Morenito de Aranda, Pérez Mota y Alfonso Oliva Soto, de vacío en Zaragoza

En tarde soleada y con poco público se lidió por Morenito de Aranda el primer toro de la tarde, que careció de fuerza aunque resultó noble.

El torero planteó una faena con muchos pases, pero en la que toreó poco, siendo lo mejor la efectividad de la estocada. Ovación para el torero burgalés.

Pérez Mota se fue en el segundo a portagayola para justificar su inclusión en el cartel. En la muleta el toro tuvo calidad, pero le costó mucho verlo al torero, que estuvo más entonado por el pitón izquierdo, sin redondear, en una faena que tenía todos los mimbres para haber hecho un buen cesto. La estocada resultó caída y hubo leve petición, pero todo quedó en una vuelta al ruedo.

El tercero resultó dañado en el primer puyazo y eso condicionó la posterior lidia, basada en muletazos sueltos y a media altura, porque si se le obligaba al toro, éste doblaba las manos. Con tan poco material, el sevillano Alfonso Oliva Soto dejó ver su personalidad y aroma de torero diferente, acabando su labor de estocada entera y tendida. Silencio tras aviso.

El cuarto de la tarde fue un ejemplar muy aparatoso por delante, que le pegó un derrote seco en el primer par de banderillas a Luis Carlos Aranda, que tuvo que entrar en la enfermería por su propio pie, donde fue atendido de una cornada envainada en el muslo izquierdo. A partir de ahí el toro se orientó y desarrolló peligro, en una faena con emoción porque el de Jaralta transmitió y humilló cuando se le bajó la mano, siempre sabiendo lo que se dejaba detrás. El torero alargó la faena y tardó en matar, necesitando dos pinchazos, media atravesada y un descabello. Fue ovacionado tras recibir un aviso.

El quinto fue un toro más suave con el que se desmonteró en banderillas Agustín González. En la muleta fue largo por el derecho, pero transmitió menos por el contrario, que es por donde insistió Pérez Mota en realizar la faena, por lo que ésta perdió consistencia. Mató de entera desprendida, que provocó derrame, antes de escuchar una ovación.

El sexto de la tarde tuvo nobleza y argumentos para realizar el toreo bueno, con el que Alfonso Oliva Soto vendió una faena un tanto acelarada y falta de apreturas, ayuna de temple y mando, pero que llegó al respetable en algún momento de la misma. Pinchó antes de cobrar una media tendida y un descabello. También recibió un aviso antes de ser ovacionado.

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