Betis | almería · MARCAJE AL HOMBRE

Ya tiene el gol y algo más

  • Pavone volvió a ser decisivo con su doblete para remontar el encuentro en el segundo tiempo · Provocó la expulsión de Acasiete y fue siempre un incordio

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Su particular fisonomía, más parecida a la de un jugador de rugby que a la de un delantero de la Liga española, esa manera de conducir el balón para buscar la portería contraria, siempre arremetiendo contra los defensas, y su nula efectividad hasta hace algo más de un mes, sumada al coste de siete millones de euros, le pusieron en el punto de mira de las críticas. Algo lógico cuando lo que se analiza es el rendimiento.

Y, por tanto, ahora también es justo ensalzar su valor para este Betis, con sus seis goles en los últimos cinco partidos en los que ha participado (a Villarreal no fue por una faringitis). Y es que ahora los béticos lo ven con dos kilos menos y como un referente.

Pero su acierto ante el Almería no sólo estuvo en el segundo tiempo, cuando anotó los dos goles, sino que participó en todas. Provocó la expulsión de Acasiete, al que acabó sacando de quicio. Se fajó siempre con Pulido o Soriano y se ganó más de una ovación de la grada simplemente por su actitud en la presión.

Pero, como decíamos, Pavone apareció en todas. Nada más empezar el partido, Velasco Carballo le anuló un gol legal, en la que fue su primera acción. Pero eso no fue suficiente para frenar su apetito. El argentino se ha soltado y así lo demuestra en sus movimientos. Si en sus primeras apariciones con el Betis apenas se ponía de gol, ahora siempre está en las cercanías del mismo. La fama con la que llegó de Estudiantes de la Plata, con el que se proclamó máximo goleador del torneo argentino en una ocasión, empieza a no ser el único crédito del argentino. Ayer, el beticismo coreó su nombre tras sus goles y, poco a poco, se va ganando un lugar en el santoral de la afición.

La acción de su primer gol demostró sus cualidades. La asistencia de Capi tuvo gran parte de culpa, pero el argentino se acomodó a la perfección para desembarazarse del defensa, regateó con temple a Diego Alves y tuvo la serenidad necesaria para colocar el balón en el lugar preciso. Gol de ariete y Heliópolis que se entregaba a su ídolo.

En el segundo demostró oportunismo, la otra gran cualidad que ya exhibiera ante el Zaragoza, y le sirvió para convertir su segundo doblete como verdiblanco y demostrar que un goleador vive de las rachas y que la suya, aunque tarde, ha comenzado para fortuna de Chaparro, que ya tiene su hombre para los últimos 20 metros.

Pavone, pese a que ha dado el paso al fútbol europeo con 26 años, se muestra introvertido tanto con la prensa como con sus compañeros. Ayer le felicitó hasta Casto, el dueño de los otros 20 metros decisivos. El meta, que debutó ayer en Primera, brilló a gran altura, ganándole la partida en dos ocasiones a Negredo y aportando seguridad tanto en las salidas como con el juego con el pie, su punto negro ante el Elche. Quizás lo mejor de Casto en su estreno fue que nadie se acordó de Ricardo. Y eso no es poco.

Pero ayer el protagonismo se lo hurtó Pavone, una ventaja con la que siempre cuentan los delanteros con respecto a los defensas y más aún cuando aciertan con la portería contraria. El argentino ha recuperado la sonrisa, se ha ganado el respeto de la grada y los comentarios de Lopera, su más fiel defensor en los momentos delicados. Pavone ya no es Paquetone, como se decía en la guasa del beticismo. Ahora se faja, provoca expulsiones y, sobre todo, anota goles. Y a pares.

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