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Por fin acaba el escarnio

  • El Betis cierra el peor ejercicio de la contemporaneidad sin jugarse nada ante Osasuna, ya que hasta la dignidad se dejó en el camino. Los navarros, 14 años ya en Primera, se juegan la vida.

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Por fin acaba el escarnio, menos mal que se pone de una puñetera vez final a la vergüenza, a la afrenta... El descenso quizá más ominoso que se recuerda en la centenaria historia del Real Betis Balompié echa hoy el telón en medio del oprobio y el descrédito. La infamia de una caterva de incompetentes y la impericia de otros, unida a la anuencia de los pelotas de turno, los mismos que hoy ven en un sexagenario al nuevo salvador del Betis, han desembocado en lo que hoy se certificará a eso de las ocho de la tarde en Pamplona. Por desgracia, se consumó hace ya tiempo, más del deseable, pero será hoy, a esa hora, cuando el Betis se convierta, oficialmente, en equipo de Segunda División, si los impagos o el espíritu de Irigoyen no lo impiden, que parece que va a ser que no. No hay más.

Es el epílogo a un curso preñado de errores y llega, además, para que a los béticos les dé hasta grima poder ver cómo Osasuna, que se juega hoy la permanencia, podría descender tras 14 temporadas seguidas en Primera División. El Betis, en su dilatada trayectoria desde 1907, no logró estar más de diez, en los dorados años ochenta.

Ahora no ha durado más que tres temporadas tras el brillante ascenso conseguido de la mano de Pepe Mel en la campaña 10-11. Tan cerca, tan lejos, según se mire o se quiera mirar.

Cuando al fútbol, porque no hay calendario que lo evite salvo que fuese siempre a eliminatoria pura, le llega este turno final para la zozobra de muchos que ya no se juegan ningún logro deportivo, se apela a la dignidad. El tercer entrenador del curso, Gabriel Humberto Calderón, se llevó semanas con ese vocablo en la boca e incluso de vez en cuando aún lo esputa, aunque ya sin duda sabedor de que hasta eso se ha dejado su equipo en una singladura preñada de partidos toscos, laxos y con algunas acciones puntuales incluso sospechosas. Porque digno para el Betis es competir desde el primer partido hasta el trigésimo octavo, sin mácula, y acabar en un puesto acorde a su presupuesto, su masa social y su historia. Ni esa quimérica plaza europea que vendieron Bosch y Guillén en los albores de la Liga ni ese execrable farolillo rojo que ocupa desde diciembre sin remisión.

Por eso lo de esta tarde en El Sadar no vale ya para nada y la prueba está en el castigo de la afición verdiblanca, con su ausencia, la pasada jornada en casa frente al Valladolid.

Hablar de quién va a jugar este partido o de quién va a quedarse en el banquillo suena a cachondeo. Jugarán los que diga Calderón y no es de esperar que ningún futbolista se enfade por quedarse fuera de la alineación. Más al contrario, seguro que más de uno agradece no tener que verse inmerso en cualquier jugada que pueda desatar la especulación de alguno de los otros equipos implicados en el descenso.

Las intenciones de Osasuna son diametralmente opuestas. Los rojillos saldrán con ganas, a avasallar y lograr un gol rápido que los tranquilice, toda vez que los nervios por su delicada situación son lo único que puede sacarlos del partido y abrirle alguna vía a un Betis que, eso sí, saldrá con la mínima presión al terreno de juego del conjunto pamplonica.

Eso sí, aunque en Heliópolis, una situación análoga se dio con el Valladolid y casi sin querer los verdiblancos aprovecharon la endeblez y la laxitud defensiva de los pucelanos para lograr una victoria después de seis derrotas consecutivas, una de las numerosas marcas negativas cosechadas esta temporada.

Si las dudas en la alineación de Javi Gracia se antojan numerosas, toda vez que en Montjuïc el equipo no dio la talla, en el Betis apenas se atisban un par de ellas o tres. Pero qué más da si juegan Perquis o Paulao, Matilla o Salva Sevilla, Cedrick o Vadillo. ¿Va a cambiar algo? El único aliciente reside en ver si el joven Pedro, que debutara unos minutos frente al Valladolid, ocupa la portería de salida, aunque se antoja más que complicado. Otros dos chavales del juvenil, Pibe y Pozo, podrían tener una oportunidad y aumentar el prolijo número de debutantes del curso y, por qué no, ilusionar al bético con lo que puede ser su equipo la próxima temporada.

Es la única esperanza verdiblanca ya, la que empieza a encauzar el fichaje de Alexis por más que las puedan oscurecer las aviesas nubes que bajan desde tierras palmesanas. Porque hoy, a eso de las ocho de la tarde, se le echa el telón a la ignominia y se inicia el futuro con una asignatura pendiente, la anunciada marcha, aunque progresiva de los consejeros. Porque aquí siguen mandando los mismos, sólo que Estepa ha callado a las plataformas y con Serra es capaz hasta de sellarles la boca. Ruina.

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