Los economistas prefieren el Gobierno de amplia base

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Detrás de las palabras hay tesis complejas, y los economistas están dispuestos a seguir bautizando términos para simplificar ideas. Buena práctica. A continuación citaremos cuatro de los más utilizados en la conversación que los seis economistas que, habitualmente, escriben en este diario mantuvieron con el Grupo Joly. Viento de cola. Éste es el primero: la economía española avanza porque la impulsa un magnífico viento de cola, una fuerza externa que impulsa a la nave, aunque ésta vaya mal de combustible, carezca de piloto o sea un cancarro. El viento viene motivado por precios excepcionalmente bajos del petróleo; una política monetaria que ha dado todo de sí, con intereses a ras o por debajo de suelo; un buen cambio del euro, e incluso un crecimiento anormal del turismo. Vamos a por otra: estancamiento secular. La economía mundial está plana, ha salido de la gran recesión, pero hay grandes amenazas, no se invierte y la repercusión de la política monetaria expansiva no se traduce del todo en los grandes bancos. Las herramientas fiscales y monetarias están agotadas. Otra: financialización. Los economistas sonríen ante este término de aromas marxistas, pero lo cierto es que uno de los grandes problemas de nuestro siglo es el tremendo peso de la economía financiera sobre la productiva.

Así, y que en resumen, tenemos una economía española que va más o menos bien, pero por el buen viento de cola, y una mundial que peca de un estancamiento secular, entre otras razones, porque la financialización no favorece la inversión. Cogidos de un hilo. ¿Y la andaluza? "Pues más o menos como la española, pero mucho más menos".

Los seis economistas mantienen una conversación de cerca de dos horas, a veces se pican -las bondades de la flexibilización del mercado laboral es uno de los motivos- y otras asienten. Pero a escasos días de la repetición de las elecciones generales no queda otra que ahondar en los efectos de esta crisis parlamentaria y las opciones de formar Gobierno para salir de ella después del 26 de junio.

Rogelio Velasco: El efecto de la incertidumbre política se ha medido entre el 0,3% y el 0,4% del PIB, pero seguramente es mucho mayor. Y a ello habría que sumar el coste de no adoptar las decisiones que se tendrían que estar tomando.

Grupo Joly: Todos coincidís en el efecto perjudicial del parón político, pero es posible que el resultado del 26 de junio no vaya a ser tan aclaratorio o que desemboquen en fórmulas inestables.

Francisco Ferraro: Lo óptimo es que se pudiera formar un Gobierno de concentración para ejecutar las grandes reformas, por ello más que un gran riesgo veo una gran oportunidad en estos momentos, aunque es verdad que es algo que no se ha aprovechado en estos meses.

Fernando Faces: Sí, creo que lo mejor sería un Gobierno de amplia base, desde la derecha hasta la izquierda.

Joaquín Aurioles: Nuestro modelo parlamentario no está siendo capaz de traducir la compleja proyección social que tenemos, quizás sea el momento de abordar estos cambios y, en este sentido, no se debe descartar la opción de introducir las dos vueltas en las elecciones.

Rafael Salgueiro: No es que esté en contra de la gran coalición, es que creo que no serán capaces de ponerse de acuerdo en ello.

José Ignacio Rufino: La biodiversidad política española ha traído dos hechos: la tremenda soledad del PP y la metamorfosis de los partidos para acceder a esos segmentos electorales que aún están en disputa, de ahí, por ejemplo, el keneysianismo mágico de Podemos. Pero lo cierto es que los partido tradicionales no tienen pegada. Una opción para resolver el acuerdo de la gran coalición sería repartir la legislatura en dos años uno y dos años otro.

Gumersindo Ruiz: Las soluciones parciales no son válidas, sería bueno un partido que pudiera formar mayorías en torno a una coalición.

Rogelio Velasco: Una coalición de mayorías puede gobernar, el que no puede gobernar es un partido en minoría.

José Ignacio Rufino se ha referido al keneysianismo mágico de Podemos, otros emplean términos más duros. "El peor escenario es un Gobierno encabezado por Podemos", explica Ferraro. Y sigue Aurioles: "Encabezado por Podemos y que haga las cosas que nos tememos que vaya a hacer, no las que dice que hará".

El programa económico de los morados incluye un aumento del gasto público de 60.000 millones de euros en cuatro años. La propuesta no les merece ninguna garantía, básicamente porque España se sitúa justo en el lado contrario, aún no ha sido capaz de controlar el déficit público para llevarlo hasta el 3% y Bruselas le ha perdonado una multa por incumplimiento por razones políticas. Sólo por eso, el nuevo Gobierno, sea el que sea, debe ajustar 8.000 millones de euros en los próximos dos años.

Grupo Joly: ¿Y bajar los impuestos como propone el PP?

Rogelio Velasco: La propuesta de rebajar ahora el IRPF no es seria cuando el déficit está en el 5%. Es una falacia populista, aunque yo tampoco abogaría porque se incrementasen. Es verdad que el esfuerzo fiscal medio de los españoles es menor que el de otros países europeos, pero está muy mal repartido, los que trabajamos por cuenta ajena sí pagamos mucho.

Fernando Faces: Antes de reducir los impuestos, hay que reducir los gastos en la Administración, y no me estoy refiriendo a los de educación o de sanidad, aún hay un tremendo filón en las administraciones y esto es algo que no se ha tocado.

Rogelio Velasco: Nuestra estructura política administrativa es excesiva, pero es que además tenemos un problema de reparto. Yo sí contrataría a más inspectores fiscales, y que saliesen a la calle, y doblaría el servicio exterior. O mejoraría el gasto de Defensa, que es ridículo, y todos sabemos los riesgos históricos que corre un país con ello. Pero tenemos una administración de cuatro niveles, y eso nadie lo tiene. Y un exceso de legislación.

