contrabando

Muerte en la frontera de Melilla

  • El oficio de porteador entre Marruecos y España es arriesgado. Las avalanchas humanas que se forman en los pasos fronterizos se han cobrado numerosas vidas, como ocurrió el pasado 22 de enero en Melilla.

Tenía 39 años, nunca se divulgó su nombre, era marroquí y trabajaba de porteador, es decir que introducía de contrabando en Marruecos, a través de la frontera de Barrio Chino, mercancías compradas en Melilla. El lunes 22 de enero, a las 07:20, se produjo una de esas avalanchas humanas tan frecuentes en los pasos fronterizos de Ceuta y Melilla. La delegación del Gobierno en esta última ciudad la describió como una "tromba" de personas que "llegaron prácticamente rodando a los tornos”"de acceso al lado español.

De ese amasijo humano los agentes de la Policía Nacional lograron extraer a tres hombres heridos, uno de ellos él, el casi cuarentañero. Los propios policías le practicaron los primeros auxilios al tiempo que cerraban el paso fronterizo, siempre según la versión oficial. Él estaba en parada cardiorrespiratoria cuando llegaron los servicios de emergencia. Lograron reanimarle y trasladarse al Hospital Comarcal de Melilla donde, sin embargo, falleció al poco tiempo.

El vídeo aquí colgado, un documento inédito elaborado a partir de varias grabaciones de testigos presenciales que hasta ahora no habían salido a la luz, corrobora la versión de la delegación del Gobierno en Melilla especialmente en lo concerniente a la actuación policial. Del lado marroquí de los tornos hubo también heridos, 11 según Omar Naji, responsable local de la Asociación Marroquí de Derechos Humanos, algunos de los cuales necesitaron atención hospitalaria en Nador. Las autoridades marroquíes no proporcionaron, sin embargo, ningún balance o una versión oficial.

Ese hombre cuarentañero fue la primera víctima mortal en esa frontera de Melilla desde que hace casi diez años, en noviembre de 2008, falleciese allí mismo asfixiada Safia Azizi, otra porteadora. Heridos sí hubo unos cuantos a lo largo de la última década. El balance es peor en Ceuta. El 15 de enero dos mujeres porteadoras fallecieron a causa de una estampida en el puesto fronterizo del Tarajal. A lo largo de 2017 murieron otras tres.

Porteadores en un torno del paso fronterizo de Melilla. Porteadores en un torno del paso fronterizo de Melilla.

Porteadores en un torno del paso fronterizo de Melilla. / M.G.

Porteadora -la mayoría son mujeres- es un oficio arriesgado. Cobran no solo en función de las mercancías que transportan y de su peso, sino también del número de veces que a lo largo de la mañana consiguen introducir sus bultos en Marruecos. De ahí que estén siempre corriendo y que se produzcan esas avalanchas humanas.

El Gobierno español indicó hace, un año en una respuesta al senador Jon Iñarritu de Bildu, que en la frontera de Ceuta trabajaban entre 12.000 y 15.000 porteadores que la cruzan varias veces los días laborables mientras que en la de Melilla eran tan solo entre 3.000 y 5.000. A causa de ese trasiego ambas fronteras son las más transitadas de África.

El dato proporcionado por el Gobierno es algo sorprendente porque según las estimaciones españolas el volumen del contrabando con Marruecos desde Ceuta apenas supera al de Melilla. Entre ambas ciudades autónomas rebasaría los mil millones de euros anuales, pero las autoridades marroquíes elevan su cálculo hasta los 1.500, el equivalente, por ejemplo, de las exportaciones de España a Australia.

Hace un cuarto de siglo el "comercio atípico" con Marruecos, como lo llaman las autoridades de Ceuta y Melilla, tenía más sentido económico porque se exportaban muchos productos de alto valor añadido (electrodomésticos, cadenas hifi, televisores) cuya importación legal en Marruecos estaba muy gravada. Ya no lo están porque Rabat acabó en 2012 de desmantelar sus aranceles con la Unión Europea. Hoy en día transitan mayoritariamente por esas fronteras mercancías fabricadas en Asia, sobre todo en China, de escaso valor y calidad.

La función del contrabando consiste ante todo dar trabajo a varias decenas de miles de marroquíes; permitir a Marruecos ahorrar divisas porque en Ceuta y Melilla los pagos se pueden hacer en dírhams, la moneda marroquí; fijar en la provincia rifeña de Nador, colindante con Melilla, a una población procedente de otros lugares de Marruecos para diluir así sus características; y, por último, probablemente blanquear parte del dinero que genera a ambos lados del Estrecho el tráfico de hachís (9.750 millones de euros, según una estimación de Naciones Unidas).

El contrabando es también una fuente de ingresos para los aduaneros, policías etcéteras marroquíes destinados en la frontera. Para atravesarlas los porteadores les dan propinas que varían en función del tamaño del bulto que trasladan y de su contenido. Hace ya 15 años el semanario marroquí “Al Ayam” calculó que los funcionarios allí destinados se embolsaban al año unos 90 millones de euros. Por esas mismas fechas otro semanario de Casablanca, “As Sahifa”, indicaba que “en Bab Sebta [la frontera ceutí] y en el puerto de Tánger hay puestos de responsabilidad que se venden a un precio elevado (…)” entre aquellos que reúnen las condiciones para poder desempeñarlos. En los últimos años no ha habido ninguna nueva estimación de lo que suponen esos bakshish (gratificaciones) para los uniformados que trabajan en los puestos fronterizos.

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