La ciudad taurina que se queda sin su corrida de toros de feria

  • La Feria de El Puerto se queda sin toros en un declive consentido en los últimos años

Por segunda vez desde 2008, y merced a la pachorra municipal en la licitación, El Puerto ciudad taurina, al menos in voce, se ha quedado sin su corrida de feria.

Quema a los aficionados la ironía de que en el cartel de feria salgan las mulillas, que parece que arrastran una feria taurina que en los últimos 25 años ha quedado para eso, para el arrastre.

Barrilaro le dio la estocada en los años 90 con suspensiones, extrañas combinaciones, carteles para salir del paso y montajes. Justo Ojeda le dio la puntilla en cuanto perdió dinero al segundo intento por revitalizarla. Y Serolo ya se sabe, de la primera se libró y las cinco ferias que ha montado...

¿Qué ha pasado desde aquella feria de 1987 en la que Galloso, Paco Ojeda y Espartaco casi llenaron la plaza? Hace 25 años, en 1989, Galloso, Julio Robles -que sustituía a El Litri- y Espartaco llegaron a los dos tercios de entrada en el primer festejo del retorno de Canorea y Barrilaro tras el paréntesis de Simón Casas al frente de la Plaza Real.

Entre las crónicas de este periódico y el libro "Un día de toros" de José Manuel Rojas Guillén, podemos seguir la cuesta abajo de la feria taurina de El Puerto.

En 1990 la feria seguía por sus fueros: dos tercios de entrada con una corrida de toros del Conde de la Maza para Parada, Roberto Domínguez y Espartaco, que en su quinto año en la cumbre del toreo cortó cuatro orejas.

En 1991 bajó la cosa con menos de media entrada: Galloso, Emilio Muñoz que sustituía a Jesulín de Ubrique y Julio Aparicio. El cronista taurino dio un toque de alarma para explicar la media entrada: el alto precio de los boletos, aumento que también había padecido la Feria de Jerez.

Al año siguiente, 1991, no hubo enmienda: un cuarto con Galloso, Celso Ortega y Cristo González. Esta vez el ganado de Gabriel Rojas fue un desastre.

A la feria de 1993 vinieron Currillo, Ortega Cano y Enrique Ponce para una corrida de Peralta. Ni se llegó a la media entrada. Además para la reaparición de Currillo le tocó un cinqueño de 640 kilos. Y eso que a Currillo lo llevaba la empresa. Ortega Cano tampoco tuvo opciones y Ponce cortó tres orejas en su segundo triunfo en este ruedo.

En el año 1994 mejoró la entrada: medio aforo. Abría plaza Currillo y allí estaban Jesulín y Litri. El de Ubrique puso la plaza como un manicomio y sumó dos orejas en la corrida de El Torero.

En 1995 se animó la empresa y organizó una novillada y una corrida de toros. En la novillada de Sánchez y Sánchez hubo escasa entrada y levante. Enrique Molina, Gil Belmonte y Manuel Jiménez "Chicuelo". El triunfador fue Gil Belmonte. Al día siguiente estaba anunciada una corrida de ocho toros del Conde de la Maza para Galloso , Currillo, Armillita y Celso Ortega. Se suspendió en la misma plaza a la hora del festejo con el público asistente, un cuarto de plaza, maliciándose que el cemento era más fuerte que el levante.

También se suspendió por viento al año siguiente, 1996, la corrida de feria que era además la alternativa de Enrique Molina con Parada y José Antonio Campuzano, entonces torero de la empresa, con astados de Viento Verde. Era la tercera vez que se retrasaba la alternativa de Enriquito.

Al año siguiente 1997, con poco público, toros de Sánchez y Sánchez para Tomás Campuzano, Celso Ortega y Cristo González, que fue el triunfador. La empresa llevaba varios años ya aflojando el cartel y montando combinaciones a conveniencia.

En 1999, novillada y corrida de toros. Los utreros fueron de Juan Pedro Domecq para Marcos Cruz, El Juli y el mexicano Jerónimo. Era el debut de El Juli pero ni por esas, menos de un cuarto de plaza en tarde de mucho levante. Al día siguiente toros de Barral para Celso Ortega, Cristo González y Enrique Molina sustituyendo a Morante. Otra vez aire y otra vez menos de un cuarto.

En 1999 cartel local: utreros de Sánchez para Mulero, Marcos Cruz y Berciano y la corrida de toros también de Sánchez para Celso Ortega, Juan Pedro Galán y Cristo González y escasa entrada. Fue el último festejo de feria del ciclo Canorea y Barrilaro, y aunque no lo crean, la cosa todavía podía ir a peor. Y de hecho lo fue.

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