El silencio de la feria taurina de Algeciras

  • A un escaso mes de la Feria 2014 no se ha dado información sobre los carteles La unión de toreros con el flamenco y con las artistas de la copla andaluza ha sido una constante

La repetida 'plantá' metálica para la Feria de Algeciras de 2014 está casi montada en el llano pomposamente bautizado hace años como parque feria y, si además, le agregamos el calor pasado de estos últimos días nos viene de nuevo al presente la sensación de ese inmenso 'microondas' que es en definitiva en lo que han la han convertido.

Queda lejos a los que peinamos canas aquellas ferias tan bonitas, alegremente anárquicas en su planteamiento, pero irrepetiblemente algecireñas por su gracia y espontaneidad familiar de distinto diseño. Se ha perdido parte de nuestra identidad festiva, pero eso sí, se ha ganado en grandiosidad, en extensión, en ruido y en inquietantes casetas para el botellón nocturno. Dejando dicho lo irremediable, hay algo que me inquieta, es el secretismo de los responsables del Ayuntamiento, de la Concejalía de Feria y Fiestas, en la importante faceta taurina. A un escaso mes de la Feria, que no se haya dado, que sepamos, ninguna información pública, veraz, a los aficionados, será, digo yo, porque ahora no es políticamente correcto mencionar la palabra 'toros' para no molestar a la muchachada política. Se olvidan de que Algeciras fue (desde luego fue) más conocida por su Real Feria taurina que, como ahora, por su impenetrable 'reino portuario'.

Dicho esto, sin ánimo de molestar y sin cambiar de 'tercio', como estamos tan cerca de días de 'vino y rosas', de cantes y bailes, para distraer este domingo a los amigos que me leen, (que digo yo que los habrá) de como el pasado 13 de diciembre en esta página de Toros y Cultura recordaba la íntima relación de los toreros con el cante flamenco. Era cierto cuando afirmaba que el toreo era el hermano mayor de la expresión cultural del cante de la fragua y de los caminos. Recuerdo hoy con admiración cuando hace ya veintinueve años inauguraba ilusionado las Jornadas Taurinas y presentaba a mi primer invitado a ellas en el Hotel Cristina, era el eminente catedrático y jurista y dos veces ministro Don Manuel Clavero Arévalo, que me honra con su amistad.

Él, en su magistral primera conferencia exaltaba y hacía justísima referencia a la cultura de la erróneamente llamada canción española, que él reivindicaba como canción andaluza. Era, decía, "una apropiación del término", y explicaba: "Como un hecho del pueblo para el pueblo porque de la misma manera que el toreo es un hecho cultural fundamentalmente andaluz la canción de Juanita Reina, de Marifé de Triana y la de tantas creadoras andaluzas llegó a llamarse canción española, y no es que no me guste que sea española e incluso americana; pero que las raíces del fenómeno, la intensidad del fenómeno, la aportación del fenómeno, la profundidad del fenómeno, es como en el toreo por vías de ganaderías, de artistas, de protagonistas es un hecho netamente andaluz".

Una vez recordado, porque viene al caso, al ilustre amigo y jurista sevillano, 'pepeluisista' hasta las trancas, como me confesaba con gracia aquella tarde por lo 'bajini' en el Hotel Cristina. Amparándome en él, vamos a ver las estrechas vinculaciones que la torería ha mantenido como fue con el cante flamenco con las artistas de la canción andaluza a través de los tiempos y sus amoríos rocambolescos, desde aquella trágica relación del torero de Arcos de la Frontera de 1781, José Ulloa Navarro, más conocido como 'Tragabuches'.

Este gitano, valeroso torero en la cuadrilla de Gaspar Romero que murió en Salamanca en corrida de toros el 12 de septiembre de 1802, donde 'Tragabuches' tuvo que matar el toro. Un día que el gitano iba a torear, se despidió de su novia, una cupletista muy conocida como 'La Nena'. Tragabuches, a caballo, tuvo un accidente cayendo de la montura y, como era de noche, quedó muy lastimado y se volvió a su casa. Su amante La Nena, al verle, estaba muy nerviosa, no lo esperaba. El gitano, que era largo, mosqueado, buscó hasta que levantó la tapadera de una tinaja grande para el agua y allí encontró sumergido al sacristán de la iglesia, un joven, poco animoso y, allí mismo lo degolló y a la infiel artista La Nena la despeñó. Amigo como era de Juan Palomo, jefe de la partida de Los Siete Niños de Écija, a ella se unió, donde se le perdió la pista para siempre.

Pero la lista de toreros muy conocidos con cupletista y artistas es muy larga; veamos algunas de estas relaciones amorosas: Don Fernando 'El Gallo' se enamoro, raptó y se casó con la bailaora y cantante Gabriela Ortega. Después Rafael 'El Gallo, su hijo, se casó con Pastora Imperio. Joselito 'El Gallo', que tuvo varias relaciones amorosas con varias cupletistas, en especial con Encarnación López 'La Argentinita, y con ella después su cuñado, Ignacio Sánchez Mejías, durante diez años. Manuel Lalanda con Emilita Mejías, Pepe Bienvenida con Pastora Peña, Chicuelo con La' Cordobesita', Antonio García 'Maravillas' con 'Rosarillo de Triana', Cayetano Ordoñez con Consuelo Reyes, su hijo Juan Ordoñez con Paquita Rico, Félix Rodríguez con María Antinea, 'Carnicerito de Málaga' con Soledad Miralles, Antonio Márquez con doña Concha Márquez Piquer, Gitanillo de Ricla con Paquita Escribano, 'Pacorro' con Blanca Suarez, Joaquín Bernardó con María Albaicín, Julio Aparicio con Maleni Loreto, Curro Romero con Conchita Márquez Piquer, 'Paquirri' con la Pantoja, José Ortega Cano con Rocío Jurado.

Esta relación de enlaces amorosos y matrimonios no todos acabaron como el del Tragabuches; pero si dieron mucho que hablar en cada época. La pregunta es: ¿Qué misteriosa razón ha hecho posible y hace al día de hoy que los toreros estén tan ligados a esos dos mundos, dos ramas del mismo árbol de una cultura popular a los que se refería don Manuel Clavero. El toreo, el flamenco y la copla andaluza y a las que el ilustre jurista decía que España se había adueñado de ellas, el toreo como la fiesta más nacional y la copla andaluza como la canción Española; cuando eran tanto el toreo, como el cante flamenco y la canción andaluza un fenómeno fundamentalmente de profundas raíces andaluzas. Para rematar la historia, una curiosidad sobre el apodo del 'Tragabuches'. Cuentan los escritos de la época que su padre se comió en una apuesta el feto asado de una burra. ¡Por lo que se ve, entonces también habían leyendas urbanas!

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