La presión del descenso impidió un mejor fútbol

El Valladolid, que lleva dos meses sin ganar en Zorrilla, se acerca al precipicio del descenso y se metió en un lío tras ser incapaz de doblegar a Osasuna en un partido de dominio local, pero en el que los vallisoletanos dejaron bien patente su falta de ideas y de recursos en ataque.

El Osasuna, con su habitual 4-2-3-1, se dedicó a cerrar espacios y a vivir del balón parado. Mediado el primer tiempo, el Valladolid comenzó a coger velocidad, a jugar por las bandas y los navarros se vieron asediados, sin apenas opciones de mantener la posesión de balón.

La impericia de unos y otros ofreció un inicio de segundo tiempo pleno de imprecisiones. Ninguno tenía gol y ninguno hallaba solución a sus flaquezas, así que el partido naufragó hacia un centrocampismo insulso, sin ningún instinto creativo. Nada que ver.

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