El presidente suspende por lluvia en Sevilla sin contar con los matadores

  • Salvador Vega como director de lidia, Salvador Cortés y Daniel Luque, se plantan en el centro del ruedo maestrante para protestar por el anuncio de una suspensión que se había acordado a sus espaldas

La polémica suspensión de la corrida de ayer en Sevilla, en la que los toreros acusan al presidente del festejo, Antonio Pulido, de haber decidido de forma unilateral, ha sido la tercera suspensión consecutiva en La Maestranza debido a la lluvia, aunque en esta ocasión, y a pesar de que el ruedo se encontraba manifiestamente en mal estado, lucía un sol radiante, lo que quiere decir que podía haber quedado arreglado en el plazo que se había anunciado de demora, mientras el público que casi llenaba los tendidos aguardaba pacientemente.

Salvador Vega, Salvador Cortés y Daniel Luque, la terna que debía estoquear toros de Alcurrucén, después del anuncio en una pizarra (en La Maestranza no hay megafonía ni marcadores electrónicos para dar los avisos) de media hora de aplazamiento, a los veinte minutos regresaron al ruedo donde la misma pizarra comunicaba la suspensión definitiva, gesticulando los tres su desacuerdo con esta determinación.

La pizarra, que paseaba por dentro del callejón un empleado de la plaza, iba escoltada por seis agentes de la policía nacional.

A todo esto, una fuerte división de opiniones en el tendido, a donde llegaban noticias a través de los transistores: supuestamente las palmas eran de solidaridad con los toreros, que querían torear; y los pitos por la decisión de suspender.

Los tres toreros permanecieron durante un buen rato en el centro del ruedo, acercándose a ellos las fuerzas de orden público y el delegado de la autoridad, Enrique Font, que trataban de convencerles para que abandonaran el lugar.

Posteriormente, en la rueda de prensa celebrada en la capilla, los tres toreros contaron sus impresiones acerca de lo acaecido.

El director de lidia explicó que habían acordado media hora de aplazamiento para ver si escampaba. Pero antes de cumplirse ese plazo, a los veinte minutos, alguien dio la orden de que sacasen al ruedo la pizarra en la que se comunicaba la suspensión. Al parecer era cuando los toreros iban a reunirse con el presidente y la empresa para defender la celebración de la corrida, pero el presidente no quiso escucharlos.

Salvador Cortés dijo que "nuestra intención no era echar a la gente encima. Veníamos a torear y hemos pasado mucho hasta aquí, y aquí".

El más joven de la terna, Daniel Luque coincidía en las apreciaciones de sus compañeros, al manifestar que "ha sido tremenda la forma que ha tenido de recibirnos (el presidente). Ha llegado muy alterado. El piso estaba bien, no resbalaba. Y era nuestra oportunidad. Diálogo ha habido muy poco, pues en diez minutos nos ha amenazado con que nos llevaba detenidos".

Luque añadió que "tampoco la empresa ha estado por el aplazamiento. Otra fecha la hubiéramos aceptado, con la ilusión que veníamos los tres...".

Por otra parte queda la incógnita de saber si el propio presidente va a elevar alguna propuesta de sanción sobre la terna, extremos que los matadores desconocían.

Mientras los toreros esperaban el público comenzó a abandonar la plaza y en los corrales se quedó una corrida de toros de Alcurrucén, hierro de la casa familiar de los Lozano.

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