Oscuridad antes del alumbrado

VARIOS factores determinaron que la séptima de feria transcurriera sin pena ni gloria; o, al menos, con poco brillo. Como punto primordial, una corrida de Jandilla, de desiguales hechuras y comportamiento, a la que le faltó clase. Por otro lado, Manuel Escribano, que consiguió el único balance positivo en un festejo bastante plúmbeo, no remató adecuadamente una faena desigual, en la que brilló especialmente al natural. Porque el resto, apenas si tuvo interés para un público que parecía desenganchado por momentos del espectáculo, envuelto en un calor de respeto.

Manuel Escribano, de nuevo con gran pundonor y entrega, recibió a sus toros con sendas largas cambiadas frente a toriles y banderilleó de manera desigual -mejor el último par a su primer toro-. Además, toreó con el capote muy bien en diferentes pasajes. Saltó el segundo, de buenas hechuras. El gerenense, con brindis al presidente del Sevilla, José Castro, destacó en su primera faena con ese segundo, un ejemplar manejable, con cierto temperamento. El diestro brilló especialmente en un par de series con la izquierda. Cambió a la diestra y bajó la intensidad. En cualquier caso, con el público a favor, mató de estocada caída, por lo que la presidencia no le concedió el trofeo que pedía el público.

Con el manejable quinto, al que le faltó empuje y codicia, Escribano llegó a sujetar al animal que salía suelto en los lances de recibo. Pero más allá del platillo y en terrenos próximos a sol voló con gracia el capote, con mimo, en unas verónicas acompasadas. En cuanto a su labor con la muleta, no llegó a calar con la misma intensidad, con el toro a menos; salvo en unos naturales sueltos, sin ligazón, pero de caligrafía suave de un Escribano que volvió a matar al primer envite, pero con la espada caída y trasera. Hubo petición mayoritaria que no atendió el presidente, quien fue abroncado.

Sebastián Castella no llegó a medir sus trasteos. Los dilató en exceso. Incluso el público pidió que cortara en su segundo, en el que escuchó un aviso tras una faena extensa. Con el primero, un toro serio, que repetía, pero que se quedaba cortísimo, realizó una labor porfiona y sin frutos. Mató bien.

Ante el cuarto astado, un ejemplar de cuerna acucharada y que duró mucho -fue el que mejor juego dio del encierro-, hubo un comienzo explosivo de faena por parte de Castella, con los pies atornillados y con un muletazo por la espalda de infarto. Todo se diluyó en un trasteo en el que se salvaron algunos naturales sueltos.

Iván Fandiño, con el peor lote, no tuvo opción con el tercero, un manso con cierta guasa, al que recibió con buenas verónicas. Labor con mando en su inicio, que acabó salpicada con demasiados enganchones.

Con el sexto, noblote, aunque le costaba embestir, apertura de largo, con muletazo por la espalda y esfuerzo baldío en una labor basada principalmente en la diestra.

Aunque la corrida de Jandilla no fue un encierro con clase en su conjunto y tuvo problemas que resolver, la terna pudo sacar mayor provecho a los toros, especialmente Castella. Hubo oscuridad y más de un apagón antes del alumbrado, donde el público de los toros tenía puesta la cabeza.

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