Francisco Ferraro: Hay más empleados públicos, se han anulado pocas empresas públicas y los ayuntamientos siguen creando empresas.

Joaquín Aurioles: En efecto, hay que retomar las reformas estructurales, pero hay que admitir que todas las reformas que se han hecho siempre tenían el mismo cariz social. Todas, mientras no se ha tocado la estructura institucional.

Fernando Faces: El problema es que no podemos hablar de reformas estructurales porque el término se ha contaminado, es terrible. Y hay reformas que no cuestan ni un duro, como la de unidad de mercado...

Y entonces comienzan a citar más ejemplos: la liberalización de los servicios, farmacias, notarias, las reformas institucionales, la de la justicia

Francisco Ferraro defiende la propuesta del último informe anual del Banco de España, donde se solicita una relajación del contrato del trabajador fijo para aumentar el empleo.

Francisco Ferraro: Lo apoyo, pero se levantó una oleada de indignación en los partidos de izquierdas y la puesta de perfil de Ciudadanos y del PP.

José Ignacio Rufino: No creo, de verdad, que el contrato indefindo sea ya un problema, éste no es un problema en las empresas. Y se ven casos muy graves, que rozan lo degradante. Lo que la izquierda ha propuesto, Podemos en concreto, es repartir el empleo público porque es el indefinido. Menos horas, menos salarios y más empleados.

Francisco Ferraro: La reforma laboral y el proceso de devaluación interna que vino con el ajuste se ha traducido en un aumento del empleo, ha sido un proceso positivo con independencia de que, como dice José Ignacio, hay casos singulares que pueden ser degradantes. Y subimos porque hay más empleo y, con ello, más consumo de las familias. No hay otro modo de reducir la tasa de paro del 20%, o del 30% en Andalucía, que sea mediante una flexibilización del mercado laboral.

Gumersindo Ruiz: No puedo estar en más desacuerdo con esa afirmación. Es más, estoy a favor de que el Estado sea el empleador de último recurso cuando todo lo demás falle, como ocurre con la educación o con la sanidad.

Rafael Salgueiro: Vengo de oír a Pedro Sánchez y ha explicado que su reforma laboral consiste en volver al Estatuto de los Trabajadores de principios de los años ochenta...

Grupo Joly : ¿Cómo véis la economía nacional? ¿Saliendo aún?

Rogelio Velasco: Estamos creciendo al 3% gracias a una política fiscal expansiva, porque el déficit es del 5%. Pero se basa en un modelo que no es sostenible a largo plazo, porque nos estamos beneficiando de causas externas que pueden variar. No hacemos lo que sí ha hecho Alemania o Suecia, que son economías de oferta, que venden mucho en el exterior y que tienen una gran capacidad para traducir los avances tecnológicos en su economía productiva. No sólo el avance tecnológico, el crecimiento viene de la utilización masiva del conocimiento.

Joaquín Aurioles: El viento de cola es excepcionalmente bueno.

Francisco Ferraro: En el contexto internacional hay un estancamiento secular, marcado por un nivel de apalancamiento alto, tanto público como privado; una contracción en el comercio, que aunque se ha recuperado frente a la crisis, ha bajado, y una baja productividad. Aun así, y a pesar de todo esto, se crece en torno al 3,2% o al 3,3%, de modo que no son datos complacientes, pero no son para ahondar en la alarma.

Joaquín Aurioles: Lo que tenemos es un aumento récord de los desequilibrios, de déficits y superávits; unos bancos con graves problemas de gobernanza y de fachada ética, y quizás sea ahora el momento en que la Unión Europea deba definir con claridad cuál debe ser su futuro.

Rafael Salgueiro: Creo que, para Europa, es inexcusable el TTPI. Estados Unidos sigue siendo el centro del mundo por muchas razones, no lo va a dejar de ser por mucho que se hable de China. Si se desengancha del tratado, demostraríamos que somos los más despistados del planeta.

Rogelio Velasco: Me pregunto qué se podría hacer en caso de otra crisis, porque todas las políticas están ya al límite, lo están los tipos de interés, lo está, casi, la política fiscal, y esto no termina de canalizarse adecuadamente. Después, está el problema de los bancos y es que la banca, tal como la concebimos en estos momentos, no es viable con esos tipos tan bajos. Y, por otra parte, hay un tremendo desequilibrio en Europa. Los países escandinavos, Alemania y Holanda están teniendo crecimientos muy prolongados, mientras en el sur se está estancado.

Fernando Faces: Estamos ante un cambio de era, los mecanismos de antes no funcionan correctamente, es desconcertante y esto nos lleva a una escasa visibilidad sobre el futuro. Es esta fragilidad lo que provoca el freno de la inversión, no se está invirtiendo, ni aquí ni en Estados Unidos. Es la inseguridad frente al futuro lo que frena la inversión, y esa es una de las grandes causas del estancamiento secular. También están los problemas de los bancos, la baja productividad, hay una extraordinaria financialización de la economía, pero lo cierto es que no se invierte. Por eso las políticas de los bancos centrales no se dejan notar cómo deberían, eso provoca una gran impotencia, de modo que este tema no está resuelto y nadie puede asegurar que haya otra segunda gran depresión a la vuelta de la esquina.

Gumersindo Ruiz: Apuntaría que hay otro problema, que pasa desapercibido, pero es muy grave, y es el demográfico, que se ve en Europa, pero también en países en desarrollo. No es sólo el problema del envejecimiento, sino de falta de empleo entre la gente joven.

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