no fueron capaces de meterle el temor en el cuerpo a Osasuna con una contra para que éste se pensara si seguir acumulando tantos hombres arriba. Pero qué más da, el trabajo ya estaba encauzado y el Betis iba a salir de Pamplona con una sonrisa de oreja a oreja. Fue el triunfo justo, por mucho que el rival apretara, de un colectivo en el que no están permitidos los escaqueos por parte de ninguno de sus miembros. Aprovechando el lenguaje de la Semana Santa recién despedida, como si se tratara de una cuadrilla perfecta.

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