Satoransky o el ciclo agotado en Sevilla

  • El presidente, el director general, el director deportivo y quizás Aíto creen que lo mejor para que continúe aprendiendo sea proseguir su carrera en San Pablo con galones de capitán general.

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Dicen quienes conviven con él a diario desde hace un lustro que no seguirá en Sevilla. A él mismo se le escapó un "sí" en el programa Desde el perímetro de Radio Giralda esta semana cuando le preguntaron si descartaba su continuidad en el Cajasol. Satoransky es un hombre ya por mucho que se le quiera ver aún como un niño. Y eso significa que sabe jugar sus bazas. Puede que tenga clarísimo que se marcha y después ninguna propuesta lo satisfaga; puede que estuviera desarrollando su estrategia, sabiendo que las declaraciones tendrían recorrido, para apretarle las tuercas al club a la hora de ofrecerle la renovación; o puede simplemente que esté convencido de que se va cuando el 30 de junio finalice su vinculación contractual y en la directiva sevillana no quieran ver las indirectas que lanza ni los deseos que tiene en mente desde hace mucho, cuando era un crío.

Hablan quienes lo tratan a menudo de que el propio Satoransky piensa desde hace bastante que su ciclo en Sevilla, en la ciudad en la que ha madurado en lo personal y en lo profesional, está agotado. El presidente, el director general, el director deportivo y quizás Aíto creen que lo mejor para que continúe aprendiendo sea proseguir su carrera en San Pablo con galones de capitán general y no irse a un club potente o medio de la ACB o de Europa para perder protagonismo y minutos. Eso podría ser si el plan del base fuera a medio o largo plazo con vistas a dar el salto a la NBA en una o dos temporadas, su reto, su obsesión.

Satoransky sabe, o debería ser así, que está verde para competir en Estados Unidos, aunque sí tiene claro que en la travesía que lo llevará a alguna franquicia americana -puede que no sea a los Wizards- quiere probar antes la Euroliga, medirse a la élite continental, mantener el sacrificio en el trabajo para aprovechar la oportunidad de deslumbrar en un lugar al que apuntan todos los focos y no en el Cajasol, sencillamente por estimar que se le ha quedado pequeño.

El desenlace se sabrá en semanas o meses, pero aún tiene la misión de dar la sorpresa en los cuartos al rival que sea y liderar a su Cajasol a semifinales.

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