El joven Aurelio se sube a 'La Parra'

  • El sevillano Aurelio Tagua Murube, afincado en El Puerto, y el caballo jerezano 'Xerez de la Parra' se han clasificado para el Europeo de Jóvenes Jinetes

Vamos a escanear la fotografía del jinete joven español de alto rendimiento y la de su familia. La de arriba a la derecha es la madre, que personifica la autoridad, la que se ocupa de lo importante: colegio, estudios, hogar y cohesión familiar. El padre se sitúa a la izquierda, flanqueando a la prole, y es quien materializa y proyecta su sueño hípico sobre la figura del hijo mayor. El que ejerce de mozo de cuadra, de entrenador, de chófer de camión, de secretario personal del deportista y de asesor ecuestre en su espectro más amplio. Una labor que le ocupará toda una vida. En el centro de la imagen, el atleta, sus hermanos y un caballo. Joven jinete se considera a chicos y chicas de edades comprendidas entre los dieciséis y los dieciocho años, momento en que la Federación los clasifica como jinetes absolutos. Se trata de un segmento de la juventud que ha sido diseñado para hacer lo que hace: mañana de instituto y tarde de deporte. Nada de trasnochar, beber o fumar. Eso dice la teoría. "Hay que intentar que quede espacio para todo, para los estudios, para el deporte y para los amigos. Es verdad que a los amigos los ves menos pero lo importante es verlos. Los fines de semana hay que madrugar porque si no hay concursos, hay entrenamiento; es la vida que he decidido vivir y me gusta porque es muy bonita. Con una buena organización hay tiempo para todo".

El joven Aurelio Tagua Murube tiene dos hermanos menores que le admiran, una madre que le protege y un padre que lo ensalza. "Mi madre es la que me da ánimos y seguridad. Mi padre me ha transmitido la afición y me lo ha enseñado todo y mis hermanos son parte del equipo. Ellos también me enseñan mucho, más que yo a ellos". Padre e hijo acaban de regresar de Italia. El hijo lo ha hecho en avión para no faltar a clase. Y el padre arrancó el camión en Roma el pasado domingo y echó el freno de mano cuarenta y ocho horas después en El Puerto de Santa María, donde vive esta familia sevillana. No había escapatoria. Aurelio quiere disputar el Campeonato de Europa de Concurso Completo de Equitación (un exigente triatlón de herencia militar que consta de doma clásica, salto de obstáculos en pista y saltos naturales) este verano y para ello necesitaba clasificarse en una cita internacional. Normas federativas. "Ha sido duro pero ha habido recompensa porque nos hemos clasificado". Jinete y caballo lo han pasado bien. Los veterinarios y los profesionales que conviven de cerca con este animal constatan que los caballos no se estresan saltando, digamos que a ambos les da un subidón de adrenalina que los deja de muy buen rollo. Tener una buena relación con el caballo es una parte importante de la historia. Un jinete de saltos sevillano y que vive en El Puerto y un caballo de saltos de siete años y jerezano no parece una mala combinación. Es rara, eso sí, porque el caballo de concurso completo de equitación encuentra sus orígenes en tierras irlandesas, inglesas y centroeuropeas. Así que un caballo de saltos nacido y criado en Jerez es una rareza. Xerez de la Parra nació en la finca de la familia Caballero. Su propietario es José Caballero, un aficionado sin ningún género de dudas que mantiene una vieja amistad con la familia Tagua. También el caballo es una joven promesa. A sus siete años ha destacado en varias citas internacionales de su disciplina y todo apunta a que este verano se consagrará en el Europeo a celebrar en Escocia.

La competición es emocionante, adictiva y puede arrastrar al abandono académico. Esto no sería un problema si en España hubiera un futuro a lomos de un caballo. Pero no lo hay. A ninguna institución parece importarle la cría del caballo de deporte, la formación de jinetes y la equitación de base. Y menos en estos tiempos que corren. Todo el esfuerzo que hay detrás de esta foto de familia se ha hecho a pulmón, sin financiación exterior. "Todo lo hemos costeado nosotros", sostiene el padre. El año que viene Aurelio cumplirá dieciocho años y será el momento de pisar tierra. "Quiero estudiar veterinaria o biotecnología, no lo tengo claro todavía, pero seguro iré a la universidad porque desde que soy muy pequeño mi familia me ha mentalizado de que en el mundo del caballo no hay futuro laboral".

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