Curro Díaz y Aguilar triunfan en Huercal-Overa y Caro Gil decepciona

  • La corrida de El Torero resulta buena y el cuarto es premiado con la vuelta al ruedo

GANADERÍA: Toros de El Torero, buenos en líneas generales. El 4º, "Dorado", nº 26, de pelo negro, fue premiado con la vuelta al ruedo. TOREROS: Curro Díaz, oreja y dos orejas. Sergio Aguilar, oreja y dos orejas y rabo. Caro Gil, silencio y silencio. Incidencias: Menos de media. Destacó bregando y banderilleando José Manuel Montoliu.

Curro Díaz y Sergio Aguilar abrieron ayer la puerta grande de la plaza de Huercal-Overa ante un manejable encierro de El Torero. El jerezano Caro Gil decepcionó en su reaparición.

Díaz paseó la primera oreja de la tarde merced a una labor que tuvo sus mejores pasajes sobre la mano derecha, ya que por el lado izquierdo el toro reponía con prontitud y los muletazos resultaban a la fuerza más cortos. Mató de pinchazo y estocada caída. Logró las dos orejas del cuarto, un toro de gran boyantía que fue premiado con la vuelta al ruedo en el arrastre. El animal, que cobró dos varas en el primer tercio, permitió al torero cuajar una faena plena de ligazón y largura, de notable resultado en las series en redondo, coronadas la mayoría de ellas con molinete y otros vistosos adornos. Mató de estocada entera.

Otro apéndice obtuvo Sergio Aguilar del segundo, un buen toro de El Torero. Su matador, lucido de salida interpretando verónicas y chicuelinas, evidenció después su gran momento en una faena presidida por la torería, la quietud y el buen gusto en su toreo por ambos pitones, especialmente al natural. Mató de estocada muy contraria y estocada en lo alto. Dos orejas y rabo paseó del quinto, un buen toro al que recibió de capa con lances de rodillas en el tercio. Templó y mandó muleta en mano en una labor de largas series en la que también hubo circulares, cambios de mano, toreros pases de pecho y distintos adornos que calentaron al público. Mató de estocada desprendida.

No se asentó en el toro de su vuelta a los ruedos Antonio Caro Gil. El gaditano no encontró la forma de ligar en una faena en la que siempre estuvo por encima el toro del torero. No presentó dificultades el animal, pero no hubo entendimiento entre las partes. Mató de cinco pinchazos y un golpe de descabello. Se le vio desconfiado de nuevo ante el que cerró plaza, que cobró un fuerte puyazo en el caballo. Sin convencimiento ni acople, el torero ofreció una mala imagen no estando a la altura de las circunstancias en su reaparición. Dos pinchazos, estocada perpendicular y tres descabellos.

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