La vida alrededor de un patio de naranjos

  • amidea navarro. Hermana de Pasión y concejal del PP en el Ayuntamiento de Sevilla

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Francisco Navarro, su padre, espera cada Jueves Santo sentado junto al palio de la Virgen de la Merced, con su medalla puesta, y frente por frente a su "amor de sus amores", Jesús de la Pasión. La silla está vacía desde hace muchos años, pero Amidea Navarro sabe que su padre está ahí. Igual que cada vez que entra en la capilla sacramental que preside Pasión sabe que está rezando. "Son 60 años de vida y el mismo tiempo de hermana en la cofradía que cada Jueves Santo baja la rampa del Salvador camino de la Catedral", afirma.

Y es que si la infancia de Machado estaba hecha de un patio con limonero, la de Amidea Navarro tiene mucho que ver con los naranjos del Salvador. "Cada cual vive las hermandades a su modo, y a mÍ me ha marcado mucho Pasión. Este amor por el Señor hace que cuando piense en Dios vea su cara, la dulzura de su expresión a pesar de todo lo que ha sufrido. Es de recibo que nuestra vida diaria refleje esta experiencia".

En estos días de Semana Santa, la fe y la belleza se unen en cualquier rincón de las calles de Sevilla"Me han marcado mucho la Hermandad de Pasión y las vivencias que desde pequeña he tenido aquí"

Amidea Navarro tiene el privilegio de conocer de primera mano, como edil en el Ayuntamiento, la labor que las hermandades realizan durante todo el año. "La salida a la calle de los pasos es el colofón de todo el trabajo que se realiza en las cofradías. Es, en un acto de generosidad, mostrar a Sevilla la mayor riqueza que tiene, sus titulares. El Ayuntamiento tiene una gran ayuda con las hermandades, y eso las hace grandes como instituciones", afirma.

"No puedo hablar de la hermandad sin recordar a mi padre y emocionarme porque lo veo". Y es que el Jueves Santo tiene un sabor agridulce, de pena por el padre fallecido. "És es quien nos enseñó a sentir la hermandad, pero no sólo eso, con su ejemplo vimos que todo es dar".

Cuando Francisco Navarro se refería al Señor de Pasión siempre era "el amor de mis amores". A todos sus hijos les dejó la escuela de vivir la vida de hermandad en todos los aspectos. "Soy muy afortunada porque he vivido de cerca todas las tradiciones de Sevilla gracias a mi padre. Era muy devoto de la Virgen de los Reyes, de la Semana Santa. Atodos nos ha servido, porque aunque seamos medio aragoneses por parte de madre".

"Es ver el mundo a través de Sus ojos pero eso no significa que no me conmuevan otras imágenes que salen en procesión en Semana Santa. En estos días, la fe y la belleza se unen", afirma. La Semana Santa es, para Amidea Navarro, una explosión de todo: sonido, arte, que puedes oir, ver, gustar y tocar.

El Jueves Santo en casa de la concejal popular empieza temprano."Las túnicas están planchadas y preparadas desde semanas anteriores y salimos todos desde la casa de mis padres. Nazarenos, monaguillos y costaleros venimos hasta la iglesia del Salvador para ver dónde nos toca salir. Mi padre cuando vivía, se pasaba todo el Jueves Santo en el Salvador, aunque cuando fue hermano mayor ya no podía salir de nazareno", explica.

Hay tradiciones que continúan y, de este modo, el Jueves Santo huele a arroz con leche en casa de Amidea Navarro, recuerdo de una madre aragonesa que siempre estaba alegre. Un olor a canela en rama que lleva hasta los Oficios, para volver a casa y vestir con la túnica de Pasión, con el escudo mercedario en el antifaz.

"Mi familia que sale de nazareno se va hacia la iglesia y yo me encamino a los palcos. Entonces, cuando comienza a aparecer el primer nazareno de Pasión, me pongo mi medalla de hermana junto con la de concejal. Siento la necesidad de ponerme la de mi hermandad. Es un momento muy emocionante para mí, íntimo, donde se presentan en un segundo todas las emociones y sentimientos de los Jueves Santo de mi vida", explica.

"No salgo de nazarena, pero el día que lo haga sé que será una penitencia y un sacrificio porque me gusta mucho ver el paso de la cofradía". Y es que, siempre se echa de menos a los ausentes, "pero en Semana Santa y en Navidad están más presentes que nunca en nuestros pensamientos".

Otro de los momentos especiales del Jueves Santo es cuando todo se ha terminado, el Señor de Pasión está ya en el Salvador y los nazarenos vuelven a sus casas. "Esperamos hasta que llega el último. Es el momento de contar las anécdotas, las vivencias de la estación de penitencia. Comenzamos a contar los días para el próximo Jueves Santo".

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