La apuesta ganadora

  • La paciencia del consejo con Mel obtiene su premio, igual que el curso anterior · El carisma y la valía del técnico, lo más decisivo · El fichaje de un central se antoja clave.

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Un punto obtenido de 30 en disputa. Cuatro goles a favor y el cuádruple en contra, 16. A semejantes guarismos, si bien atenuados porque en ningún instante el equipo holló la zona de descenso (ni siquiera de forma virtual en esas absurdas clasificaciones sabatinas incompletas), ha sido capaz de sobrevivir Pepe Mel, el entrenador del Betis, un hombre que ha logrado el milagro de que las sensaciones prevalezcan, de que el aspecto cualitativo tenga un peso mayor que el cuantitativo.

Si ya el discurso del presidente de la entidad, Miguel Guillén, resultó taxativo, la victoria épica y última ante el Valencia desterró la crisis en sólo tres minutos, los que fueron del primer al segundo gol de Rubén Castro.

Después de casi mil minutos de fútbol, de tantos sinsabores, uno solo ha servido para cambiar las percepciones de manera absoluta. Y lo que ahora percibe el bético es que tiene entrenador para rato, que el proyecto sigue en marcha. Y el equipo, que por fin afrontará la ida copera en Córdoba y el partido próximo de Liga en el Vicente Calderón con el rival más urgido de ganar ante los suyos que el propio Betis.

Y es que no sólo Mel se ha quitado un problema de encima. Los futbolistas verán aliviada la carga de presión y los mandamases podrán seguir en su tarea de hacer números y preparar la asamblea del 22 de diciembre. Eso sí, sin olvidar hacerles ver a los administradores concursales que la plantilla necesita al menos un defensa central como refuerzo, que parches ya se pusieron en verano.

La economía

En la calle está que el consejo de administración ha mantenido a Pepe Mel en su cargo porque su despido, si el equipo no está en descenso una serie de jornadas, resulta excesivamente costoso al tener firmado el técnico tres años de contrato. Algo de eso hay e incluso tras la derrota ante la Real Sociedad dio la impresión de que el técnico era casi invitado a presentar la dimisión. Pero por encima de ello, prevaleció el aura del propio entrenador.

Mel, un ídolo

En una plantilla carente de un futbolista idolatrado que aglutine a la hinchada, y eso que Rubén Castro contribuyó al ascenso con 27 goles, es el propio entrenador el que más fervor de la grada concierta sin ningún género de dudas entre el beticismo. Sin ir más lejos, en el partido frente al Valencia se oyeron los habituales gritos en favor de Pepe Mel incluso en los momentos delicados.

El público jamás bajó el pulgar y se mostró fiel a un hombre que ha dotado al equipo de un estilo de juego, de un sello propio que, además, gusta y que siempre se adoba de un mensaje sensato, más allá de que haya podido tener algún rifirrafe dialéctico esporádico con periodistas. Ese carisma indiscutible de Mel, incrementado por el beticismo que abrazó en su etapa de jugador, se ha revelado en estos momentos de zozobra como su mejor aval para la continuidad en el banquillo.

El papel del consejo

Hay que empezar por consignar que Rafael Gordillo, aunque en la teoría es sólo el presidente de una Fundación que a la fecha no se ve por ningún lado, en la práctica tiene poder decisorio en el club. Es como si fuese el brazo deportivo de José Antonio Bosch, el hombre fuerte, que se abstiene en todo lo que concierne a Pepe Mel tras los episodios vividos por ambos en el pasado.

Gordillo se hace acompañar siempre de Vlada Stosic, el director deportivo, que viaja habitualmente con el equipo. La triada la completa el presidente, Miguel Guillén, más proclive a Mel que los dos anteriores, sobre todo que el serbio, cuya relación con el técnico que iba de menos a más sufrió una dura regresión tras instarlo aquél a "trabajar más la táctica". Con todo, fue cuestionar a Mel y salir más que cuestionado el serbio, de ahí que nunca se sintiese con fuerzas de dar ese golpe encima de la mesa que Guillén nunca quiso dar, que Gordillo tampoco se atrevió porque se siente a gusto en la sombra y que otro consejero, como León Lasa, supo atemperar el día que Mel estuvo en un tris de ir al paro, hace una semana en Pamplona. En el curso pasado, el consejo aguantó una racha de cuatro derrotas y un empate. Fue más sencillo.

Hay equipo

La razón principal fue que la plantilla siempre demostró estar con su entrenador y que sus resultados en esta etapa crítica estaban muy por debajo de su fútbol y de sus ganas. Lo acontecido el sábado al filo de las diez de la noche confirma la absoluta comunión de todos los miembros de la plantilla. Más allá de declaraciones (rara vez un jugador hablará mal de un técnico mientras éste aguante), fue evidente que el vestuario del Betis es hoy una piña.

El estilo

Podrá decirse que Mel abandonó sensiblemente su forma de jugar en Cornellá o Pamplona, pero no es menos cierto que habría que ver qué hacen otros entrenadores ante tanta derrota, ya que difícilmente aguantan una mala racha así. La búsqueda de soluciones se antojaba necesaria y la mejor forma de reafirmarse en unos principios se ha demostrado que puede estar en comprobar que de nada sirve la infidelidad a ellos.

Un fichaje

El Betis sólo es superado en goles a favor de forma clara por los cuatro primeros clasificados, pero sí encaja más goles que varios equipos de abajo. Aquí las sensaciones, además, abundan en lo que dicen los números: el problema del Betis es defensivo. El fichaje de un central en el mercado ya no lo niega casi nadie.

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