Con rostro de perdedor

  • Desconocido El Sevilla vuelve a caer fuera por su incapacidad para administrar los dos goles logrados en Getafe Indefinición Los blancos se pusieron por delante y cayeron tras empatar en el minuto 89

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Peligro. El Sevilla ha dejado de ser un equipo ganador para convertirse, poco a poco, en un grupo de futbolistas con el rostro de perdedores grabado a fuego. Ésa es la única manera de explicar el desenlace del encuentro disputado ayer en Getafe, donde los hombres de Manolo Jiménez, una vez más, volvieron a caer como forasteros por ser incapaces de defenderse cuando las cosas se le habían puesto francamente favorables en dos ocasiones.

Ni siquiera la alegría de un empate agónico, prácticamente sobre la hora, gracias a un regalo del Getafe al dejar rematar solo a Dragutinovic un saque de esquina en el área pequeña, bastó para que los sevillistas pudieran acabar un partido fuera de casa con la sonrisa en sus caras. Lo que aconteció en los tres minutos de prolongación fue increíble, porque no se puede defender peor ese botín, por mucho que no fuera tampoco lo que pretendían los nervionenses. Patadones arriba de Daniel sin mucho sentido; sensación de agotamiento físico hasta en hombres, léase Maresca, que habían entrado tras el descanso; permisividad de Daniel en un centro cruzado para aceptar una internada en solitario de Gavilán; una falta absurda de Dragutinovic para darle al rival la última oportunidad; y, para acabar, un cabezazo con todo a favor de Contra para terminar de apuntillar a un Sevilla desconocido. Fue un catálogo de errores continuos.

Las excusas, pues, se han agotado para el que hasta hace poco era considerado como el mejor equipo del mundo por la sencilla razón de que ganaba mucho más que cualquier otro. Ni siquiera le valió al Sevilla esta vez con ponerse por delante en el marcador para disipar las dudas en las que se encuentran sumidos sus futbolistas. El tiempo que duró el cero a uno en el marcador fue bastante significativo sobre la empanada mental de un grupo que no sabía si defender atrás o si arriesgar para mantener la línea mucho más arriba para no dejar salir a un rival claramente nervioso.

Pero no, las cosas no están nada claras. Muchos podrán achacar a este equipo que dio un paso atrás en ese momento, aunque en absoluto fuera así. Lo peor fue que el Sevilla no supo si acularse en torno a De Sanctis para protegerse de los ataques de un Getafe herido o, por contra, seguir con la misma disposición con la que se había situado en la cancha en el arranque del encuentro, es decir, con sus hombres adelantados y con un planteamiento tan valiente como exige la calidad de esta plantilla. La indefinición fue absoluta en un equipo que se arrugaba ante la agresividad del rival a pesar de tener ventaja en el marcador. Tal vez por ello todo se quedara entre los disparos de compromiso de Jesús Navas y Kerzhakov y una manera de defender tan inocente que permitía a los locales volver a creer en sí mismos. Bastó con una falta en el centro del campo, un simple balón colgado a las proximidades del área, un despeje endeble de Escudé y Casquero, el que buscó la pelota de verdad, se encontró con todo a favor para marcar un golazo al puro estilo de la casa, es decir, como deberían conocer los sevillistas.

Después tendría que lucirse De Sanctis en un cabezazo en solitario de Granero para corroborar que el Sevilla, este Sevilla, no es capaz de asumir ningún golpe. Afortunadamente llegó el intermedio y Jiménez planteó una nueva pelea buscando el toque de Maresca en lugar de los movimientos de Renato. Ahí sí hubo una fase más abierta con oportunidades para ambos equipos, pero cuando la moneda está en el aire siempre le va a salir cruz a este Sevilla y Dragutinovic se encargó de regalarle un gol a Albín dos minutos después de que Diego Capel fallara una oportunidad clarísima en uno de los escasos pases que dio bien Jesús Navas.

Es el sino evidente de un equipo perdedor, de un Sevilla que sale al campo sin la seguridad de otrora. Jiménez tomó entonces una decisión osada, sacó del campo a Mosquera y metió a Chevantón. ¿Medida acertada o atropello de la razón en un momento en el que se busca el todo o nada? Desde ese momento el Sevilla fue un equipo más endeble y pudo dar las gracias por el hecho de que el Getafe no lo sentenciara en una contra, pero el fútbol tiene cosas inexplicables y fueron los blancos quienes igualaron sobre la bocina gracias a ese regalo antes reseñado de la zaga del Getafe.

Aunque el Sevilla fue incapaz de conservar ese premio menor y lo peor es que parecía cantado para todos los que sienten en sevillista. Es el resultado de ir de perdedor por la vida, de un equipo que fuera de casa ya no tiene ninguna seguridad. Pero que nadie se agarre a la casualidad, porque no fue así. Carencia de agresividad, desconcentración, perder casi todos los balones divididos, falta de frescura en lo físico, escasa implicación de algún que otro futbolista, no ser cancheros... A este Sevilla le faltan tantas cosas en este momento que no es extraño que pierda hasta cuando puede ganar. Mala cosa.

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