El gurú que rescató la grandeza

  • El "partido a partido" al que apelaba Simeone en cada rueda de prensa se convirtió en el símbolo del 'cholismo' El argentino, un líder nato, devolvió al Atlético a lo más alto a fuerza de sacrificio y esfuerzo

"El liderazgo se tiene o no se tiene, yo no lo impongo. O me seguís, o no me seguís", dijo en su momento, y sus hombres lo siguieron durante dos años y medio hasta alcanzar lo impensado: un título de Liga con el Atlético de Madrid que otorgó a Diego Simeone un lugar en el salón de la fama del fútbol español.

Los jugadores rojiblancos consiguieron la hazaña tras igualar ayer 1-1 con el Barcelona en la última jornada, pero quizás la mayor parte del mérito sea para su entrenador, quien desarrolló una suerte de religión en la familia atlética y convirtió a jugadores en su momento cuestionados en glorias.

"El líder se ve también hasta en cómo camina alguien, se ve hasta cuando se mueve", afirmó el Cholo en una reciente entrevista a la revista Jot Down.

Simeone, que fue ovacionado junto a su equipo por el propio Camp Nou, convenció al fútbol español de que era posible situarse a la par de los dos gigantes, aún cuando los ingresos del Barcelona y el Real Madrid y los del Atlético caminen por veredas muy diferentes.

El argentino, de 44 años, pareció haber nacido para liderar grupos. Mamó la conducción desde el colegio, cuando su profesor de música Bruno lo nombró director de la orquesta, y luego la cimentó en su época de futbolista, capitán de todas las selecciones juveniles en las que participó y de la selección absoluta con apenas 24 años.

"Yo no comparto que uno en el trabajo es de una manera y en la vida de otra. La gente siempre es la misma, así que tienes que trasladar cómo eres en tu vida al trabajo y ser natural. Porque lo más difícil que tenemos es ser simples en la vida cotidiana", aseguró el argentino, quien en el Mundial de 1978 se asombraba con la personalidad y la imposición de una figura como Daniel Passarella, capitán del equipo argentino campeón del mundo.

Simeone devolvió al Atlético a sus grandes épocas. Consciente de estar presente en un club donde el esfuerzo, el sacrificio, la intensidad y la dureza son partes de su ADN, reunió todas las características en un equipo que, jornada tras jornada, fue casi imposible de batir.

Los resultados quedaron a la vista en este 2014: ganó el título de Liga después de 18 años y el 24 de mayo disputará en Lisboa la final de la Copa de Europa después de 40 años, un evento que hace un año y medio parecía casi una utopía.

A base de un trabajo constante fuera de los campos de entrenamiento, de una apuesta enorme al estado anímico de los futbolistas y de un perfil bajo -y hasta aburrido- en su relación con la prensa, Simeone dejó que el fútbol del Atlético hablara en su lugar.

Así, la mejor temporada de las últimas décadas de la historia del club funcionó acorde a las bases de la religión cholista, con la repetida frase de "partido a partido" como lema espiritual.

El título de Liga lo encontró festejando en compañía de Germán Burgos, otro argentino que conoce de cerca la identidad de la casa rojiblanca, y con la confirmación de que el sueño se hizo realidad: el Atlético le ganó la batalla a los poderosos Real Madrid y Barcelona y Simeone demostró que todavía el éxito deportivo se puede conseguir gracias a la suma de factores, como el esfuerzo y la entrega, que el dinero no puede comprar.

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