Un instruido Espada brilla con 'Ilustrado'

Ni una tromba de agua previa hizo mella para la celebración de la primera novillada de la Feria de San Isidro 2014, que se celebró con dos tercios de entrada y una parte importante de espectadores provistos de chubasqueros.

Muy interesante la novillada de El Montecillo, una auténtica corrida de toros en presentación, en la que destacaron por su juego los novillos primero y tercero y especialmente el cuarto, excelente, para una terna compuesta por Francisco José Espada, Posada de Maravillas y Lama de Góngora.

Francisco José Espada dejó una gratísima impresión. El fuenlabreño, de 20 años de edad y apoderado por el matador de toros retirado César Jiménez, impactó en Las Ventas con una actuación soberbia. Espada cuajó una importante faena al extraordinario cuarto novillo, Ilustrado, hondo, que propinó un tremendo batacazo al picador en el primer encuentro en varas. Trazó fenomenales muletazos por bajo con la diestra en un par de tandas. Con la izquierda dibujó naturales excelentes, de mano baja, pero muy suaves por su temple, que fueron jaleados y ovacionados. En un cambio de mano, cinceló un natural al ralentí coreado por un ¡oooleeee...! interminable. El joven torero, sensacional, mató de estocada desprendida y cobró una merecida oreja, después de que el público, también puesto en pie, despidiera con una ovación en su arrastre al novillo. Con el que abrió plaza, justo de fuerzas y noble, se había mostrado entonado en una faena basada en la diestra, brillando en una serie muy buena de mano baja. Falló con la espada.

Posada de Maravillas, que pechó con el peor lote, no pasó de una actuación discreta en su presentación en Madrid. Con el segundo, un ejemplar que embestía con la cara alta y saliendo suelto de cada pase, el pacense tuvo detalles toreros, pero le faltó poso al conjunto de la lidia. Y con el quinto, mansote, se lució a la verónica y concretó un trasteo sin peso.

Lama de Góngora cumplió en Las Ventas y gustó especialmente en su primer astado. Este tercero, un negro salpicado cargado de mansedumbre pero, a la vez, nobleza, le permitió dar una buena dimensión en una faena bien estructurada, en la que supo dosificar al animal en derechazos templados, con tres tandas ovacionadas por el público. Por el izquierdo no quiso nada el novillo. Como es habitual, Lama echó al guiso su particular pellizco de sal torera, como un pase del desprecio en el epílogo, suave y amornioso, que fue una delicia. Tras cerrar demasiado al cornúpeta dio un pinchazo previo a la estocada definitiva y todo quedó en una fuerte ovación. Con el probón y topón sexto, que derribó con peligro e hirió a la cabalgadura, el sevillano no tuvo opción al lucimiento en un trasteo porfión.

Festejo muy entretenido en el que sorprendió y del que salió triunfador un instruido Espada que se lució con Ilustrado, un gran novillo de El Montecillo.

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