Entre la teatralidad y el atrevimiento

  • La primera jornada del certamen Moda de Sevilla arrancó ayer por la mañana con un desfile-'perfomance' que dio paso al homenaje, ya por la tarde, a la diseñadora Ágatha Ruiz de la Prada, quien presentó su colección Primera-Verano 2011.

A las doce era la cita para el corte de la cinta con el alcalde de Sevilla, Alfredo Sánchez Monteseirín, la delegada de Fiestas Mayores y Turismo, Rosamar Prieto-Castro, y otros personajes como la homenajeada de la jornada, Ágatha Ruiz de la Prada. De inmediato, en el Casino de la Exposición, se procedió al correspondiente discurso de las mencionadas autoridades y, a partir de ahí, todo se convirtió en una larga espera, de unos cuarenta minutos, hasta que comenzó el desfile. Un experimento en torno al concepto de performance donde se intentaba, a través de quince propuestas, realizar una reinterpretación de algunos títulos de la lírica que, honestamente, podrían, en general, haber dado más de sí. Es el peligro que se corre si no se sabe diferenciar bien la delgada línea que, en estos casos, separa el diseño de moda del disfraz.

Así, Rosa Cuervas recordó La flauta mágica con una creación azul coronada con un impresionante tocado de lentejuelas. Molina Moda hizo lo propio hacia La caballería rusticana utilizando un aire dieciochesco en un vestido donde, gracias a la seda negra, se transparentaba el pecho de su modelo. El rapto del serrallo fue, en verde -y rematado con una gran peluca blanca-, la aportación de Aurora Gaviño y, un Macbeth en apasionado rojo, amplias mangas y gran velo alrededor de la cabeza, la de Chica Cecé. Por su parte, Rocío de Porres y Claudina Claus se acercaron al recuerdo de Tosca a través de un elegante palabra de honor, confeccionado en camel y malva, adornado con gran profusión de pedrería y, Libélula Lila y María Ramos, rescataron a Aida apostando por el dorado en una pieza muy ceñida y con flecos en parte inferior.

Turno entonces para Pilar Vera la cual, inspirada por el romanticismo de la historia, hizo desfilar a una hermosa Julieta que, en busca de su Romeo, avanzó sobre la pasarela, cual novia en busca de su enamorado, de blanco inmaculado y adornada con cintas de strass en la cintura y busto. A continuación, Miguel Reyes usó un colorista tejido para su Barbero de Sevilla y, Buganvilla y Patricia Mejías, desplegaron imaginación para, con La boheme como motivo inspirador, hacer pasar su vestido, complementado con un bello guardapolvo. Daniel Carrasco ideó un elegante kimono japonés, en marfil y crudo, para Madame Butterfly; Missey, sumergida en La traviata, se decantó por un aire lencero con lentejuelas y sensual espalda y, Luchi Cabrera, realizó un auténtico ejercicio de fantasía, en negro y blanco, dejándose llevar por Don Giovanni. Por último, Juan Galocha acertó con el rojo y el gris para Rigoletto; Cañavate superpuso madroños a la pedrería de una sensual Carmen, con su correspondiente corpiño; y, como cierre de lujo, Petro Valverde se adueñó de Norma en una fantástica túnica de inspiración clásica definida por un cinturón dorado.

Ya por la tarde, Ágatha Ruiz de la Prada recibió el Premio a la Dedicación de la Moda y aprovechó para mostrarnos parte de lo que, recientemente, ha podido verse en Cibeles cara a la próxima temporada primavera-verano. Una colección, en su línea, optimista, cómoda y llena de color. Vestidos largos y cortos, amplios pantalones, maravillosas chaquetas de flores, pliegues con formas geométricas… Imaginación sin límites, con muchas terminaciones redondeadas, para la que se emplearon plásticos nacarados, tules con lurex y, sobre todo, corazones, muchos corazones para agradecer a la capital hispalense el que fue un recibimiento cariñoso y sincero.

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