Gabriel murió estrangulado el mismo día de su rapto

  • La muerte del pequeño fue violenta, tenía hematomas en el cuello

  • El cuerpo estaba cubierto de barro l Ana Julia es, hasta el momento, la única sospechosa del crimen

  • La autopsia aportará más datos para el esclarecimiento del caso según Interior

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Rodeado de los suyos y con el cariño de miles de almerienses, Gabriel Cruz descansará desde este martes, y por fin, en paz. Porque es difícil encontrar palabras, si las hubiera, para describir sus últimos momentos de vida. Murió de una forma cruel, despiadada. Pero, sobre todo, murió indefenso. Estrangulado el mismo día en que su abuela lo echó en falta para merendar, hace justo dos semanas. Catorce días desde que fuera tirado a un aljibe para que nadie encontrara el cuerpo.

Ana Julia Quezada, pareja de Ángel Cruz, es la única sospechosa del crimen y, hasta el momento, la Guardia Civil no baraja una posible colaboración. Aunque la investigación, todavía sin cerrar, arrojará más datos, al igual que el informe completo de la autopsia, del que este lunes se ofreció una vista preliminar.

Valentía la de los padres, que tuvieron que fingir durante varios días. Ha sido la actuación más complicada de sus vidas. La Guardia Civil ya les había comunicado que la principal sospechosa era Ana Julia Quezada. Fue antes de la concentración del pasado viernes, en la que pidieron la liberación de su 'pescaíto' mirando a la cara a la supuesta autora del crimen. "Tenía la esperanza de ablandar a Ana, pero no podía decir nada porque formaba parte de la investigación", explicó este lunes Patricia, la madre, al fin liberada de algo, aunque fuera simplemente de una parte del proceso.

Ana cayó en la trampa del minucioso trabajo del a Guardia Civil. "La matrícula de su coche ha quedado registrada en una cámara de vigilancia horas antes de que apareciera la camiseta", le dijeron. La había encontrado por su cuenta, tenía ADN de Gabriel y aunque se dijo que fue en compañía del padre, Ana la encontró tras desviarse de su pareja. Al contrario que Ángel y Patricia, la detenida se negó a proporcionar su teléfono móvil a la Guardia Civil. Se le había perdido, dijo. Luego lo encontró y se volvió a perder. Al igual que muchos datos alojados en su ordenador personal. El nerviosismo le estaba pudiendo.

Al mismo tiempo se arrojaron datos como nuevos registros de fincas privadas. Su plan podía hacer aguas. Estaba participando en la búsqueda de Gabriel por campo, pozos y minas, pero claro, entrar en fincas privadas ya era otra cosa, posiblemente porque sabía Gabriel estaba en una de ellas.

Ana tenía las llaves de una propiedad de Ángel en Rodalquilar. Había estado alquilada hasta hace dos meses, pero ya estaba libre. La detenida, que durante 12 días había pensado que ese era el lugar perfecto, decidió cambiar de lugar el cadáver tras verse rodeada.

Había picado. Y su proyecto macabro tenía las horas contadas. Estaba localizada en todo momento por los agentes de la Guardia Civil. La detuvieron justo cuando iba a introducir su automóvil en el garaje de la vivienda que compartía con Ángel Cruz en Vícar. Solo ella sabe el motivo, pero, quizás, en su delirio creyó que de esta forma ella no sería la implicada.

Según fuentes de la investigación, no habría más implicados en el crimen, queda por determinar el móvil que guió a la supuesta autora a cometer un acto desalmado que ha despertado conciencias y odio a partes iguales. Fuentes cercanas a la familia apuntan a una mala relación entre Gabriel Cruz y la detenida.

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