La Semana Santa pasiva

  • 1La Semana Santa está transcurriendo sin grandes bullas y apreturas, con menos gente en la calle.2Mucho mérito tienen los nazarenos que ayer realizaron la estación de penitencia a más de 30 grados.3La banda del Rosario de Cádiz se estrenó tras el Cristo de la Sed y recibió grandes elogios.

Es algo que observa desde hace años. La manera, el modo de ver la Semana Santa, ha variado sustancialmente. Ahora no se estila el ir a buscar un paso, procurando molestar lo menos posible a los nazarenos, y acompañarlo durante unos minutos, empapándose de cada uno de los detalles. Eso forma parte de una Semana Santa que no es tan lejana. La fiesta hoy es pasiva. El espectador ya no forma parte de la escena, y no hace falta que el Cecop afore la calle Santa Ángela para que la desolación acompañe a la Amargura. Hoy, las personas, que son la base de la celebración, permanecen inmóviles, prácticamente impasibles a la escena, mandando mensajes por el móvil mientras devoran pipas y consumen todo tipo de latas.

Ésta es la realidad de la Semana Santa de hoy, con honrosas excepciones, por supuesto, sobre todo cuando el sol deja el paso a la luna y las pandillas de jóvenes que consumen Semana Santa dejan paso a los cofrades que de verdad sienten lo que están viendo. Ayer, en el meridiano de la semana, se volvió a poner en evidencia la pasividad del público que sale a ver cofradías. No se mueve, permanece estático, como los jóvenes que permanecían sentados en corro en una acera de Conde de Torrejón mientras, uno metros más a la izquierda, pasaba el palio de la Virgen del Buen Fin. Ayer también se volvió a evidenciar que este año hay menos gente en la calle. Cuando el calor aprieta, la gente huye. Habrá que ver cómo transcurre la Madrugada y si el público se anima a salir por la noche o prefiere esperar a la mañana para disfrutar de las hermandades. En esta Semana Santa de foto fija hay que lamentar, nuevamente, el poco movimiento que llevan la mayoría de los pasos de palio. Caídas de palio pegadas a un varal. Ayer se vieron unos cuantos ejemplos (a los que no hay que poner nombre). Menos mal que todavía quedan reductos de gracia, y de lo que siempre fue Sevilla (a los que tampoco).

Un encendido elogio merecen los nazarenos que ayer realizaron sus estaciones de penitencia. Y no sólo los de ayer. No hay que olvidar que son ellos los que mantienen vivan las hermandades y los que sustentan las devociones. Sufren el calor, al público impenitente que les empuja, o pasa por medio de la fila y les pisa la capa, o al niño que no para de pedir caramelos (ya los menos), medallitas o estampitas. Son fundamentales e imprescindibles y no se les cuida y respeta los suficiente. Cuando los elegantes nazarenos de San Bernardo, túnica morada y capa y antifaz negro, bajaban por el puente con el sol en todo lo alto, el termómetro del Prado marcaba 36 grados. Menos mal que el mercurio dará un respiro desde hoy.

Comentar

0 Comentarios

    Más comentarios