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La sonrisa que mira a la Virgen de la Caridad

  • Mariví Jiménez Buiza, hermana del Baratillo.

Mariví Jiménez Buiza en las puertas de la capilla de la Piedad donde participa durante todo el año de la vida de hermandad de El Baratillo. Mariví Jiménez Buiza en las puertas de la capilla de la Piedad donde participa durante todo el año de la vida de hermandad de El Baratillo.

Mariví Jiménez Buiza en las puertas de la capilla de la Piedad donde participa durante todo el año de la vida de hermandad de El Baratillo. / fotos: belén vargas

En todas las hermandades hay personas que están siempre dispuestas a ayudar, son la infantería cofrade. Sin ellas el trabajo callado y continuo que realizan sería mucho más complicado. La mayoría son, casualmente, mujeres que en una labor callada mantienen vivo el verdadero sentido de hermandad. Una de ellas es Mariví Jiménez Buiza. Ha sido miembro de junta y es la sonrisa de la capilla del Arenal vecina a la Real Maestranza.

Es capaz, al hablar, de hacer que quien le escuche sienta casi el mismo amor hacia la Virgen de la Caridad y, con su mirada y gestos, transmitir el cariño hacia la Piedad o la devoción por el Cristo de la Misericordia yacente en su regazo. Mirar el Baratillo a través de sus ojos es hacerlo con una esperanza ilusionante, a pesar de que este año un derrame cerebral, que aún la mantiene de baja profesional, le haya obligado a tomarse la Semana Santa de un modo más relajado.

"La hermandad me ha dado muchísimo en mi vida y es mi forma de sentirme dentro de la Iglesia"

Es, además, la hermana protectora de los niños carráncanos de la Sacramental del Sagrario. Quizás ésta sea una de las razones por la que la niñez no ha abandonado su cara, con unos ojos encendidos con alborozo infantil cuando habla de sus vivencias en la hermandad del Miércoles Santo.

"El Baratillo me ha dado muchísimo en mi vida. Cuando mi hijo murió en el año 2008, los primeros que estaban en el tanatorio fueron la junta de gobierno de la hermandad, que me apoyó en esos momentos tan difíciles como mi familia. Ésta es mi comunidad y junto con los miembros de mi familia me han apoyado mucho tras el fallecimiento de Pedrito".

La sonrisa que mira a la Virgen de la Caridad La sonrisa que mira a  la Virgen de la Caridad

La sonrisa que mira a la Virgen de la Caridad

Hoy es un día estresante para ella, lleno de emociones, que empieza a las 08:00, con la primera de las misas. Hay otra a las 09:00 después de la que se abre al público la capilla. Es fácil verla en la mesa de los recuerdos, y por la pequeña capilla hasta las 14:00, cuando comienza el ritual de la vestimenta de nazareno, después del almuerzo. "Salí desde el primer año que entré en la Junta", explicó. Después hay otra misa a las 16:15 en la capilla de la Real Maestranza. Además de sacerdotes confesando en los pasillos de la plaza de toros. "Cuando entra el palio es el momento de la relajación, de comentar el día . Al final llegamos a casa sobre las 03:00 o 04:00 del Jueves Santo. Unas pocas horas después ya estamos de nuevo en la hermandad para ir con las representaciones a llevar flores a la Esperanza de Triana y al Calvario, entre otros".

"Me hice hermana en el año 1983, cuando conozco a mi marido, pero a mí ya me gustaba la hermandad de antes. Recuerdo que una de las primeras cosas que hice fue poner las direcciones en los boletines", explica. Son años en los que en la casa de hermandad, como en la mayoría, había un bar donde se reunían los jóvenes. "Allí cabía todo el mundo", afirma.

Y es que, para Mariví Jiménez, gran parte de su vida ha transcurrido bajo la atenta mirada de la Virgen de la Caridad y junto a sus hermanos baratilleros. "Aquí me casé y, cuando tuve a Pedro, mi hijo, él era más del Baratillo que su padre y yo juntos. También es verdad que es lo que veía, porque con 3 años venía con nosotros a la hermandad y se ponía a jugar por aquí como si fuera su casa". Hasta la fecha del viaje de novios estuvo condicionada por las actividades de la hermandad. "Mi marido era el mayordomo segundo y, al ponerse enfermo el encargado de la lotería de Navidad, tomó él la responsabilidad. Me casé el día 10 de diciembre y no me pude ir de viaje de novios hasta el 26 de diciembre, cuando todo lo de la lotería estaba ya solucionado", recuerda.

Desde el año 2008 hasta el año 2011 fue diputada de Formación y de 2011 a 2014 fue diputada de Juventud. "Viví una experiencia preciosa. Es entonces cuando te das cuenta de que las cosas no son tan fáciles y que aquí estamos para servir. Pertenecer a una hermandad es tener actitud de servicio", afirma.

Aunque los tiempos han cambiado y las hermandades, en cierto sentido, se han sobredimensionado, Mariví Jiménez sostiene que sigue siendo una hermandad familiar pero "de otra manera. Lo que estaba claro es que si venías casi siempre acababas conociéndolos a todos".

Dentro de una hermandad hay mucho trabajo los 365 días del año. "Yo estoy en la hermandad porque creo que forma parte de la Iglesia y que es una manera magnífica de hacer Iglesia en Sevilla", recalca. Y es que la Semana Santa, como dice convencida Mariví Jiménez, no es sólo poner los pasos en la calle.

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