rincones con encanto

Tan pegada a la carrera oficial...

  • Calle SAGASTA. Se llamó Gallegos desde la conquista de Sevilla por Fernando III hasta la muerte de don Práxedes Mateo Sagasta, líder del Partido Liberal, en el año de 1903

La gente se vuelve por la original perspectiva del pretor romano. La gente se vuelve por la original perspectiva del pretor romano.

La gente se vuelve por la original perspectiva del pretor romano.

Llegó el día más largo, el del vértigo de sensaciones sin solución de continuidad. Una tarde, en su hotel de calle Gerona, me dijo el grandioso Manuel Mantero que lo que peor llevaba en su voluntario exilio yanqui era tener que dar clase en Jueves Santo. Bueno, pues el Jueves Santo ya está aquí por la gracia de Dios, ese Dios que vive en San Lorenzo y que anuncia su presencia en nuestras calles cuando la Madrugada aún sea joven.

Es Jueves Santo y por la apuesta de hoy pasa una cofradía. Ya pasó el Cristo de la Corona el viernes, las Penas el lunes y hoy vuelven a hollarla nazarenos que vienen de extramuros. Hay que darse prisa porque los Negritos entran por Sagasta rumbo a Campana y estamos hablando de que será antes de las cinco de la tarde. Sagasta es calle de vital influencia en la carrera oficial y poco después ya estará ocupada por las cofradías, ésta de los Negros en primer lugar. Y es que Sagasta es el nexo de unión de la plaza del Salvador con el corazón de la carrera oficial, la calle Sierpes.

Afluente de Sierpes, es imposible que el paso de cofradías llegue a un número importante

Sagasta fue Gallegos en el principio de los tiempos. Ya en 1384 aparece datada con dicho nombre, pero el motivo no está claro. Una versión es que Fernando III le puso ese nombre en honor del gran número de jóvenes gallegos que le ayudaron a reconquistar Sevilla. La otra es que en ella tuvo su casa solariega don Martín Meléndez Gallego, uno de los caballeros que estuvieron junto al Rey Santo en la misión de recuperar Sevilla arrebatándosela al Islam, y personaje que inició el conocido linaje de los Gallego. Y hay una tercera versión, la de que allí se vendía el pescado que se traía de Galicia.

Por cierto, Gallegos compartió el topónimo con el de Ataúdes, según un apeo de casa de la Catedral de 1502. En compañía o sola, Gallegos se llamó hasta la muerte de Sagasta en 1903. Don Práxedes Mateo Sagasta fue jefe del Partido Liberal y presidente del Consejo de Ministros. Fue Sagasta hasta que en 1938 volvió a rotularse Gallegos, pues el nombre de un político liberal no encajaba con los gustos del régimen gobernante, el nacionalcatolicismo de los vencedores de la Guerra Civil.

Y como del pendulazo en el nomenclátor no hubo época que se librase, en 1981 volvió a recobrar oficialmente el nombre del político y gran parlamentario madrileño. Oficialmente, pues en la calle siempre fue más conocida por Sagasta que como Gallegos.

De trazado rectilíneo y mediana anchura, sufrió varios retranqueos para ensancharla. Sería a mediados del siglo XVIII cuando tuvo el más espectacular y fue a la altura del Hospital de San Juan de Dios, hoy geriátrico situado en la esquina del Salvador, acera de impares. Finalmente, en 1868, el Ayuntamiento expropia varias casa cercanas a Sierpes con el fin de darle más amplitud, a la vez que la alineaba para dejarla más rectilínea, justamente como ahora la conocemos. Indudablemente céntrica ya antes de llamarse Sagasta fue pavimentada con losas de Tarifa para sustituir dicho pavimento con losetas de cemento en 1905.

Hay que darse prisa para ver por Sagasta a la antigua cofradía de los negros de Sevilla

Siempre fue Sagasta, incluso en el Medioevo, uno de los enclaves comerciales más importantes de la ciudad y con el bullicio que conllevan las operaciones mercantiles y en su acera de los impares se encuentra un acceso secundario al que siempre fue pujante Círculo Mercantil. González de León escribe en 1839 que "sus casas por lo común son fábricas de peines de concha y cuerno, y tiendas de mercadería de quincalla". Y en el periódico El Porvenir queda reflejado que "no queda una sola puerta que no sea comercio a excepción del hospital de San Juan de Dios y de la fonda Europa". En esa fonda debió pernoctar Richard Ford en 1830, de la que dijo que "es nueva y tiene buena reputación".

Dato curioso es que en esta calle vivió Manolito Gázquez, personaje popular sevillano autor de chistes e historietas recreado literariamente por Estébanez Calderón. Y el ilustrado sacerdote José Álvarez Benavides lo señala "como célebre por su prodigiosa imaginación para fabular embustes y propagar majaderías". También le cabe a Sagasta el honor de haber sido en 1906 el lugar donde, en su número 19, se abrió el Salón Victoria, local en el que se ofrecían proyecciones cinematográficas en el verano.

Y por esta calle Sagasta tan principal será muy conveniente presenciar el procesionar del Santísimo Cristo de la Fundación y Nuestra Señora de los Ángeles, la cofradía que fundaron los negros residentes en Sevilla en el Siglo XIV. Creada hacia 1393 por el cardenal Gonzalo de Mena y Roelas en la capilla del hospital de los Ángeles, para acoger a los negros, el 16 de julio de 1554 se aprobaron sus reglas por Don Hernando Arcantín de Valle, Provisor del Arzobispado. Está demostrado que es los Negritos de las cofradías más antiguas de la ciudad y el hieratismo de su Cristo entre cuatro faroles hace de contrapunto a cómo se mueve el maravilloso palio de la Virgen de los Ángeles cuando emboca Sagasta desde el Salvador. Y es que esta vía tan pegada a Sierpes no da opción a más cortejos que éste de los Negros. Es el día más largo y mañana toca la Alfalfa porque allí debuta la Macarena en la agridulce y única mañana del Viernes Santo.

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