La mayor red de emprendedores apoya dos proyectos españoles

  • Tras inventar una pintura que elimina al insecto causante del mal de Chagas, Pilar Mateo investiga sobre los transmisores de la malaria y de la enfermedad del sueño.

 La salud está demostrando ser un buen espacio para el emprendimiento y la innovación sociales. Así lo ha confirmado esta semana la elección de dos personas que trabajan en ese ámbito, Pilar Mateo y Jordi Martí, entre los cuatro españoles que se incorporan en 2011 a la mayor red mundial de emprendedores sociales, Ashoka, que suma ya casi 3.000 personas en más de 70 países en su búsqueda de soluciones nuevas a problemas sociales existentes. 

El foco de los dos protagonistas citados se dirige a la eliminación de enfermedades endémicas en países pobres y a la prevención de patologías en poblaciones desfavorecidas.

"En este momento de crisis económica y social, la clave del desarrollo pasa por apostar por el emprendimiento y la innovación social", subrayó Elena Correas, directora del Programa de Selección y Apoyo a Emprendedores Sociales de Ashoka en España. Y en esa clave actúan las cuatro personas elegidas, que también incluyen a Ana Bella Estévez y Miguel Comín por sus esfuerzos respectivos en apoyo a las víctimas de violencia de género y para desarrollar herramientas que garanticen la seguridad infantil en Internet. 

El emprendimiento social recibió otro espaldarazo en octubre con el premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional a Bill Drayton, fundador y director de Ashoka. El esfuerzo de la valenciana Pilar Mateo encaja a la perfección en esa filosofía de emprendimiento social al servicio de las personas más desfavorecidas. Química de profesión, inventó hace 15 años una pintura que elimina e impide reproducirse al insecto que transmite el mal de Chagas, que afecta a 25 millones de personas en América Latina, amenaza a otros 100 millones y mata anualmente a 50.000 en todo el mundo.

 Su paso siguiente fue compartir  y aplicar su hallazgo con la población indígena guaraní del Chaco boliviano, víctima de esa enfermedad de la miseria. De hecho, a la chinche que la transmite -la vinchuca- la llaman "el vampiro de los pobres", porque se alimenta de la sangre de la gente humilde cuyas viviendas llenas de grietas permiten al insecto extender la infección mientras duermen. 

El trabajo codo con codo de "la doctorita" Mateo con la comunidad guaraní no solo sirvió para que su "brocha milagrosa" -como llaman en el Chaco boliviano a su pintura Inesfly-liquidara a la vinchuca, sino también para que adecentara las viviendas y contribuyera a dignificar las vidas de sus habitantes. O sea, "la clave del desarrollo" que busca Ashoka. Después de pintar más de 300.000 casas en la citada región, el eficaz invento de la química valenciana está siendo probado en Brasil, Argentina, México y Costa Rica. Y ella ha emprendido ahora un nuevo esfuerzo investigador para atajar las amenazas del mosquito anopheles y la mosca tse-tse, que transmiten la malaria y la enfermedad del sueño, en Etiopía, Benin y Costa de Marfil.

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