Al saque, Nadal

  • El sorteo determina que el número 1 de España abra la final ante Mónaco, el 2 argentino · Si el balear gana, Ferrer saldrá más sereno ante Del Potro.

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Por si no fuera suficiente ventaja contar con el número 2 y el número 5 del mundo, que la pista sea de tierra batida y que en la grada animen en torno a 26.000 españoles (argentinos serán unos 1.600), encima, el sorteo de los emparejamientos también sonrió a los intereses de los anfitriones. Argentina esperaba abrir con Del Potro, que éste le buscara las cosquillas a David Ferrer y que la final entrara en un escenario inesperado, con un 0-1 que incluso hiciera dudar a Nadal en el segundo partido del pulso. 

Pero no. Será el fenómeno balear quien alce el telón a las dos de la tarde. Y eso acrecienta las posibilidades de que la final discurra por los cauces que esperan los tetracampeones de la Copa Davis. Nadal no llega en su mejor momento, su estado de forma no es el óptimo. En su talante crítico sobre el saturado e inhumano calendario que diseña la ATP se refleja que su musculatura de acero se resiente, como se vio en la pasada Copa Masters de Londres. Pero hablamos de Nadal, el gran ídolo deportivo de un país que hoy los disfruta a pares. Nadal, la fiabilidad hecha carne, sobre todo en su reino, el de la tierra batida. 

Tras el sorteo, un periodista, al plantearle una cuestión, le recordó su condición de invicto en la Copa Davis. Nadal, prudente él, no quiso rectificarle. Daba igual que el dato no fuera cierto. Perdió su primer partido en el mítico torneo de la Ensaladera, cuando debutó el 4 de febrero de 2004 en Brno ante el checo Jiri Novak. Ese día cayó en tres disputados sets sobre pista rápida. Pero desde entonces su camino ha sido irresistible: 18 victorias, no todas en polvo de ladrillo, y ni una sola derrota. 

El tercer triunfo de esa imponente racha fue de esos días que Nadal jamás olvidará, y no son cinco, ni diez, los partidos memorables que ya ha protagonizado el genio en su carrera. Sucedió en el mismo escenario donde hoy se ajustará el pañuelo sobre la frente, en la Cartuja, y fue el momento en el que entró en el corazón de todos los españoles. Batió al estadounidense Roddick, logró el 2-0 de esa final y acercó mucho la segunda Ensaladera. 

Siete años después, Nadal vuelve con diez torneos de Grand Slam, tres Copa Davis -aunque no jugara la final de la segunda- y un oro olímpico, entre otras muchas conquistas. Pero a buen seguro que el número 1 del equipo español saltará a la pista como si su palmarés aún estuviera en blanco. Él, que ejerce de español con orgullo por donde quiera que va, siempre afronta la Copa Davis como algo especial. Más si se trata de una final. Y más si percibe, como percibirá hoy, el aliento de más de 26.000 personas que acudirán desde todos los rincones de Sevilla, Andalucía y España. 

Hasta el rival será especial para Rafa. Enfrente no tendrá a David Nalbandian sino a Juan Mónaco, un buen amigo. Éste, aunque es el número 26 de la ATP cuando en 2008 llegó a ser el 14, es el argentino que ha acabado la temporada en mejor forma. Jugó la final del Valencia ante Marcel Granollers a finales de octubre y poco después cayó en los cuartos de final de París-Bercy ante Federer. Un jugador "con un alto ritmo de piernas", según Nadal, que bien lo conoce. 

Tito Vázquez, capitán argentino, confía en que el buen momento de Mónaco le dé para la sorpresa. Si no, al menos tendrá más fresco para el dobles de mañana a Nalbandian, el hombre que agarró uno de los dos puntos que Argentina sumó en la primera jornada de su semifinal ante Serbia, en Belgrado. El cordobés estuvo un mes y medio sin jugar tras sufrir una rotura en los isquiotibiales en octubre, y no está para muchos esfuerzos seguidos. Se centrará en buscar el punto de mañana con Eduardo Schwank, especialista en dobles. 

Antes de ese partido de dobles que suele contener la llave de esta singular competición, los argentinos confían en ganar al menos uno de los puntos de hoy. Y más asequible, en teoría, se presenta el partido que Del Potro librará ante David Ferrer. Más que por el rival, pues hablamos del quinto jugador del mundo, la esperanza argentina radica en el tenis que alberga el corpachón de La Torre de Tandil, un jugador que si las lesiones no hubieran lastrado su carrera, figuraría bien asentado en ese selecto grupo en el que mora su rival de hoy. 

Del Potro va a apretar, todos los argentinos van a apretar. Pero Ferrer es bravo, combativo y bueno, muy bueno. Hoy, junto a Nadal, va a salir a tope en busca de la quinta Ensaladera.

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