Bernardo Palomo, arte y crítica en el Pregón del Toreo Jerezano

  • Un análisis de la fiesta en Jerez desvelando las claves estéticas y artísticas de Paula

Nada menos que treinta años cumplió anoche el Pregón del Toreo Jerezano, un acontecimiento instituido por la Tertulia Taurina Los 13 y que, en este feliz aniversario, correspondió al aficionado Bernardo Palomo, crítico de arte del Grupo Joly.

El escenario, la Real Bodega de la Concha de González Byass, sede ya tradicional de este acto que se nutrió de un público fiel -a pesar de 'las motos'- al acontecimiento y al pregonero, que este año se presagiaba diferente, intenso y distinto y así ha sido, reuniendo a un gran número de amigos ávidos de que suene los clarines en el coso de la calle Circo.

La velada comenzó invocando a los duendes desde los atriles de la banda 'Acordes de Jerez' dirigida por Domingo Díaz atacando 'La gracia de Dios'. Fue el director de Diario de Jerez, Rafael Navas Renedo, quién tras las palabras de bienvenida desde la tertulia organizadora pronunciadas por Jesús Rodríguez, y tras sonar el pasodoble 'Paco Ojeda', le correspondió la presentación del pregonero, un cometido que desempeñó desde la amistad que los une, la complicidad profesional y el afecto.

Rafael Navas desveló alguna de las claves vitales de Bernardo Palomo, sus raíces familiares, taurinas, culturales y profesionales, precisamente las columnas sobre las que Bernardo Palomo iba cimentar su disertación: ¿Quién mejor que alguien con tanta sensibilidad, generosidad y tolerancia como Bernardo para hablarles de un arte a veces incomprendido e injustamente atacado que necesita de su conocimiento para ser valorado?, nos preguntaba el presentador.

Alguien capaz de armar un pregón con sólida arquitectura pero sin contemplaciones, porque la perspectiva crítica no abandonó una exposición que tras el capítulo de agradecimientos, colocó en el frontis a quien inició en la afición a nuestro pregonero, su padre, aficionado cabal "de los que iban a la plaza a sentir".

Tampoco las alusiones continuas a Jerez, modelo y arquetipo en el planeta del toro a nuestro juicio; y en ese paisaje sus figuras porque también Palomo salpicó su pieza de nombres y personalidades desde muy variadas perspectivas.

Y tras el arranque, la primera andanada -con el relato de la relación del toro con la cultura y el arte- contra los desinformados antitaurinos, una andanada dirigida a desarbolar, no a hundir porque a la vez les describió los argumentos estéticos y también culturales de la fiesta.

Jerez, el toreo jerezano, también fue objeto de análisis crítico y en esta ocasión el pregonero no fue apologista. Comparó aquellas ferias taurinas de Jerez en esplendor con lo que hay en la actualidad; toretes anovillados, corrida concurso desaparecida y aquella gran afición "excelsa y sabia" reducida.

Y al hilo los males que aquejan la fiesta, los bajonazos que sufre el mundo del toro y que no solamente provienen de los antitaurinos o de los independentistas catalanes: los políticos a quien les pidió que sigan el modelo de la Francia culta y taurina; los propios aficionados y su indolencia, dejadez, poca unión y tibias posturas; y el problema de que los jóvenes no van a los toros. La solución es la pedagogía taurina, dar a conocer a fiesta a todos.

La prensa taurina tampoco escapó del rigor crítico del pregonero: tanto de los que informan con bonancibles opiniones hasta a los veteranos matadores que comentan la lidia para quienes todo es bueno. También propone el remedio Bernardo Palomo: a los aficionados hay que ofrecerles la verdad por montera. Dedicó en este punto un recuerdo al desaparecido Fernando Carrasco.

Rafael de Paula "el torero más grande que ha dado esta tierra", fue el protagonista del nudo del pregón porque todos los valores y sentimientos que habían ido elevándose en la disertación, encajan en su figura. Para el crítico de arte es "el máximo exponente del expresionismo plástico del toreo", un torero que rompe con el continuismo como tradición que imponía gestos inamovibles y que ha creado esa estética expresionista "dentro del marco absoluto del gran toreo de siempre". Desentrañó los rasgos artísticos de un torero que produce desasosiego y no deja indiferente a nadie: el pensamiento en conmoción que acuñó Unamuno y reitera el propio Paula. Para evocarlo, dijo, el recuerdo a través de algunos de los lances de Morante de la Puebla.

No terminó Palomo sin cumplir con su cometido de pregonar la feria: la revolución de José Tomás en el cartel, carteles importantes, cerrando con un brindis por los toreros de plata y oro, de a pie y a caballo, triunfadores o que se quedaron en las puertas de la gloria, por la gente del toro como los ganaderos, mayorales, veterinarios, profesionales de la empresa, periodistas y pregonero; pero sobre todo por la plaza el toro y la afición, obligada a velar por la fiesta. Bernardo Palomo fue largamente aplaudido y muy felicitado, no era para menos.

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