Crónica del miércoles santo

Los globos de la gloria

  • Nadie se suele fijar en ese pequeño mundo que acompaña a las cofradías, ese microcosmos genial por efímero y bello por improvisado.

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Los mazos de globos, el tío del carro, las devotas, los manigueteros, músicos con las gafas alzadas mientras soplan, el tío de la caña que se ha quedado ahormando el pábilo de un codal del candelabro de cola, los artilleros de gala, los adoquines de alfombra, los claveles en el techo de palio, el farol que pide lumbre, la saeta que expira, el retablo pétreo de Juan de Oviedo de Madre de Dios que pide oraciones desde hace siglos, el azulejo candelario… Miércoles del arrabal, miércoles de calor, un calor de nuevo tolerable, miércoles de tópico, miércoles de San Bernardo, del barco de la Iglesia que prende de la mano derecha de la Virgen de los ojos claros de Nervión, fíjate en el detalle, niño, que se te escapa mientras te embobas con el teléfono, ese aparato paradójicamente llamado inteligente. Los enemigos de la Semana Santa actual no son las bullas ni las aglomeraciones, son los teléfonos inteligentes, las pantallitas, los flashes, las luces artificiales que desvirtúan una entrada. La Semana Santa nocturna está aquejada de un exceso de luz, de un abuso de grabaciones, de un tsunami de aficionados a las retransmisiones por las redes sociales que no hay mejor red que la del manto camaronero. Todos juegan a contar su experiencia más que a vivirla. Nadie se fija en ese mundo que acompaña a la cofradía, en ese microcosmos genial por efímero, bello por improvisado, que se forma en la arriá del paso de palio del Refugio, dorado a fuego el llamador, dorado más suave el de los respiraderos, dorado y plata los varales. A la gente se le va el miércoles mirando una pantalla, contando cosas que apenas han visto, consumiendo las horas, presumiendo de estar, de participar (ese dichoso verbo que licua toda experiencia religiosa), de haber sido el primero. Yo estuve allí. No lo viví, pero estuve. No lo sentí, pero estuve. No sentí emoción, la dejé escapar mientras tecleaba, pero estuve. Que se sepa que estuve.

Salida de la Virgen de Regla, de Los Panaderos. / Vídeo: Juan Carlos Vázquez

El Carmen Doloroso pasa por una Plaza de la Campana apenas poblada, marcada por su sol de castigo. Uno recuerda aquellos Viernes de Dolores, no hace tanto, en los que al paso de misterio le costaba avanzar por una calle Feria atestada de público. Uno recuerda aquello y no termina de comprender el interés desmedido por estar en la nómina de Semana Santa, pero doctores tiene la Iglesia, o debe tenerlos, cuando también nos privaron de un vía crucis tan precioso como el del Cristo de la Corona por el Patio de los Naranjos antes de ser cofradía. Los tiempos cambian, oiga.

El Cristo de la Misericordia y la Virgen de la Piedad, en 360º. / Vídeo: Antonio Pizarro

Los roedores de pipas no paran, de poco sirven las bolsas de plástico que se reparten por la carrera oficial. El cine demanda palomitas y las cofradías, al parecer, pipas. Está por estudiar, como el experimento de los perros de Paulov, la asociación entre la llegada de una cofradía y la apertura de bolsas de pipas por eso que son considerados seres humanos. Perdón, abonados de la carrera oficial.El delegado de Fiestas Mayores se afana en cerrar bares que venden lotes de alcohol en lugares de los considerados sensibles. Trabajando que es gerundio. Muerto el perro de algunos bares se acaba con la rabia de las concentraciones bebedoras a las que les da lo mismo el Cristo de Burgos de regreso que el palo central de la portada de Feria. Se trata de beber, el resultado nos da igual.

Salida de la Sagrada Lanzada. / Vídeo: M. J. López

El azahar de la Concepción está puesto a las cinco de la tarde, primer teletipo de la gozosa Madrugada, valga el topicazo. El azahar viene de Lora del Río y una pequeña parte de Santa Eufemia (Tomares). Autenticidad se llama.

El Carmen Doloroso, por la calle Belén. / Vídeo: José Ángel García

Los globos dominan el cielo, son los globos del gozo, niño, deja el teléfono y mira esos globos cómo se van detrás del paso de palio, fantasía infantil de plástico barato que se vende caro. Hay pasos de palio que piden globos, que piden agua y que piden marchas. Pasos de palio que piden balcones engalanados, marchas de Marvizón, caireles, velas rizadas en la primera tanda y, a lo lejos, camiones de Lipasam que van restaurando los adoquines. ¿Y esta Semana Santa qué pide? Pide agua de cántaros de Lebrija con abrigos de esparto y su mijita de anís. Las Semanas Santas plenas exigen dosificación si se pretenden vivir enteras. Dos nazarenos de la Lanzada caminan hacia San Martín con el fondo del azulejo del Cristo de la Exaltación de Santa Catalina, templo cerrado frente a un templo laico abierto: El Rinconcillo.

Las Piedad de El Baratillo, por Rioja. / Vídeo: Juanmi Vega

La Piedad es oro caro del Miércoles Santo, plenitud del día central de la Semana Santa. En sus filas lleva a cientos de hermanos, entre ellos a Morante de la Puebla. No hay días más taurino que este Miércoles Santo, con San Bernardo y el Baratillo. Aún se recuerda como si fuera ayer, que fue ayer, a Manolo Vázquez enseñándole a Albert Boadella el palio del Refugio en su saludo a la Candelaria, azul y plata. Y ayer Morante con botonadura roja en el Baratillo, filas de nazarenos formando sobre el albero, ambientazo en la barra de El Punto y los sones de Caridad del Guadalquivir', banda sonora de las mejores horas del Miércoles Santo gracias a que Paco Lola tuvo el virtuosismo de convertir una nana en el arranque de una marcha de Semana Santa.

Salida del Cristo de La Sed. / Vídeo: Juan Carlos Muñoz

Por el tamaño de las bolas de cera se saben los años que han pasado, las Semanas Santas que se han vivido. Por la presencia de los tíos de los globos se sabe si el sol está en lo alto o busca ya las tablas del día. La noche no es de globos, sino de bares atestados, rostros enrojecidos y veladores sin camareros que levanten los platos sucios. El jueves es festivo, la noche del miércoles se alarga. Cuando desaparecen los tíos de los globos, el día declina en sus dos caras más hermosas: el regreso de San Bernardo, acaso el recorrido más bonito de toda la Semana Santa, y la Piedad por la Avenida, acaso la única cofradía que se siente por su barrio cuando va por esta arteria grande ancha y grande de la carrera oficial. Los globos desaparecen, la gloria es efímera. Volverán los globos hoy a las salidas de los Negritos o las Cigarreras. Los globos son los barrios, la luz, la gloria en sus horas más luminosas, los brazos caídos del Cristo de la Salud, tres claveles rojos a sus pies a la memoria del cronista que vive en la gloria de una redacción celeste, oro y plata. Siempre hay un globo que se escapa como el palio que se aleja. Los globos a su albedrío son recogidos por los ángeles del cielo. Los palios que se alejan se quedan en el alma de quienes saben despedirlos con la mirada fija como al barco que se pierde en la línea del horizonte, como el palio que en lo alto del puente marca el camino hacia los días grandes. Bendito calor, benditos globos.

Salida de la Virgen de la Palma, de El Buen Fin. / Vídeo: Juan Carlos Vázquez

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