El debate arrancó en la acera de enfrente

  • Iglesias y Sánchez sorprendieron a las cámaras que retransmitían su llegada en directo al cruzar la avenida para saludar a un grupo de manifestantes de RTVE.

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Si en la política cada vez cuenta más el espectáculo en vez de la idea, en un cara a cara televisado es la anécdota y no el discurso lo que marca la diferencia entre el vencedor y el perdedor. Nixon sudó y perdió frente a un juvenil Kennedy. George Bush miraba al reloj mientras Bill Clinton se levantaba de su taburete y atrapaba a la audiencia con sus promesas. Pero Spainis different incluso por la tardía integración del debate electoral a su normalidad democrática. Y no sólo porque por primera vez en su historia los cabezas de lista de los cuatro principales partidos se enfrenten al veredicto de las cámaras. Sino porque el espectáculo arrancó con la llegada de los líderes al Palacio Municipal de Congresos de Madrid, retransmitida en directo por varias cadenas cual alfombra roja de los Oscar.

Cumpliendo el orden a la inversa de su representación parlamentaria, el candidato de Ciudadanos, Albert Rivera, fue el primero en acceder al recinto, adonde llegó a a pie en torno a las 21:00. Rivera se presentó vestido de traje azul y camisa blanca sin corbata, acompañado de su vicesecretario general, José Manuel Villegas, el secretario de Comunicación del partido, Fernando de Páramo, su jefa de gabinete, María Castiella, y su responsable de comunicación, Daniel Bardavio.

Apenas cinco minutos después, llegaba el turno del cabeza de lista de Unidos Podemos, Pablo Iglesias, escoltado por el secretario de Política del partido, Íñigo Errejón, el secretario de Relación con la Sociedad Civil y Movimientos Sociales, Rafael Mayoral, y su jefa de gabinete y diputada por Madrid, Irene Montero. Iglesias, que vestía una camisa blanca arremangada y sin corbata y con unos pantalones vaqueros, rompió el protocolo y sorprendió a los reporteros gráficos y a los miembros de la Academia de Televisión que le esperaban en la puerta del Palacio de Congresos, al cruzar la avenida Capital de España, de seis carriles y una fuente en la mediana, perseguido por el zoom de la cabeza caliente instalada por la Academia de la Televisión para saludar a un grupo de trabajadores de RTVE que se manifestaban con varias pancartas en las que se podía leer RTVE pública, salvemos lo público. Y antes de entrar en el camerino, se detuvo para atender a varios reporteros que emitían en directo su llegada.

En torno a las nueve y diez de la noche entró en el campo visual de las cámaras el secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, vestido con el traje azul y corbata roja que ha utilizado anteriormente en las grandes ocasiones. También dejó fuera de los flashes su vehículo y realizó a pie los últimos metros de la mano de su esposa, Begoña Gómez, como ya hiciera en el cara a cara de diciembre con Rajoy. También le acompañaban su hermano David, la directora de Comunicación del PSOE, Maritcha Ruiz, el jefe de gabinete del líder socialista, Juanma Serrano, y su jefa de prensa, Verónica Fumanal, además de sus inseparables César Luena, coordinador de la campaña, y su responsable de Estrategia, Óscar López. Al igual que Iglesias, el candidato socialista se desplazó al otro lado de la avenida para escuchar a los trabajadores de la televisión pública, a los que dio un fuerte apretón de manos y mostró su solidaridad con las quejas.

Mariano Rajoy ha hecho de la previsibilidad uno de los ejes de su campaña. Y previsible fue su aparición en el Palacio de Congresos. En coche oficial hasta la misma puerta, el líder del PP llegó a las 21:30 vestido con un traje oscuro y corbata gris y acompañado por el director de campaña y jefe de gabinete de La Moncloa, Jorge Moragas, y el sociólogo de referencia del Partido Popular, Pedro Arriola. Y no sorprende que fuera el único de los candidatos que no hizo comentarios ante los reporteros. Con más de treinta años de experiencia en política, sabe que los debates no se ganan. Se pierden.

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