La tarde más grande de Romero

  • Andrés Romero, acompañante de Ventura en su encerrona de hoy en Sevilla El de Escacena, ya actuó en las Colombinas 2012 como sobresaliente de a quien define como su amigo y maestro

Un solo instante lleno de decisión y torería le valió a Romero casi más que una temporada intensa llena de trabajosos triunfos por plazas de polvarea. Un quiebro, un par en su sitio y tres piruetas frente al quinto del festejo espantaron definitivamente las sombras de una tarde en la que el de Escacena hizo el primer paseíllo de su vida en La Merced. Con el rejoneador levantando una pesada tarde sin mucho toreo, y Huelva puesta de verdad en pie, esos cinco o seis minutos de oportunidad manejando las riendas de Perseo enseñaron las bondades del buen oficio del rejoneador con más proyección de futuro que ha dado Huelva.

Dos o tres citas más después de aquella tarde ratificaron la temporada más importante de una carrera corta, difícil pero intensa, a lomos de una más que decente cuadra de caballos, de la que Andrés ha sacado siempre lo mejor.

Romero no tiene pedigrí familiar de rejoneo y, además, pocas ocasiones de haberse anunciado en plazas con callejón de tablas y solera de capital de provincia. Quizás por eso ni en el cartel de seis de Sevilla ni en el de Madrid se le hayan tenido en cuenta los más que suficientes méritos que le otorgan esas sesenta y cuatro orejas y seis rabos que el de Escacena luchó con uñas y dientes para hacerse con el número 10 del difícil escalafón del rejoneo.

Pero no es menos cierto que la importancia que guarda la incipiente carrera del torero es el hecho de haberla cuajado fuera de los terrenos provinciales. Lejos de las querencias personales de quienes le siguen en el cariño y la admiración de paisanos. Triunfos, más a ley y sin facilidades, que hablan de la productividad de una buena cuadra en la que Cantú, Bambú, Perseo o Guajiro, por citar algunos, se han convertido, con el paso del tiempo, en los recursos más precisos para triunfar ante el toro. Suena bien la trayectoria de un chaval que llama a puertas que no se abren con la justicia debida, aunque de sobra sabe el de Escacena que el tiempo va a ir jugando a su favor mientras no le falte la ilusión y la cuadra siga siendo su cómplice más perfecta para contestar con la humildad precisa las oportunidades que deban presentarse.

Pero estas líneas de hoy no son de balance de temporada ni siquiera de pareceres personales sobre el futuro, sino más bien los trazos que uno quiere situar ante el primer paseíllo de Andrés Romero en la Maestranza sevillana.

No importa que los carteles anuncien como principal protagonista a Diego Ventura frente a seis toros de Bohórquez. Tampoco que junto al nombre de Romero, la leyenda de sobresaliente otorgue un plano distinto. La ocasión de un paseíllo en Sevilla es vital para que la tarde y un amigo te permitan la oportunidad de poner en suerte un toro, sabiendo que hay en el tendido aficionados con el orgullo a flor de piel porque es un torero de su tierra el que anda de romance con una tarde importante.

Andrés ya anda, en los albores de esta mañana, con sus caballos en la Maestranza. Seguro que con el sueño vencido de tanto imaginar que la tarde y el maestro le pongan en suerte la mínima oportunidad de un toro negro que embista por derecho, aunque sea para dejar con nobleza encima del albero sus condiciones de buen profesional. Con el resto de la tarde, Romero debiera paladear la ilusión de saberse querido por la gente que le sigue de cerca y que esta tarde se van a ir a la Maestranza a ver a un paisano que, lejos de ser sólo sobresaliente, lleva ya tiempo siendo un notable profesional en los ruedos del rejoneo.

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