Esperanza nazarena

  • El diestro Antonio Nazaré corta una oreja en el cierre de la temporada en la plaza de toros de Sevilla · Curro Díaz y Matías Tejela, de vacío · Del encierro de Pereda, bien presentado, destacó el noble tercero

GANADERÍA: Cinco toros de José Luis Pereda y uno -primero- de La Dehesilla, misma casa ganadera y encaste. Corrida bien presentada -los cuatro primeros toros cinqueños- y de juego variado. Destacó el noble tercero, aplaudido en el arrastre. El primero fue pitado y el resto silenciados. TOREROS: Curro Díaz, de rosa y oro. Estocada que asoma y seis descabellos (silencio). En el cuarto, pinchazo y estocada (saludos tras palmas). Matías Tejela, de sangre de toro y oro. Estocada entera desprendida (silencio). En el quinto, estocada corta (silencio). Antonio Nazaré, de blanco y oro. Estocada trasera muy tendida y dos descabellos (oreja tras aviso). En el sexto, tres pinchazos y estocada (saludos tras ovación). Incidencias: Plaza de toros de la Real Maestranza de Sevilla. Viernes 12 de octubre de 2012. Corrida de la Cruz Roja. Un cuarto de entrada en tarde espléndida en lo climatológico. Al término del paseíllo se guardó un minuto de silencio por el presidente de la Real Maestranza Julián Salguero, recientemente fallecido. El palco lució un crespón negro. Curro Díaz fue atendido en la enfermería de "una herida inciso contusa en región frontal que requirió limpieza y puntos de sutura, de pronóstico leve". Saludó en banderillas José Manuel Montoliú.

El cierre de la temporada sevillana, pese a la agradable temperatura inicial, resultó frío en cuanto a la entrada: tan sólo un cuarto de entrada. De la terna compuesta por Curro Díaz, Matías Tejela y Antonio Nazaré, se alzó como triunfador del festejo quien la cerraba. El diestro de Dos Hermanas, que cortó una oreja tras una espléndida faena, continúa ilusionando a los aficionados. Un torero que, tras un triunfo y caer herido en la pasada Feria de Abril, no ha contado ni con una decena de oportunidades para demostrar ese toreo profundo que lleva dentro.

Ayer, en la plaza de Sevilla, Antonio Nazaré tuvo la fortuna de encontrarse con el mejor toro de la corrida de Pereda, bien presentada y con cuatro toros cinqueños. El tercero del encierro, el colorado Triguerito, serio y bien armado, tuvo como mayor virtud la nobleza en la muleta, tras mansear de salida.

Nazaré, que ya se había marcado un quite por preciosas chicuelinas en su turno al segundo, jugó muy bien los brazos en tres verónicas y una media. La apertura de faena fue espléndida. En las afueras, siempre asentado y centrado, el sevillano se lució en una primera tanda diestra de muletazos largos y de mano baja. Rompió el público con una fuerte ovación y la música con un pasodoble. Otra serie, abrochada con un cambio de mano y un pase de pecho, fue muy aplaudida. En la siguiente imperó la quietud. Con la izquierda, brilló en un par de naturales, metiendo los riñones. Y logró una tanda de mano baja importante. Se gustó en un epílogo con bellos ayudados genuflexos. Y se tiró a matar con contundencia. Faena, sin duda, de gran calado. Algunos veían ya dos orejas en el esportón del torero. Pero la espada quedó trasera y tendida y el toro tardó en caer. Para colmo, el astado se levantó en un par de ocasiones cuando iba a ser apuntillado. Sonó un aviso. Y el público se enfrió. Fue premiado con una oreja.

Con el sexto, al que le costaba embestir y que resultó incómodo por mirón, Nazaré cumplió. La faena fue a menos en función del animal, cuando ya declinaba la tarde y envolvía los tendidos con una ligera brisa fresca que nos recordaba que estamos en otoño. Comenzó muy bien con la diestra, en una serie con ligazón muy aplaudida. Por el pitón izquierdo únicamente pudo robar algunos naturales de bello trazo. Con la espada, desacertado.

Curro Díaz abrió plaza con un precioso cárdeno, aplomadísimo y muy distraído, con el que no tuvo opción al lucimiento. Con el cuarto, un negro girón manejable, que se rajó pronto, el linarense dejó la impronta de su toreo con algunas pinceladas. Con la derecha hilvanó tres muletazos al ralentí, que fueron lo mejor de su actuación. Al matar, sufrió un fuerte golpe en la frente, que se produjo con la espada en un pinchazo previo. Tras despachar al animal, fue curado de un corte en la enfermería, de la que salió con paso marcial para incorporarse de inmediato a la lidia.

Matías Tejela, con un astado manejable, pero que fue a menos, pasó inadvertido. Al toro le faltó empuje y el torero únicamente consiguió un par de tandas diestras entonadas. Con el complicado quinto, un negro burraco de proporcionadas hechuras, el madrileño realizó una labor porfiona, cerrada con un serio arrimón, ante las embestidas descompuestas del animal.

Antes del cerrojazo a la temporada 2012 en la Maestranza, el temple llegó a cargo de un torero que nuevamente dio pruebas de su calidad y que, a día de hoy, mantiene todo el crédito y toda la esperanza para los aficionados: Antonio Nazaré.

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