El temor a hipoglucemias complica el control de las personas con diabetes

  • Los especialistas reunidos en el Congreso Europeo de Diabetes abogan por concienciar y educar al paciente para conseguir un buen manejo de su enfermedad y evitar riesgos a medio y largo plazo

El Congreso anual de la Asociación Europea para el Estudio de la Diabetes (EASD-2012) recién celebrado en Berlín, ha servido de recordatorio de ese gran reto sociosanitario que supone esa enfermedad crónica causada por el exceso de glucosa en la sangre. La preocupante situación que se dibujaba desde hace varios años ha empeorado gravemente: la cifra de 366 millones de personas con diabetes estimada para 2030 se ha alcanzado ya en 2011, lo que ha hecho revisar las previsiones para estirarla hasta superar los 550 millones.

También en nuestro país se han disparado las cifras, y del 7-8% de prevalencia señalado en un estudio de 2007 se saltó el año pasado, en un trabajo de la Sociedad Española de Diabetes, hasta el 13,8%. Y todo apunta a nuevos aumentos ante las elevadas tasas de sobrepeso y obesidad, que resultan especialmente inquietantes en la población infantil. Un problema añadido es que casi la mitad (6% de la población) permanece sin diagnosticar.

La diabetes provoca graves complicaciones macrovasculares -enfermedad coronaria, infartos, ictus- y también microvasculares, como la insuficiencia renal o la retinopatía diabética. En gran parte podría prevenirse con estilos de vida saludable como la alimentación sana y el ejercicio. Y también existen terapias eficaces, que han sido puestas al día conjuntamente en la reunión científica berlinesa por la EASD y su equivalente estadounidense ADA. Sus recomendaciones empiezan por la dieta y la actividad física, siguen con los antidiabéticos orales, continúan con las terapias combinadas -con fármacos orales o inyectables- y cierran el círculo con la insulina, sola o en combinación con otros medicamentos. Un objetivo obligado de todo tratamiento deberá ser la reducción del riesgo cardiovascular.

En ese amplio abanico terapéutico para bajar la glucosa y mejorar la función de las células beta que producen insulina, los llamados análogos de la GLP-1 como liraglutida añaden a su eficacia una reducción del peso que puede servir de motivación para el cumplimiento del tratamiento. Además, no producen hipoglucemias, esas bajadas de glucosa que incluso en su forma leve resultan tan molestas y perturbadoras -temblores, palpitaciones cardíacas, sudor, hambre, confusión y dificultad de concentrarse-- que acaban condicionando negativamente el manejo de la enfermedad, con los consiguientes riesgos para la salud a medio y largo plazo.

Meryl Brod, experta estadounidense en planificación estratégica en salud y presidenta del Grupo Brod, subrayó en Berlín que hasta un tercio de pacientes no se adhieren al tratamiento por miedo a la hipoglucemia. Según datos del estudio GAPP2, que analiza las actitudes de médicos y pacientes con diabetes tipo 2 en seis países, un 10% de diabéticos cambió su régimen insulínico, el 16% no siguió la prescripción médica para la insulina y un 14% mantuvo un nivel más alto de glucosa. Su intención, reducir el riesgo de hipoglucemia nocturna

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