La Campana

Agobios de un día pasado por agua

  • Jornada horrible de Martes Santo, con lluvia, dudas y pronósticos de mejoría que no se veía · Sólo el Dulce Nombre se atrevió a poner un paso en la calle y le cayó un chaparrón.

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Los artículos de los días de lluvia siempre salen mojados, a veces en exceso. Podría afirmarse que salen empapados en las lágrimas de tantas personas que no pudieron contener su emoción al quedarse sin salir. Lloran nazarenos de todas las edades, y hasta costaleros, pero las mujeres y los niños lloran más, quizá porque son más sensibles, y porque para los pequeños un año es mucho tiempo de su vida. Pera los mayores es menos, en todos los sentidos. Hay otro concepto del tiempo.

Los días de lluvia fastidiosa, como el de ayer, arruinan un trozo entrañable de nuestra Semana Santa. Son días que invitan a la reflexión sobre las limitaciones humanas. Son días también en que se dicen y cometen más tonterías que cuando hace buen tiempo, no se sabe por qué. O si se sabe, porque hay que justificar decisiones no siempre fáciles y porque se ve que los milagros no siempre se cumplen, por eso son milagros. Un día de lluvia en abril es demasiado normal en Sevilla, por desgracia. Y una amenaza casi segura cuando en los 17 primeros días del mes hizo buen tiempo.

Al mediodía en el Cerro del Águila empezaba a gestarse la desgracia de este día. En el barrio estaba todo preparado para vivir otra gran mañana de Martes Santo. Todo, menos el tiempo, gran jorobador. Empiezan a aventurarse pronósticos de lluvia frecuente, a ratos fuerte, hasta las 10 de la noche. Y así se empezó a poner negro este triste día.

En San Esteban teníamos una cita para ver la salida por la puerta ojival. Los Ariza volvieron a mandar esos pasos que dieron tanta fama a su familia, desde los bisabuelos al presente. Verlos allí, un año más, era como un reencuentro con la historia, con aquellas legendarias fotos de capataces que fueron mito del martillo. Este año no estaba allí el fallecido Rafael Ariza Sánchez, pero sí sus hijos y otros miembros de la familia, que no pudieron hacer la legendaria salida por esa ojiva con puñales de piedra.

En este caso, que el comisionado de San Esteban diera la orden de salir no hubiera sido un milagro, sino una osadía. El máximo responsable actual de la hermandad es Jesús Creagh, un cofrade curtido en mil batallas, que sabe por su mucha experiencia de lo que van estas cosas. Cuenta en el comisionado, como segundo, con Antonio Távora, otro cofrade experto, que también fue hermano mayor en años donde no era fácil serlo. Decidieron que se suspendía la salida, después de la lluvia los dejara chorreando agua en la calle Medinaceli, junto a muchos nazarenos (entre los que había muchas mujeres, unas 400).

En el interior del templo de San Esteban se levantaron los pasos para retranquearlos. Momento duro. No hay cosa más triste que un Vía Crucis en una tarde de Semana Santa, cuando la lluvia te dejó sin salir. Eso se palpaba en los ojos enrojecidos de tantos nazarenos de San Esteban, aunque el acto penitencial estuviera realzado por el bello Lignum Crucis de la Casa de Pilatos.

Otro ejemplo de tristeza es la diferencia de cómo vemos unos pasos entre la mañana de la visita a los templos y la tarde de la visita, cuando se quedan sin salir en los templos. Se diría que la gente entra a verlos con otros pensamientos. Esos claveles y rosas, que antes nos parecieron tan bellos, se ven en esas horas después como revirando a mustios.

A las cinco en punto de la tarde había más noticias. Tampoco salía la cofradía de los Estudiantes. Quedarse un Martes Santo sin ver al Cristo de la Buena Muerte en las calles y plazas sevillanas es síntoma de que este Martes Santo es como si no lo fuera. A esa hora estaba puesta la cruz de guía de los Javieres en la puerta recién abierta de Omnium Sanctorum. Fuera caía el enésimo chaparrón de la tarde. ¿Qué hacía la cruz de guía de los Javieres desafiando a los elementos para remojarse? Ésa era la pregunta del millón.

A esas horas, se decía que partir de las seis de la tarde habría mejoría. En los Javieres también manejaban la hipótesis de que escamparía antes. Votaron los miembros de la Junta de Gobierno y empataron. Todo el mundo se enteró, porque lo dijo ella misma y se difundió por televisión y radio. El voto de calidad de Maruja Vilches, actual hermana mayor en funciones de los Javieres, decidió que salían. Pero, cuando vio el chaparrón que estaba cayendo, rectificó, como era lógico, aparte de que los nazarenos se habían quedado clavados ante tales condiciones adversas.

Y a eso se añadió el suspense de San Benito, que aplazó durante un tiempo su decisión. Acordaron, antes de las seis de la tarde, que no saldría. Por cierto que a esa hora en la que iba a escampar seguía lloviendo, en La Calzada y en toda Sevilla. Debe ser muy duro dejar sin salir a cualquier cofradía, pero si es la de San Benito tiene un puntito más de dureza. Son tres pasos y en torno a 1.500 nazarenos. Son tantas ilusiones y un cortejo kilómétrico, que llena muchas calles de Sevilla durante el Martes Santo.

El primer pronóstico no se cumplió. Seguía lloviendo a las seis de la tarde y a las seis y media, y a las siete también. A esa hora ya había decidido la Candelaria que no salía, que el Señor de la Salud y la Virgen de azul y plata se quedaban en su templo. Ya no es sólo que lloviera, sino que se estropea todo, hasta la estética de una cofradía. Unos Jardines de Murillo con barro no son propios de una noche de Semana Santa. Es un terreno impracticable.

Unos minutos antes de las siete de la tarde era Santa Cruz la que decidía suspender la estación de penitencia, como se suponía, a la vista de cómo marchaba la jornada y la inseguridad de los pronósticos, que iban retrasando la bonanza del tiempo. Ya se habría retrasado el pronóstico. No escamparía a las siete de la tarde, sino a las ocho. Y después, cuando escampó, se rumoreaba que iba a venir un chaparrón y que a continuación escamparía de verdad. Las calles seguían mojadas.

Sólo quedaba el Dulce Nombre. Se esperaba que repitiera la historia del año 2003, cuando fue la única que salió el Martes Santo. Pero había dudas. En esta cofradía también tienen un comisionado, presidido por Manuel Toledo, que como suele ocurrir en esos casos, debe hilar finísimo, más aún con la que tienen. Ayer no estuvieron muy finos que digamos. El chaparrón se había anunciado.

Hubo cierto suspense, hasta que las 20.45 horas salió una cruz a la calle. La primera y única del Martes Santo. Y el chaparrón vino pronto. Era verdad. Fue una lástima que el paso de misterio de la Bofetá tuviera que regresar desde la calle Conde de Barajas, en un ambiente caótico. Vaya día....

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